El último viaje de Pedro Menéndez de Avilés


 

ELÍAS MEANA Oficial radioelectrónico de la Marina Mercante y escritor, miembro de la primera expedición española (1983) a la Antártida. Participó en la construcción de la base antártica “Juan Carlos I” (1986).

ELÍAS MEANA
Oficial radioelectrónico de la Marina Mercante y escritor, miembro de la primera expedición española (1983) a la Antártida. Participó en la construcción de la base antártica “Juan Carlos I” (1986).


Hay olvidos que, mientras no se remedian, no le dejan a uno tranquilo, tal y como me viene sucediendo desde que, a los pocos días de la publicación del magazine correspondiente a Febrero, caí en la cuenta de que me había olvidado de reseñar la efemérides del nacimiento de Pedro Menéndez de Avilés, cuando, además, tenía la intención de narrar el inédito y último viaje que realizó hacia lo que en su tiempo se conocía como el “Nuevo Mundo”.

Este “último viaje” del Adelantado de La Florida vino a comenzar el 24 de febrero de 1969. Por aquel entonces, yo estaba enrolado en el Liana, barco del que guardo los mejores recuerdos de mi época de marino. El Liana, no era un barco grande (medía 90 m. de eslora, y desplazaba unas 3.500 toneladas), pero era moderno y confortable para la época, y, lo mejor de todo: era como un segundo hogar para los veintisiete hombres que componíamos su tripulación.

“Al regreso de uno de aquellos viajes, nos comunicaron que el próximo tenía como destino el puerto de Nueva York”

A la sazón, andábamos fletados por la siderúrgica estatal “Ensidesa”, sita en Avilés, puerto del que partíamos hacia las acerías del norte de Europa, cargados con grandes piezas de acero en bruto para su laminación en frío (“tochos” de 10 tm.), regresando con los que habíamos dejado en el viaje anterior, ahora convertidos en bobinas del mismo peso; carga que, dicho sea de paso, era de lo más puñetera, pues por muy bien trincadas que estuvieran, siempre se corría el riesgo de que alguna se soltase, algo que, aunque no frecuente, ocurría de cuando en cuando. ¿Se imaginan una de estas bobinas saltando en la bodega en medio de un temporal?

Y en estas andábamos, cuando al regreso de uno de aquellos viajes, nos comunicaron que el próximo sería a los Estados Unidos, cargados con espato flúor procedente de la mina que había en la cercana localidad de Villabona. El mineral tenía como destino el puerto de Nueva York, y la vuelta la haríamos cargados con el primer “tren” de laminado en frío que se instalaría en España, maquinaria (enorme) que nos esperaba desmontada en los de Filadelfia y Baltimore.

“Pedro Menéndez de Avilés estableció el primer gran asentamiento europeo en los actuales EEUU: la ciudad de San Agustín”
Ayuntamiento de San Agustín. En los mástiles, se izan, además de la norteamericana y la del Estado de La Florida, la de la Cruz de Borgoña (la oficial de la época que portaba Pedro Menéndez) y la actual española.

Ayuntamiento de San Agustín. En los mástiles, se izan, además de la norteamericana y la del Estado de La Florida, la de la Cruz de Borgoña (la oficial de la época que portaba Pedro Menéndez) y la actual española.

Aquel día (¡qué casualidad!), era el 15 de febrero de 1969, fecha en la que se conmemoraba el cuatrocientos cincuenta aniversario del nacimiento de Pedro Menéndez de Avilés, marino y militar que, entre otros muchos méritos, estableció el primer gran asentamiento europeo en los actuales Estados Unidos: la ciudad de San Agustín.

Estábamos atracados al muelle de su pueblo natal, y la tripulación del Liana, iba a tener el honor de transportar la estatua que, de este español insigne, había ofrecido su pueblo al de la ciudad de San Agustín con motivo del cuarto centenario de su establecimiento, celebración que, cuatro años atrás, habían compartido ambos municipios a una y otra orilla del Atlántico.

La estatua en cuestión, destinada a presidir el frontal del Ayuntamiento de la ciudad que don Pedro había fundado el 28 de agosto de 1565, era réplica exacta de la que se alzaba en el parque del Muelle de Avilés, y para poder plasmarla con toda exactitud, había sido necesario trasladar la original a la fundición madrileña en la que había sido modelada en 1917 (era de tamaño natural, y sin pedestal, pesaba más de 400 Kg.).

“Íbamos a tener el honor de transportar su estatua, enterrada bajo un metro de espato flúor”
El “Liana”, recién atracado en Nueva York, 1969; sentado en el noray, el autor del presente relato.

Foto portada: El Liana, recién atracado en Nueva York, 1969; sentado en el noray, el autor del presente relato.

Al costado del barco, llegó en un camión cuando quedaba muy poco para dar por terminada la carga. Venía embalada dentro de una enorme y robusta caja de madera, y tal como vino, la depositamos tumbada en el centro de la segunda bodega sobre el espato flúor que ya casi la llenaba, cubriéndola después con el que restaba por cargar, con lo que quedó enterrada bajo algo más de un metro de mineral.

Al día siguiente, 24 de Febrero, partimos rumbo a Nueva York; el tiempo no era ni bueno ni malo, y así continuó hasta que, estando a unas 800 millas del destino, recibimos por radio el aviso urgente de que el ciclón extra tropical que días atrás se había formado al norte del golfo de Méjico, se estaba desplazando hacia los costa este de los EEUU, con vientos sostenidos de 80 nudos (157 Km/h), previéndose que, de seguir la trayectoria, podría llegar hasta la frontera canadiense.

–Si es que llega a alcanzar estas latitudes, estaremos en puerto cuando llegue– comentó el capitán, cuando estimó rumbos distancias y velocidades, tras leer el “aviso a los navegantes” que, ante el extremo peligro que suponía para la navegación en general, no dejaban de repetir una y otra vez las estaciones de radio del servicio marítimo americano.

Pero venían mal dadas, y en la madrugada, uno de los dieciséis tirantes que sujetaban la bancada del motor principal, se rompió, y hubo que parar la máquina ante el riesgo de que el resto corriera la misma suerte, lo que hubiera significado quedarnos definitivamente a la deriva.

Doce horas más tarde, tras haberse partido el alma los compañeros de máquinas, volvimos a dar avante, aunque con la velocidad limitada a tan sólo seis nudos (casi trece, era la de crucero). Para entonces, los avisos anunciaban que el ciclón, que en realidad era una ciclogénesis explosiva, ya había barrido la costa de Carolina del Norte con vientos de hasta 90 nudos.

A bordo, el barómetro, que llevaba horas descendiendo sin cesar, marcaba 970 mbar. No teníamos anemómetro, pero calculábamos que el viento superaba los 60 nudos, al tanto que las olas cada vez eran más gruesas y empenachadas; teníamos la tormenta prácticamente encima, y anochecía.

“Comunicamos al ‘Coast Guard’ el problema que teníamos en la máquina, y nos dispusimos a plantar cara a la profunda depresión, que llegó precedida de una impresionante nevada”
Detalle de la estatua de Pedro Menéndez en San Agustín de la Florida (EE UU).

Detalle de la estatua de Pedro Menéndez en San Agustín de la Florida (EE UU).

Por radio, comunicamos al “Coast Guard” (Salvamento Marítimo) nuestra posición y el problema que teníamos en la máquina, y nos dispusimos a plantar cara a la profunda depresión, que no tardó en llegar precedida de una impresionante nevada. El barómetro cayó hasta los 950 mbar, y el viento debió superar los 90 nudos. ¡La de bofetadas y revolcones que nos dio!.

A Nueva York, donde, por lo que nos contaron, también había soplado y nevado con ganas, llegamos el 11 de Marzo, con cinco días de retraso y con ligeras averías en la cubierta y en la superestructura, aunque felices y todos sanos, salvo el jefe de máquinas, al que la tensión debía haberle emponzoñado la sangre, pues en la nalga derecha, le había salido un furúnculo del tamaño de una nuez grande.

Pero nuestra alegría no duró mucho: Cuando quedamos atracados a uno de los muelles cercanos al puente de Brooklyn, aun no había amanecido, el puerto todavía dormía, y nos extrañó que el consignatario aguardara al pie del muelle.

–La descarga no comenzará hasta mañana, pero, como de aquí a un par de horas, la comisión del Ayuntamiento de San Agustín que desde hace días espera en un hotel, vendrá para hacerse cargo de la estatua, voy a enviar un par de hombres y una grúa para ir adelantando–. Informó al capitán, tras las consabidas salutaciones.

Al Capitán, la noticia le dejó descuadrado y tardó unos instantes en contestar.

–No tenía conocimiento de que hubiera ningún acto oficial, pero de cualquier manera, no se preocupe, solo hay que abrir la bodega e izar la caja en la que viene embalada, y eso puede hacerlo la tripulación con los medios de a bordo. No es necesario que envíe esos hombres, gracias–, contestó finalmente

En Avilés, le habían comunicado que la estatua la recogería un transportista, y lo planificado era sacarla de la bodega durante la descarga, sin más testigos que los estibadores, que, para nada tenían que saber el contenido de la caja. Pero conseguimos salir del trance: a relevos, en los que toda la tripulación participó voluntaria, la desenterramos a golpe de pala en menos de una hora. Luego, ya más tranquilos, la depositamos sobre la tapa de la primera bodega con el puntal, la limpiamos a conciencia, y finalmente, fajamos la caja con una bandera a modo de banda.

¡Ahora, Pedro Menéndez de Avilés ya podía recibir a la comitiva con dignidad!


 

Efemérides

♦ 8 de Mayo 1953: El escritor norteamericano y premio Nobel de literatura Ernest Hemingway, recibe el Premio Pulitzer por su obra “El viejo y el mar”.

♦ 20 de Mayo 1509: Tras diez años de intenso trabajo, se termina de imprimir el primer atlas moderno en la imprenta que Cristoffel Plantijn (Cristóbal Plantino, en castellano).

♦ 28 de Mayo 1785: Por real decreto de Carlos III, se instaura la bandera roja y amarilla como enseña de los buques de la Armada Española, enseña que, a partir del 13 de Octubre de 1843, pasaría a ser la bandera nacional. Como curiosidad, apuntar que, durante la Guerra de la Independencia, las primeras fuerzas españolas que entraron en Francia persiguiendo al ejército napoleónico hasta llegar a tomar la ciudad de Toulouse, fueron los Batallones de lnfantería de Marina, los únicos que durante esa guerra portaban esta bandera.

♦ 30 de Mayo 1817: Botadura en Sevilla del Real San Fernando, el primer barco a vapor construido en España, conocido popularmente como El Betis.


Noticias

VIRTUAL
Visión virtual de la plataforma y dibujo de la misma.

Visión virtual de la plataforma y dibujo de la misma.

Plataforma mareo-motriz Magallanes, en Vigo

El pasado 15 de abril, comenzó en el astillero vigués “Francisco Cardama”, el montaje de la plataforma mareomotriz denominada Magallanes, un artefacto de acero construido a modo de trimarán de 350 tm. de peso, 42 m. de eslora y 25 de manga, que dispone de dos hidrogeneradores orientables y sumergidos de 19 m diámetro, capaces de suministrar hasta 2 MWh. Al ser flotante, no precisa construcción alguna sobre el lecho marino, dado que se mantiene de forma similar a la de un barco fondeado. Su botadura se efectuará en las próximas semanas, y las primeras pruebas se realizaran en la ría de Vigo.


Se hunde en aguas canarias el buque factoría ruso Oleg Naydenov

Como quiera que el incendio y posterior hundimiento de este barco es de sobra conocido gracias a la exhaustiva difusión que del suceso han hecho todos los medios de comunicación, sólo queda aportar lo siguiente, comenzando por las características del barco en sí, detalles a tener muy en cuenta:

En primer lugar, aclarar que Oleg Naydenov, no era un simple pesquero; era una factoría flotante, o, dicho en términos náuticos: un barco factoría de 3.373 tm que medía 136 m de eslora por 17 m. de manga, capaz de procesar y almacenar hasta 2.300 tm de pescado congelado, harinas y aceites (en un barco factoría, se aprovechan hasta las escamas). Como pueden imaginar, para congelar y mantener la mayor parte de esta carga en condiciones adecuadas (entre -30º a -40º C), contaba con una “planta congeladora” de gran capacidad.

¿Qué producto refrigerante utilizaban para el proceso de congelación?. ¿Gas freón?, ¿amoníaco? ¿Cuál de los dos es más peligroso en presencia de fuego o de altas temperaturas?

El Oleg Naydenov faenando.

El Oleg Naydenov faenando.

Y ahora, hechas estas aclaraciones, voy directamente a lo que me motiva escribir estas líneas:

Durante los cuatro días que los bomberos de Las Palmas, junto con el personal de Salvamento Marítimo, estuvieron luchando contra el fuego, ¿quién “cayó” en la cuenta de que, como en tantas ocasiones, se estaban jugando la vida? Pues miren ustedes, muy pocos

Pero luego, cuando (aunque casi extinguido, el fuego seguía latente, y era imposible acceder al foco) decidieron sacar al barco del puerto para seguir con la tarea en mar abierto, evitando así el peligro potencial que suponía para la población y los bienes, cuando se hundió, los “sensibles” y “enteraos” cantamañanas de siempre (la lista sería larga), sí que cayeron.

¡Serán torpes!, ¡Qué va a ser ahora de la flora y la fauna!, ¡Hasta sin ir a la playa nos van a dejar! Rebuznaron, rebuzno al que se unió el del “honorable”capitán del barco. (Por favor, tómense la molestia de leer en la “Red”, el glorioso currículum del Oleg Naydenov).

¡Qué pena!