El cerebro “podría” ser más extraño aún

 


La expone en uno de sus libros el neurocientífico David Eagleman, director del Laboratorio de Percepción y Acción del Baylor College y de la Iniciativa sobre Neurociencia y Derecho de la misma institución.

“Imagine que es ud. un bosquimano del Kalahari y que se topa con una radio de transistores en la arena. Puede que la coja, haga girar los botones y de repente, para su sorpresa, oiga voces brotando de esa extraña cajita. (…) Puede que levante la tapa trasera y descubra un nido de alambres. Pongamos que ahora comienza un estudio concienzudo y científico de qué provoca las voces. Observa que cada vez que desconecta el cable verde las voces callan. Cuando vuelve a conectar el cable, se vuelven a oír las voces. Lo mismo ocurre con el alambre rojo. Si tira del alambre negro, las voces se vuelven embrolladas y, si elimina el alambre amarillo, el volumen se reduce a un susurro. Lentamente, lleva a cabo todo tipo de combinaciones y llega a una conclusión clara: las voces se basan por completo en la integridad del circuito. Al cambiar el circuito, se deterioran las voces.

Orgulloso de sus nuevos descubrimientos, dedica su vida a desarrollar una ciencia de cómo ciertas configuraciones de cables crean la existencia de voces mágicas. En cierto momento, un joven le pregunta cómo es posible que algunos circuitos de señales eléctricas puedan engendrar música y conversaciones, y usted admite que no lo sabe, pero insiste en que su ciencia está a punto de desentrañar el problema en cualquier momento.

Sus conclusiones se ven limitadas por el hecho de que no sabe absolutamente nada de las ondas de radio ni, en general, de la radiación electromagnética. El hecho de que en ciudades lejanas existan estructuras llamadas repetidores de radio -cuyas señales perturban las ondas invisibles que viajan a la velocidad de la luz- le resulta algo tan ajeno que ni siquiera se le pasaría por la cabeza. (…) Y, si soñara con ondas invisibles de radio que transportan voces, ¿a quién podría convencer de su hipótesis?. (…) Concluiría que, de alguna manera, la configuración correcta de cables engendra música y conversación inteligente. No se daría cuenta de que le falta una pieza enorme del puzzle.

No estoy afirmando que el cerebro sea como una radio -es decir, que seamos receptáculos que captan señales de otro lugar y que nuestros circuitos nerviosos necesiten estar en el lugar que les corresponde para captarlas- pero sí digo que podría ser cierto. En nuestra ciencia actual, no hay nada que lo desmienta”.  (“Incógnito”. Círculo de Lectores, 2013)radio-head