COLOMBIA. Extremófilos: bacterias y hongos en los límites de la vida


Por UN/DICYT


Bacterias que viven por encima de los 55 ºC (grados centígrados) y hongos que se reproducen en altas concentraciones de sal son algunos de los organismos encontrados en aguas termales y ambientes salinos de Cundinamarca.

Existen seres vivos en la Tierra capaces de sobrevivir a temperaturas superiores a los 45 ºC, se llaman termófilos y son un subtipo de los extremófilos (microorganismos que sobreviven en ambientes extremos), dentro de los cuales se encuentra el gusano Anisakis simplex, que resiste la radioactividad en Chernóbil (Ucrania); la bacteria Chromohalobacter beijerinckii, capaz de soportar las altas concentraciones de sal del mar Muerto, y los tardígrados, que sobreviven en el ambiente árido y sin agua del desierto de Atacama, en Chile.

El hallazgo de extremófilos en la Tierra ofrece indicios sobre la existencia de microorganismos análogos en planetas como Marte; de hecho, estos serían los únicos capaces de vivir en suelo marciano, que en época de verano presenta -20 ºC y en invierno -100 ºC; además, tendrían que tolerar altas concentraciones salinas que le permiten al agua estar líquida a temperaturas tan bajas.

En la búsqueda de extremófilos, los investigadores también ha colectado muestras de suelo en el Desierto de la Tatacoa, en el Huila. (Foto cortesía: María Angélica Leal)

Foto portada: En la búsqueda de extremófilos, los investigadores también ha colectado muestras de suelo en el Desierto de la Tatacoa, en el Huila. (Foto cortesía: María Angélica Leal)

El Grupo de Astrobiología de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia (UN) ha encontrado, a 45 minutos de Bogotá, en las aguas termales de Santa Mónica, en Choachí (Cundinamarca) bacterias del género Bacillus y Mycrobacterium, que resisten temperaturas de 55 ºC; así como hongos halófilos capaces de resistir altas concentraciones de sal en la Mina de Sal de Nemocón (Cundinamarca), localizada a 60 m (metros) bajo tierra y con una extensión de 2,5 km (kilómetros).

María Angélica Leal, bióloga de la UN y coordinadora del grupo, explica que las condiciones convencionales para que los organismos vivan en la Tierra son: 37 ºC de temperatura, 7 de pH (equilibro entre acidez–alcalinidad), salinidad de entre 0,9% y 3%, y una atmósfera con alta presión, por lo que cualquier modificación a estos patrones se considera un ambiente extremo.

El grupo decidió descender a la Mina de Sal de Nemocón para tomar muestras por triplicado de los bordes del suelo, de las paredes y del agua de los estanques; después fueron transportadas al laboratorio mediante condiciones de preservación para su análisis; acto seguido, se realizó agitación en solución salina para liberar microorganismos presentes en los conglomerados de sal, y después fueron aislados para su identificación.

Luego, se realizaron pruebas con distintos grados de salinidad: 5%, 10%, 15%, 30%, a una temperatura ambiente y en completa oscuridad. Vale la pena destacar que el mar Caribe tiene 3,5% de salinidad.

De esta manera encontraron dos tipos de hongos halófilos, uno correspondiente a una levadura del género Saccharomyces, que puede fermentar múltiples carbohidratos y es capaz de soportar salinidad del 15%; otro del orden del Penicillium, género que incluye más de 300 especies, entre las que se destaca Penicillium chrysogenum, productor de la penicilina; este toleró ensayos con 30% de salinidad. Al igual que con los termófilos, ambos presentaron un crecimiento lento, tardaron hasta 20 días en desarrollarse, aunque normalmente los hongos demoran en este proceso 8 días.

La bióloga María Angélica Leal destaca que este tipo de hongos también podrían tener aplicaciones biotecnológicas, por ejemplo en el mejoramiento de la calidad de los suelos empobrecidos o erosionados por el exceso de uso, ya que soportan altos niveles de estrés.

Para los investigadores del grupo, el estudio de los extremófilos tiene una gran importancia en Astrobiología, ciencia que intenta explicar el origen, la evolución y el futuro de la vida en el Universo, pues la existencia de microorganismos en ambientes extremos ha permitido ampliar lo que se creía acerca de los requisitos indispensables para el desarrollo de la vida, tal y como se conoce.