Un dulce veneno llamado azúcar


CAYETANO GUTIÉRREZ PÉREZ. Catedrático de Física y Química, divulgador científico, escritor, y conferenciante. (disfrutalaciencia@ono.com, @disfrutalacienc)

CAYETANO GUTIÉRREZ PÉREZ.
Catedrático de Física y Química, divulgador científico, escritor, y conferenciante. (disfrutalaciencia@ono.com, @disfrutalacienc)


La libertad de investigación científica y su independencia han quedado en entredicho, una vez más, mostrándose la estrecha relación entre los intereses de las compañías privadas y la financiación de las instituciones públicas. Así, en septiembre de 2016, se destapaban los escándalos de la industria azucarera y de los refrescos azucarados. Y es que, según la Asociación Americana de Medicina, resulta casi imposible saber la cantidad de empresas de alimentos que patrocinan investigaciones que suelen dar resultados favorables a sus intereses. En definitiva, muchas empresas utilizan a sus propios científicos o instituciones a las que financian, para sembrar duda sobre las críticas a sus productos y/o investigaciones, dividiendo a la opinión pública, y retrasando la toma de medidas por parte de las administraciones correspondientes.

CONSUMO DE AZÚCAR Y ENFERMEDADES

El azúcar crea dependencia, aunque algunos científicos estadounidenses hablan de adicción. Según el Estudio de Nutrición y Riesgo Cardiovascular en España (ENRICA), realizado en 2011, por la Universidad Autónoma de Madrid y encargado por la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), los españoles consumen una media de 36,6 kg de azúcar al año y las españolas, 30 kg.

Robert H. Lusting, Laura A. Schmidt y Claire D. Brindis, investigadores de la Universidad de California en San Francisco (EE.UU.), afirman que el azúcar crea adicción. Estos científicos publicaron, en febrero de 2012, un artículo en la revista Nature en el que afirman que existe la adicción al azúcar. Y que tiene consecuencias para la salud graves, como obesidad o diabetes.

"Calorías buenas, calorías malas". Libro de Gary Taubes.

“Calorías buenas, calorías malas”. Libro de Gary Taubes.

Gary Taubes es especialista en nutrición y autor del libro Buenas calorías, malas calorías, en el que señala el azúcar como la causa número uno de la obesidad, muy por delante de las grasas. Taubes afirma que “existen personas adictas al azúcar”.

Juan Revenga, nutricionista y profesor de Ciencias de la Salud de la Universidad de San Jorge (Zaragoza), mantiene que no debemos demonizar del azúcar, porque es necesaria para sobrevivir, por ser nuestro combustible, por lo que debe estar presente en la dieta, ya que una alimentación no es más sana por carecer de azúcar. Sin embargo, “existen pruebas con ratones en laboratorio a los que se les ofrecía cocaína y azúcar. Al cabo de unas semanas, los ratones preferían siempre el azúcar a la cocaína. Esto es representativo, aunque el modelo experimental animal tiene muchísimas limitaciones y no se puede extrapolar a los humanos a la ligera”. Al tomar azúcar, nuestro organismo libera sustancias, como la dopamina, cada vez que la ingerimos, lo que nos hace sentir bienestar, y queremos repetir.

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) sabe que se consume demasiado azúcar en todo el planeta, pese a que su consumo diario no debe ser superior a 50 g (unas 12 cucharaditas de café). Este exceso de azúcar que tomamos provoca aumento de peso, caries y diabetes. Además, puede afectar negativamente a la memoria y a la presión arterial, y contribuye a la aparición de enfermedades como cáncer de páncreas, obesidad y problemas de hígado.

dia-diabetes-3Estas enfermedades están aumentando de forma alarmante. Según la Federación Internacional de Diabetes (IDF), entre 2011 y 2013, aumentó en España un 33,4% el número de casos de diabetes. La prevalencia actual de diabetes en nuestro país es del 13,8%. En cuanto a la obesidad, España no deja de engordar: el 17% de la población española sufre obesidad y el 53,7% tiene sobrepeso, según datos de la Sociedad Española de Cirugía de la Obesidad Mórbida y de las Enfermedades Metabólicas (SECO).

Cada español ingiere una media de azúcar de 111,2 g al día, según el estudio de ENRICA (Estudio de Nutrición y Riesgo Cardiovascular), cantidad que es casi dos veces superior a la cantidad diaria recomendada por la OMS. Por otro lado, la OMS insiste que reducir el consumo diario de azúcar a 25 g (6 cucharadas de café), proporciona beneficios adicionales.

Especial problemática genera el consumo excesivo de azúcar en los pequeños. En nuestro país, el exceso de peso (sobrepeso y obesidad), en niños de 6 a 9 años, ha descendido 3,2 puntos porcentuales en los últimos cuatro años, pasando del 44,5 % al 41,3 %, según se desprende del “Estudio Aladino 2015 de prevalencia de la obesidad infantil”, presentado el 7-11-2016, y elaborado por la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan), del Ministerio de Sanidad. Resulta curioso que el nivel económico y educativo de los padres es determinante en la obesidad de los niños, ya que cuanto más pobres y menos estudios tienen los padres, mayor es el sobrepeso y la obesidad de sus hijos (hay un 54,8 % de niños con obesidad en familias con ingresos menores de 18.000 € brutos anuales, mientras que en familias con sueldos mayores o iguales a 30.000 € es del 22,6%).

EL ESCÁNDALO DE LA INDUSTRIA AZUCARERA

La industria azucarera trabajó directamente con científicos en la década de los 50 y 60 para tratar de minimizar el papel del azúcar en las enfermedades cardiacas y trasladar el foco hacia la grasa y el colesterol. Así lo ha concluido una investigación, publicada en la revista “JAMA”, de la Asociación Americana de Medicina. En concreto, se refiere a dos artículos de 1967, de varios investigadores de Harvard, que pueden haber influido en las recomendaciones nutricionales que se siguieron durante las décadas posteriores en EE.UU., centradas en la limitación de las grasas saturadas y colesterol, sin tener en cuenta el posible perjuicio causado por un elevado consumo de hidratos de carbono.cuadro-bebidas-4

En los años 60, se establecieron dos líneas básicas de investigación que señalaban tanto a los azúcares añadidos como a las grasas saturadas como responsables de las elevadas tasas de infartos y otras enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, la mayor parte de las guías dietéticas se han centrado sólo en la limitación de las grasas y el colesterol, restando importancia al elevado consumo de hidratos de carbono y azúcares añadidos, que puede haber contribuido a la epidemia de obesidad y diabetes que se vive en varios países occidentales.

El fraude se ha descubierto porque la investigadora de la Universidad de San Francisco, la doctora Cristin Kearns, ha encontrado varios documentos que muestran que la Fundación para la Investigación sobre el Azúcar financió un estudio con el claro interés de que se pasara por alto el papel del azúcar en las enfermedades cardíacas y que se señalara a las grasas. Kearns encontró varias cartas entre la Fundación, el profesor del Departamento de Nutrición de la Escuela de Salud Pública de Harvard, Marcos Hegsted, y el que fuera preside nte de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, Roger Adams. Todos ya fallecidos. Esos datos no dejan lugar a dudas sobre el especial interés de la Fundación para la Investigación sobre el Azúcar en negar la relación de los hidratos de carbono y la salud cardiovascular.

Marion Nestle, profesora de Nutrición, Estudios de Alimentación y Salud Pública de la Universidad de Nueva York

Marion Nestle, profesora de Nutrición, Estudios de Alimentación y Salud Pública de la Universidad de Nueva York

JAMA, revista de la Asociación Americana de Medicina.

JAMA, revista de la Asociación Americana de Medicina.

Los investigadores sabían lo que el patrocinador esperaba y éso fue lo que hicieron, explica la profesora de Nutrición, Estudios de Alimentación y Salud Pública de la Universidad de Nueva York, Marion Nestle, en un artículo de la revista de la Asociación Americana de Medicina. En la actualidad, se requiere que los autores de los artículos de las revistas informen claramente de todos los posibles conflictos de intereses, por sus relaciones con empresas. “Hoy en día, es casi imposible contar la cantidad empresas de alimentos que patrocinan investigaciones que suelen dar resultados favorables a sus intereses”, afirma Nestle. Existen dos ejemplos recientes que evidencian la vigencia de este tipo de prácticas. El pasado año, una investigación periodística realizada por el New York Times mostró cómo Coca Cola había invertido millones de dólares para que se pasara por alto la relación entre el consumo de bebidas azucaradas y la obesidad. En otra investigación, llevada a cabo por la agencia Associated Press, se desveló cómo los fabricantes de golosinas también trataban de influenciar los estudios científicos. Esta investigadora concluye que este hallazgo debe servir tanto a políticos, como investigadores, revisores, editores de revistas y periodistas para considerar el daño que pueden hacer a la credibilidad científica y a la salud pública los estudios financiados por las compañías de alimentos”.

EL FRAUDE DE LOS REFRESCOS AZUCARADOS

Tras el escándalo de la industria azucarera, destapado en septiembre de 2016, visto en el apartado anterior, sale a la luz pública otro escándalo que salpica a las instituciones de salud estadounidense y las grandes compañías de refrescos. Los investigadores Daniel Aaron y Michael B. Siegel, de la Escuela Médica de la Universidad de Boston, recogen en su artículo titulado Sponsorship of National Health Organizations by Two Major Soda Companies‘, y publicado en ‘American Journal of Preventive Medicine‘, que “las compañías de bebidas azucaradas están utilizando sus recursos para impedir las intervenciones de salud pública que puedan reducir el consumo de estas bebidas”.

Cada lata de refresco convencional contiene 40 g de azúcar, bastante más de los 25 diarios considerados ideales por la OMS. Ante el creciente consumo de estos refrescos, que llega al límite de la adicción en México, algunos países han creado impuestos contra estas bebidas y otros barajan incluir mensajes de alerta, como las de los paquetes de cigarrillos.

Las autores del estudio demuestran cómo las compañías de bebidas azucaradas utilizaron a las organizaciones médicas y de salud americanas, para su propio interés. Su conclusión es que la industria de las bebidas de cola financió, entre 2011 y 2015, a 96 organizaciones nacionales de salud, entre las que se encuentran instituciones de salud pública, cuya misión específica incluye combatir la epidemia de obesidad. El grave y claro conflicto de intereses, que señala la investigación, se produce cuando una institución pública acepta dinero de una compañía privada cuyos objetivos son diametralmente opuestos, dado que las bebidas azucaradas son una de las principales causas de la obesidad.

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Entre las instituciones que han sido financiadas por Coca-Cola Company y Pepsi Co. se encuentran la American Heart Association, la American Diabetes Association, la American Cancer Society, y los Centers for Disease Control and Prevention, organizaciones que combaten los problemas cardiovasculares o la diabetes. De las instituciones que aparecen recogidas en el listado del estudio, 12 de ellas aceptaron dinero de ambas empresas, 83 de Coca-cola y tan solo una de ellas de Pepsi. Los investigadores señalan que “aunque parezca que Coca-Cola invierte más que PepsiCo en esponsorización, este resultado probablemente se deba a la mayor accesibilidad a los documentos de la empresa”. Coca-Cola se ha dejado unos 135,4 millones de dólares en actividades relacionadas con la salud. Otras instituciones afectadas son la mayor asociación de médicos del país (AMA), Cruz Roja, y el Centro de Control de Enfermedades, la principal agencia del Gobierno encargada de la protección de la salud y la promoción de hábitos sanos. Entre los beneficiarios también están la prestigiosa Universidad de Harvard, la de Washington y la de Georgia.

Aunque el estudio se circunscribe a EE.UU., el número de entidades que reciben fondos de estas dos empresas en todo el mundo debe ser mucho más alto, de cientos o incluso miles de millones de dólares, explica a Materia Daniel Aaron, investigador de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston y coautor del estudio, y uno de los autores del estudio.

En España, decenas de entidades, incluidas varias universidades, reciben dinero de Coca-Cola, tal y como ha publicado la propia empresa este mismo año. Una de las organizaciones que más fondos recibe, más de un millón de euros al año desde 2011, es el Instituto Europeo de la Hidratación. Esta fundación financia estudios científicos y cuenta con un presupuesto multimillonario, aportado por la propia Coca-Cola, según desveló The Times. El organismo recomienda el consumo de bebidas deportivas y refrescos como los que fabrica la empresa. Este instituto tiene a la Universidad de La Laguna como una de sus cuatro organizaciones cofundadoras.

En 2013, un estudio liderado por investigadores españoles comprobó que la inmensa mayoría de los estudios científicos financiados por compañías de la industria alimentaria, incluida Coca-Cola, aseguraban que no había pruebas suficientes de que los refrescos azucarados causen obesidad.

Este tipo de relaciones entre la industria de los refrescos y organizaciones que velan por la salud “es aún bastante desconocida”, asegura Aaron. En su opinión, “es muy importante” que se estudien estas actividades “a nivel internacional”, resalta.

La American Beverage Association, que vela por los intereses de las compañías de refrescos, respondió rápidamente con una nota de prensa en la que señala: “Las compañías americanas de bebidas participan en los asuntos de salud pública porque nosotros también queremos una América más fuerte y saludable”. Por otra parte, ‘The Washington Post‘, publicaba que la American Heart Association ha recordado su esfuerzo por el descenso del consumo las bebidas azucaradas y ha señalado que para alcanzar sus objetivos, deben “contar con una gran cantidad de compañías de comida y bebida para que sean parte de la solución”. Además, recordaban que la financiación por parte de estas dos empresas no ha influido en su toma de decisiones.

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La investigación resalta el caso de la ONG Save the Children, que apoyaba los impuestos a los refrescos, pero que dejó de hacerlo en 2010 después de recibir más de cinco millones de dólares de Coca-Cola y PepsiCo, en 2009. Save the Children desmiente que dejara de hacer presión para pedir tasas contra las bebidas azucaradas tras recibir donaciones por parte de distintas empresas, ha explicado la ONG. Y es que entre 2011 y 2014, Coca-Cola gastó de media más de seis millones de dólares (unos cinco millones de euros) al año en este tipo de acciones. PepsiCo gastó tres millones y la Asociación de Bebidas de EE UU, un millón, según el estudio.

En el polo opuesto estarían la Academia de Dietética y Nutrición, la Academia de Pediatría de EE UU, y otras organizaciones, que en 2015 rechazaron seguir recibiendo este tipo de fondos de Coca-Cola. Los autores del trabajo consideran que el resto de las organizaciones relacionadas con la salud que están en la lista deberían hacer lo mismo.

¿SON MEJORES LOS REFRESCOS LIGHT?

Teóricamente, los productos ‘light’, en teoría, son una alternativa más saludable, ¿pero es cierto? En España, para que un producto sea catalogado como ‘light’ debe cumplir tres condiciones: que exista un homólogo no ‘light’, que estén detalladas en la etiqueta las calorías y los valores nutricionales, y que haya una reducción mínima del 30 % del valor energético respecto al producto de referencia. En la categoría ‘light’ se encuentran muchos refrescos que sustituyen el azúcar por otros edulcorantes como el aspartamo, la sacarina o el ciclamato…

Este mismo año, un estudio publicado en ‘JAMA Pediatrics‘ por el grupo de investigadores liderado por Meghan Azad, de la Universidad de Manitoba (Canadá), señalaba que el consumo de edulcorantes artificiales durante el embarazo de 3.000 mujeres doblaba la posibilidad de que sus hijos sufriesen sobrepeso u obesidad al cumplir un año, comparado con aquellos que no tomaban estas bebidas. Los edulcorantes que consumían las participantes eran aspartamo (Equal), sucralosa (Splenda) y sacarina (Sweet ‘n Low).

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Durante años, la mayor parte de investigaciones sobre esta clase de edulcorantes se realizaban con ratones, pero en los últimos años han proliferado los estudios con muestras humanas. Es el caso publicado en 2015 en las páginas del ‘Journal of the American Geriatrics Society‘, que señalaba que el consumo de refrescos ‘light’ estaba asociado con un aumento de la grasa abdominal. Las posibilidades de sufrir sobrepeso eran, después de nueve años, el triple para aquellos que consumían estos productos de forma diaria en comparación con los que no tomaban nada. Para los consumidores ocasionales, la probabilidad era de poco menos del doble.

Estudios anteriores a este obtenían conclusiones similares. Como es el caso de una investigación, de 2013, publicada en el ‘American Journal of Clinical Nutrition‘, que señalaba que el consumo regular de esta clase de bebidas aumentaba el riesgo de sufrir diabetes tipo 2, en un 50% respecto a los azucarados y un 130 % respecto a los que no consumen ni una cosa ni otra. El estudio, realizado a partir de los datos recogidos de más de 60.000 mujeres francesas, a lo largo de 14 años, señalaba por primera vez que las bebidas dietéticas eran incluso peores que las azucaradas a la hora de aumentar los niveles de azúcar en la sangre.

A pesar de estos datos, resulta difícil asegurar sin ningún tipo de reservas que los edulcorantes engordan en todos los casos. Un reportaje publicado en Alternet‘ explicaba por qué no se ha realizado ninguna metainvestigación que deje zanjada la cuestión para siempre, justificando la misma por lo complejo y caro que puede resultar y la dependencia que tiene esta clase de estudios de la financiación de la industria alimenticia.

Una de las revisiones más completas fue la publicada por Susan E. Swithers, de la Universidad de Purdue (Indiana), en ‘Trends in Endocrinology & Metabolism‘. En su caso contó con los datos de 450.000 participantes a lo largo de 16 años, y concluía que “los datos más recientes de humanos y ratones han proporcionado muy poco apoyo a que las bebidas endulzadas de manera artificial promocionen la pérdida de peso o prevengan las consecuencias negativas para la salud como la diabetes tipo 2, el síndrome metabólico y los problemas cardiovasculares”. Esta investigación fue discutida enérgicamente por las compañías de alimentación. Un amplio artículo publicado en ‘WebMD, uno de los portales médicos más importantes del mundo, señalaba que las evidencias que defienden que las bebidas ‘light’ engordan es escasa y que suelen hacer referencia a estudios con ratones.

Otra gran dificultad a la hora de comprobar exactamente el efecto causado por esta clase de bebidas es que resulta muy complicado aislar sus efectos de los de otros factores asociados al estilo de vida occidental, como el sedentarismo, mala alimentación, consumo de tabaco…

En España, la Coca-Cola Light contiene aspartamo, así como edulcorantes E-952 y E-950. El año pasado, Pepsi Co anunció que iba a sustituir el aspartamo por otros edulcorantes llamados Splenda y Ace K (es decir, sucralosa y acesulfamo potásico, respectivamente) ante la preocupación de los consumidores por este elemento. Y, de paso, lanzar una importante campaña publicitaria que permita diferenciar a la empresa de su principal competidora, Coca-Cola. Esta ha sacado la variante Life, que no se distribuye en España y contiene estevia.

¿NOS ENGAÑA LA INDUSTRIA ALIMENTARIA?

En una sociedad moderna y democrática, el espíritu crítico es fundamental, pero ese espíritu crítico está poco generalizado. Considero que son los propios poderes fácticos, los poderes económicos y políticos, quienes, a través de los medios de comunicación, incentivan el conformismo generalizado.

Y es que el cinismo de algunos políticos, multinacionales y grupos de presión (lobbys), y su doble moral no deja lugar a dudas y el ciudadano frecuentemente es manipulado, por lo que debe filtrar adecuadamente la información que le llega, porque una sociedad más informada en lo científico es más libre. Por tanto, promovamos la cultura científica porque beneficia a toda la sociedad.

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Los casos fraudulentos denunciados por los medios de comunicación, durante 2016, tanto el de la industria azucarera, como el de los refrescos azucarados, no son los únicos. La historia del estudio científico de la nutrición está llena de trampas, sobornos y medias verdades que han nutrido las recomendaciones de las autoridades de medio mundo comprometiendo su credibilidad hasta límites insospechados. Cientos de industrias tratan de engañarnos.

Por cierto, una reciente publicación de 2016, que lleva 5 ediciones, en este año, del profesor del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular, de la Universidad de Murcia, José Manuel López Nicolás, titulada “Vamos a comprar mentiras”, denuncia con mucha valentía y coraje todas esas tomaduras de pelo que nos venden como milagrosas, para eliminar el colesterol, antienvejecimiento, caída del pelo y mil cosas más. Porque el mundo de los lobbys, especialmente el alimentario, tienen mucho poder, y es difícil plantarle cara. Y es que la publicidad exagera las bondades de los productos. Por eso, debemos aplicar el sentido crítico y desconfiar de lo que nos prometen en una etiqueta, sptot televisivo, o cuña periodística.

Por otra parte, Marion Nestle, profesora de la Universidad de Nueva York, y uno de los azotes de la industria en estos temas, suele decir que puede reconocer los estudios que han sido financiados por la industria con sólo ver el nombre. En 2007, David Ludwig y su equipo del Hospital Infantil de Boston realizaron un metaanálisis para estudiar si la financiación privada sesgaba la investigación. En él se descubrió que de los 52 estudios independientes que analizó, 20 de ellos fueron desfavorables. En cambio, de los 24 estudios financiados por la industria que analizó, solo 3 fueron desfavorables. Es decir, la tasa de éxito se redujo del 38 % al 12’5 %. Y los trabajos de Nestle bajan esa cifra por debajo del diez por ciento: de los 168 estudios financiados que ha revisado, sólo doce son negativos. En esta otra revisión sistemática de bebidas azucaradas (batidos, zumos o gaseosas) realizada por investigadores de la Universidad de Navarra, se encontró que los estudios financiados por la industria son entre cuatro y ocho veces más favorables a los productos que los independientes.

La relación entre ciencia y empresa debe cambiar, pese a que hay muchas dificultades para su modificación, ya que entre los centros de investigación público y/o independientes y la industria exista un flujo permanente de personal, recursos e información. Pero el mayor problema es que, en ciencia, la corrupción no suele ser muy burda, sino más bien sutil. ¿Por qué la industria del alcohol suele financiar estudios sobre enfermedades cardiovasculares y no sobre cáncer? Porque el alcohol causa cáncer, pero en ciertas circunstancias puede ser cardioprotector (o ni eso).

¿QUÉ PROPONE LA OMS SOBRE LOS PRODUCTOS AZUCARADOS?

Desde hace tiempo la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendaba la necesidad de disminuir la ingesta de azúcares y ahora ha dado un paso más. En su informe Las políticas fiscales para la dieta y la prevención de Enfermedades No Transmisibles (ENT)  recomienda que los impuestos sobre las bebidas azucaradas se aumenten al menos un 20 % con el objetivo de reducir su consumo y disminuir el riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y la caries dental.

“La OMS no legisla, pero lleva 20 años dando consejos para que se hagan cambios positivos, da toques de atención. Lo hizo al declarar que la obesidad es la epidemia del siglo XXI, y cuando instó a que los países crearan la estrategia NAOS [fomentar una alimentación saludable y la práctica de ejercicio físico para invertir la prevalencia de la obesidad]; pero las medidas siempre son escasas porque deben ir acompañadas de concienciación social y eso debe partir de una educación sanitaria en la escuela y en las familias”, explica Diego Bellido, miembro de la junta directiva de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad.

El documento de la OMS indica que hay evidencias de que los subsidios a las frutas y vegetales frescos que reducen sus precios entre un 10 % y un 30 % son eficaces para aumentar su consumo. Si eso se combina con el aumento del precio de venta de los refrescos, se pueden conseguir buenos resultados.


Algunas referencias bibliográficas:

•Carretero, N., 2016, “Enganchados al azúcar”, Diario “El País”, 15-10-2016 (https://is.gd/iXAA7s).

•EFE, 2016, “El sobrepeso en niños disminuye un 3,2% en los últimos 4 años”, Diario “El Mundo”, 07-11-2016 (https://is.gd/hZENKj).

•Pinto, T., 2016, “La industria azucarera pagó a científicos para culpar a la grasa de los infartos”, www.eldiario.es, 13-09-2016 (https://is.gd/Acvs2q).

•G. Barnés, H., 2016, “Así están financiando Coca-Cola y Pepsi las organizaciones de salud en EE.UU.”, www.elconfidencial.com, 10-10-2016 (https://is.gd/UvapKa).

•Domínguez, N., 2016, “Coca-Cola y Pepsi pagan millones para tapar sus vínculos con la obesidad”, Diario “El País”, 12-10-2016 (https://is.gd/7t32Bs).

•G. Barnés, H., 2016, “El lado oscuro para tu salud de los refrescos de cola ‘light’: todo lo que debes saber”, www.elconfidencial.com, 11-10-2016 (https://is.gd/D5SV9I).

•Jiménez, J., 2016, “No es solo el azúcar, cientos de industrias tratan de engañarnos: tenemos un problema y es hora de buscar soluciones”, www.xataka.com, 14-9-2016 (https://is.gd/obGSLP).

•Rodríguez García-Abadillo, R., 2016, “La OMS pide una ‘tasa refresco’”. Diario “El Mundo”, 11-10-2016 (https://is.gd/LEcviy).