“En pleno franquismo, una mujer española ideó los libros electrónicos”


 

ALEJANDRO POLANCO Redactor de la revista “Historia de Iberia vieja”. Editor del blog “Tecnología obsoleta”. Autor, entre otros libros, de “Made in Spain. Cuando inventábamos nosotros”.

ALEJANDRO POLANCO
Redactor de la revista “Historia de Iberia vieja”. Editor del blog “Tecnología obsoleta”. Autor, entre otros libros, de “Made in Spain. Cuando inventábamos nosotros”.


 

Adelantos –La mayoría ignora -ignoramos- que hay “otros” inventos genuinamente españoles: la pila de botón, la anestesia epidural, la primera calculadora…

Alejandro Polanco –El ejercicio de búsqueda que he realizado en los últimos años en la revista Historia de Iberia Vieja, que es la base desde la que he partido para construir el libro, creo que bien pudiera hacerse de prácticamente cualquier país. En todas partes hay, y ha habido inventores, y la mayoría habitan en el olvido. En España, si acaso, ese olvido es tanto mayor porque hay invenciones de primer nivel prácticamente ignoradas. El mundo de la ciencia y la tecnología no se ha considerado por aquí como algo perteneciente a la “cultura” del país sino casi como algo extraño al modo de actuar español, y de ahí el clásico “que inventen ellos…” mencionado por Unamuno. La historia de la invención en España es tan amplia que daría como para redactar enciclopedias sólo con este tema. Lo que hago en el libro sólo es ahondar en la vida y obra de varios de esos pioneros, unos sesenta en total, junto con otros tantos que aparecen mencionados más brevemente. Desde la máquina de vapor de Jerónimo de Ayanz a los ingenios de Agustín de Betancourt, motores rotativos, el Talgo, los vehículos de Barreiros, Emilio Herrera y su escafandra estratonáutica, descubridores de elementos químicos, cartógrafos intrépidos…

Portada del libro.

Portada del libro.

–Y el motor que funciona con agua, pero eso ya…

–Sí, en la última parte del libro, que titulo “En la frontera”, menciono a varios inventores que se salían de la norma por lo extravagante o raro de sus propuestas. Mientras el resto de ejemplos del libro pertenecen a figuras históricas relevantes en su mayoría, casi todas dentro de un ámbito ortodoxo si se quiere ver así, estos últimos casos del libro son aquellos que bordearon la locura o los límites de la realidad. Aparece Enrique Gaspar con su mención novelada de una máquina del tiempo anterior a la de H. G. Wells, un outsider de la meteorología como fue Noherlesoom, el rayo de la muerte de Longoria, el generador eléctrico de Clemente Figuera y, cómo no, la historia de los motores “de agua” de Estévez Varela. Son historias que se apartan de lo común y tienen su encanto, por eso encontraron su espacio en el libro.

“Hay historias con encanto, como el ‘rayo de la muerte’ de Longoria, el generador eléctrico de Figuera, o los motores ‘de agua’ de Estévez”
Busto de Juanelo Turriano, presunto constructor de un “hombre de palo”.

Busto de Juanelo Turriano, presunto constructor de un “hombre de palo”.

–¿Qué puede haber de cierto en eso de que Juanelo Turriano construyó un “hombre de palo”, en el siglo XVI?

–Juanelo era un tipo adelantado a su tiempo, y sus ingenios para elevar agua del Tajo a la ciudad de Toledo, pese a las grandes dificultades por las que tuvieron que pasar para ser llevadas a la práctica, son dignos de admiración. Ahora bien, el tema del “hombre de palo” cae de lleno en el terreno de la leyenda. Posiblemente el propio Juanelo, que era un relojero y mecánico excepcional, hubiera podido construir un mecanismo de relojería de tipo autómata que sustente esta leyenda, pero no parece haber pruebas tangibles de ello y, mucho menos, descripciones técnicas adecuadas que permitan hacernos una idea de cómo podría haber sido.

“El ‘hombre de palo’ de Turriano, a falta de pruebas tangibles, cae en el terreno de la leyenda”

–Jerónimo de Ayanz, también en el siglo XVI, fue lo más parecido a un Leonardo español. ¿Cómo es que casi nadie le conoce en este país?

–Más que nada, porque en su propio tiempo pasó bastante de puntillas, sin hacer ruido. Sus diseños de máquinas de vapor que se adelantaron a las de la revolución industrial, e incluso las pruebas de su traje de buzo que se llevaron a cabo en el Valladolid de 1602, no tuvieron más que un eco local. Su tecnología estaba al servicio de la Corona y se hallaba bajo secreto. No había realmente intención en airear todo aquello ni en buscar crear una industria nueva con esas invenciones.

–Un español, Agustín de Betancourt, ayudó a reconstruir Rusia tras la invasión napoleónica…

–Sí, es lo que sucede cuando el ambiente político está enrarecido en la tierra propia. Hay que buscar el sustento lejos y, el caso de genios como Betancourt es paradigmático. Pudo haber vivido sus últimos años en España, con su gabinete de máquinas y siendo “aprovechado” para formar a nuevos ingenieros y, sin embargo, tuvo que marchar tan lejos como a Rusia, donde prácticamente era venerado como el ingeniero más genial de la época. Betancourt desarrolló una admirable tarea en Rusia entre 1808 y 1824, el año de su muerte, renovando las infraestructuras de ese país.

“Betancourt pudo haber sido aprovechado para formar nuevos ingenieros en España, pero tuvo que marchar; en Rusia, se le consideraba el ingeniero más genial de su época”
Castillo de Coruña del Conde (Burgos) desde donde un hombre, Marín Aguilera, voló por primera vez en la Historia, en 1793.

Castillo de Coruña del Conde (Burgos) desde donde un hombre, Marín Aguilera, voló por primera vez en la Historia, en 1793.

–He leído en su libro que al primer aviador español le quemaron el aparato delante de su casa, por si era cosa de brujas…

–O para que no se matara con tan extraño artilugio, porque a punto estuvo de perder la vida. Sí, Diego Marín Aguilera construyó con sus propias manos y con ayuda de unos amigos un planeador, a semejanza de un gran pájaro, con el que voló una noche de mayo de 1793 una distancia que pudo llegar a ser varios cientos de metros. Sucedió en Coruña del Conde, Burgos y es, hasta donde yo sé, el caso documentado de vuelo de máquina aérea más temprano conocido, si acaso rivalizando con el de un monje inglés o el de Abbas Ibn Firnas en la Córdoba del siglo IX. Al pobre Diego le prohibieron volver a intentarlo y quemaron su aparato, no fuera que todo aquello tuviera algo de brujería.

“Diego Marín Aguilera voló una noche de Mayo de 1793, quizá varios cientos de metros”

–Lo del “atraso científico español” no siempre ha sido verdad…

–Depende lo que se considere como “atraso”; ha habido épocas mejores y otras peores, pero por lo general la ciencia y la tecnología no han sido una prioridad a nivel político ni tan siquiera cultural.

“Aquí la ciencia y la tecnología no han sido una prioridad a nivel político ni cultural”
Ángela Ruiz y el libro electrónico.

Ángela Ruiz y el libro electrónico.

LIBRO-ELECTRONICO–Tampoco es verdad que no haya habido mujeres en la ciencia española hasta hace nada…

–Partiendo de la base, triste, de la exclusión de la mujer en la vida pública durante siglos, hay que reconocer que hubo pioneras que tuvieron el coraje de superar tan insidiosas barreras, incluso a costa de su propia seguridad. Esto ha sido así hasta épocas relativamente recientes. En el libro menciono, sobre todo, el caso de Ángela Ruiz Robles, que, en pleno franquismo, tuvo la fuerza como para idear toda una tecnología de “libros mecánicos” destinados a mejorar las técnicas de enseñanza en los colegios y que, salvando las lógicas distancias, mostraban lo que iban a ser los libros electrónicos del futuro.

–Incluso se dieron casos de espionaje industrial muy precozmente en este país…

–Toda tecnología que otorgue una ventaja estratégica es susceptible de ser espiada, copiada y empleada en formas diferentes a como sus creadores originales habían pensado inicialmente. Sí, en el libro menciono varios casos, desde el ingenio de Zubiaurre a las máquinas que el propio Betancourt mejoró partiendo de modelos ingleses, y hasta la “locura” de Pere de Son Gall, que se atribuía a sí mismo la invención del autogiro de La Cierva.

“Pere de Son Gall se atribuía a sí mismo la invención del autogiro de La Cierva”
Fidel Pagés, artífice de la anestesia epidural.

Fidel Pagés, artífice de la anestesia epidural.

En el quirófano del Hospital Militar de Melilla se colocó esta placa.

En el quirófano del Hospital Militar de Melilla se colocó esta placa.

–De todos los personajes recogidos en su libro, ¿cuál le ha impresionado más?

–Es complicado elegir a uno solo, pero me quedaría con dos pioneros de la ciencia médica. Por una parte César Comas Llabería, que experimentó con rayos X incluso a costa de su salud, y Fidel Pagés, el descubridor de la anestesia epidural, tristemente olvidado.