Dieta y cambio climático


Nada tiene tanto impacto sobre nuestra salud y sobre el medio ambiente como nuestra dieta cotidiana


CAYETANO GUTIÉRREZ PÉREZ.
Catedrático de Física y Química, divulgador científico, escritor, y conferenciante. (disfrutalaciencia@ono.com, @disfrutalacienc)


Quizá a algunas personas les sorprenda que exista una relación directa entre cambio climático y dieta alimenticia, pero ciertamente cada tipo de dieta elegida tiene un impacto ambiental más o menos importante, por lo que su producción y consumo generará una emisión de gases de efecto invernadero que agravarán en mayor o menor grado el cambio climático. La reducción del consumo de carne será indispensable para el futuro, y ese cambio de paradigma, es imprescindible por cuestiones económicas, ecológicas y éticas.


En las últimas décadas, la dieta de todos los países ha sufrido cambios significativos, lo que ha provocado un notable incremento de la agricultura y ganadería intensivas, que han originado un gran aumento en la emisión de gases de efecto invernadero (G.E.I.) agravando considerablemente el cambio climático. Por todo ello, debemos ser conscientes de que seleccionando nuestros alimentos podemos contribuir a paliar el cambio climático.

¿Cómo ha evolucionado el consumo de carne en el mundo?

Existe una relación directa entre consumo de carne y poder adquisitivo, como  demuestran las siguientes cifras. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el consumo de carne, por persona y año, en los países industrializados, ha pasado de 62 kg en 1964 a 76,1 kg en 2014, cifra que se mantiene estable en la actualidad. En los países en desarrollo, es de 33,7 kg (2014), desde los 10 kg en 1964, y la media mundial de consumo de carne, en 2014, era de 42,9 kg, por persona y año, desde los 26 kilos en 1970.

Asimismo, según el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, en España, hemos pasado de consumir 8 kg de carne por persona y año, en 1950, a 50 kg, en 2016. Hemos multiplicado su consumo por unas 6 veces, desde 1950.


No obstante, en algunos países emergentes, como China, el consumo anual de carne, por persona y año, ha pasado de 20 kg en 1985 a 58,2 kg, en 2009. Y en EE.UU., también en 2009, el consumo era de 120.2 kg, por persona y año. Y en 2011, de 117,6 kg. Este incremento de carne a nivel mundial ha disparado el aporte de metano (CH4 ) a la atmósfera, y como es un gas de efecto invernadero, su emisión ha contribuido al cambio climático. Fuente: Mercasa, Cincuenta años de alimentación en España (1966-2016).

Las personas cuya alimentación es vegana (que rechazan la utilización y consumo de todos los productos y servicios de origen animal), son las que menos emisiones de gases de efecto invernadero emiten al medio ambiente, seguidas de las personas vegetarianas (que no consumen ni carne, ni pescado, aunque algunas pueden tomar leche y huevos, como las ovolactovegetarianas). Por el contrario, las personas que más emisiones de gases de efecto invernadero producen, son las personas que tienen un consumo alto de carne.

LA ALIMENTACIÓN VEGANA O VEGETARIANA SON LAS QUE MENOS EMISIONES DE GASES DE EFECTO INVERNADERO EMITEN AL MEDIO AMBIENTE

Estos datos ponen de manifiesto que no se puede mantener mucho tiempo el ritmo actual de producción intensiva de carne, ya que dicha producción es insostenible. Según la FAO, el sector ganadero emitió en 2006 más gases de efecto invernadero (un 18 % de los gases emitidos) que el sector del transporte (que emitió un 13 %) y es la fuente principal de degradación de los suelos y del agua.

Según la FAO, el sector ganadero emitió en 2006 más gases de efecto invernadero que el sector del transporte y es la fuente principal de degradación de los suelos y del agua

¿Qué consecuencias tiene el incremento del consumo de carne a nivel mundial?

Albert Einstein decía quenada sería más beneficioso para la salud del ser humano y para el planeta que una alimentación vegetariana. Más recientemente, Rajendra Pachauri, que recibió, en 2007, el Premio Nobel de la Paz, como presidente del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), señalaba que los hábitos alimenticios influyen en el cambio climático mucho más que los del transporte, y son más fáciles de cambiar, porque hay más capacidad de decisión personal. Proponía eliminar el consumo de carne un día a la semana, y a, partir de ahí, seguir reduciendo.

LOS HÁBITOS ALIMENTICIOS INFLUYEN EN EL CAMBIO CLIMÁTICO MUCHO MÁS QUE LOS DEL TRANSPORTE, Y SON MÁS FÁCILES DE CAMBIAR

La ONU estableció que el sector ganadero emite un 40 % más gases de efecto invernadero que el del transporte, incluido el aéreo. En la actualidad, según la Organización Mundial de la Salud, (OMS) se suministran más antibióticos a animales sanos que a personas enfermas. Y eso no es todo: la propia FAO reconoce que, en los últimos quince años, el 75 % de las enfermedades humanas epidémicas tienen su origen en los animales (gripe aviar y gripe porcina), consecuencia de un modelo ganadero insalubre.

¡Cuida la Tierra! ¡Consume de manera sostenible! La Tierra y tu salud te lo agradecerán

En un año, una vaca produce las mismas emisiones que un coche que recorre 20.000 km. Y es que de todo el ganado, el bovino (vacas y terneros) es el más contaminante, porque tarda más tiempo en crecer, consume más recursos y emite más gases de efecto invernadero.

EN UN AÑO, UNA VACA PRODUCE LAS MISMAS EMISIONES QUE UN COCHE QUE RECORRE 20.000 km

¿Qué ventajas tendría disminuir el consumo de carne?

Si se recortase el consumo de carne, podrían liberarse tierras para desarrollar agricultura ecológica. Por otra parte, una nutrición basada en la carne requiere 20 veces más tierra y 14 veces más agua que una dieta basada en vegetales.

3.500 MILLONES DE PERSONAS, LA MITAD DE LOS HABITANTES DEL PLANETA, PODRÍAN NUTRIRSE CON LO QUE CONSUMEN ESTOS ANIMALES

Según Greenpeace, estas son las principales razones para reducir el consumo de carne:

  • Para mejorar nuestra salud: Las conclusiones del informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), publicadas en octubre de 2015, clasifican a la carne procesada (hamburguesas, salchichas, embutidos, beicon) como “carcinógena para los humanos” y la carne roja (vacuno, cerdo, cordero, caballo y cabra) como “probablemente carcinógena para los humanos”. Además, el consumo excesivo de carne y vida sedentaria, conduce al sobrepeso, obesidad y enfermedades cardiovasculares. Por último, la carne procedente de granjas industriales lleva residuos de antibióticos y hormonas de estrés de los animales.

La OMS sitúa el consumo de carne en el mismo grupo de riesgo que el tabaco o el alcohol. En el informe de la OMS sobre Carcinogenicidad del consumo de carne roja y de la carne procesada, analizaron la asociación entre el consumo de carne roja y procesada y el riesgo de sufrir 12 tipos de cáncer, fundamentalmente los de colon, estómago, páncreas y próstata. Por tanto, una dieta rica en frutas, verduras y legumbres es más saludable que una dieta rica en carnes.

  • Para frenar el cambio climático: La ganadería es responsable del 18 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. Junto con el sector de la energía y del transporte es una de las principales contribuyentes del cambio climático. Además, el ganado emite metano, otro peligroso gas de efecto invernadero. La necesidad de reducir el consumo de carne para frenar el cambio climático es crucial, según la ONU.
LA GANADERÍA Y SUS SUBPRODUCTOS GENERAN EL 51 % DE LAS EMISIONES GLOBALES DE GASES DE EFECTO INVERNADERO
  • Para conservar la tierra para alimentar al mundo: Cerca del 75 % de la superficie agraria mundial se destina a la alimentación y crianza de animales. Solo ¼ se destina a producir alimentos para consumo directo humano.
  • Para proteger la biodiversidad: La agricultura industrial destruye masivamente la biodiversidad, incluso la alimentaria. Los monocultivos para la producción de piensos son altamente demandantes de fertilizantes y plaguicidas sintéticos, una amenaza directa para muchas especies.
  • Para proteger los suelos y el agua: La agricultura y la ganadería industriales están basadas en el beneficio económico, no en proteger el medio ambiente ni nuestra salud. El uso masivo de fertilizantes sintéticos nitrogenados en la agricultura provoca la contaminación de los acuíferos, ríos y océanos. La ganadería industrial genera ingentes cantidades de purines, lo que dificulta su adecuada gestión y provoca la contaminación del suelo y del agua.

Para finalizar, diremos que ya sea con argumentos redistributivos (la FAO relaciona la ganadería con el hambre en el mundo), económicos (el ex eurodiputado Jens Holm se refiere a la burbuja agropecuaria provocada por la ganadería y la especulación del grano) o ecológicos (la ganadería es considerada la actividad humana de mayor impacto medioambiental) es imprescindible reducir el consumo de carne.


Algunas referencias bibliográficas: