“Es un exceso decir que toda la población peninsular procede genéticamente de Murcia”


Un estudio internacional en el que ha participado la Universidad Autónoma de Barcelona aporta nuevos datos sobre la mezcla genética entre los habitantes autóctonos de la península Ibérica y los primeros agricultores neolíticos llegados desde Oriente Próximo. El estudio ha analizado la huella del ADN mitocondrial trasmitido por vía materna en unos 700 individuos antiguos y modernos de España y Portugal, y otras muestras de Europa.


CRISTINA RIHUETE-HERRADA
Antropóloga y arquéologa de la Universidad Autónoma de Barcelona. © ASOME-UAB


Adelantos.– ¿Qué sabemos ahora que no sabíamos antes sobre esa mezcla o integración?

Cristina Rihuete-Herrada.– Hasta ahora, la información que teníamos, tanto en lo que respecta a ADN mitocondrial (linajes maternos) como del cromosoma Y (linajes de varones) permitía hablar de un proceso de emigración que, especialmente en Centroeuropa, tuvo que ser especialmente intenso y rápido. En nuestro trabajo, hemos reunido por primera vez una muestra de esqueletos de toda la península ibérica que no se restringe a poblaciones que habitaron la franja septentrional y que, además, incluye individuos fechados inequívocamente (mediante 14C) en diferentes momentos neolíticos. Lo que hemos visto es que ese proceso de migración e integración fue mucho más complejo, pues las poblaciones autóctonas descendientes de los grupos ancestrales cazadores-recolectores tuvieron un peso muy destacado y que seguirá vigente a lo largo de los cuatro mil años siguientes.    

Foto portada: Mapa con la extensión del territorio argárico hace 3.700 años. © ASOME-UAB.

“Al parecer, una impronta genética ‘esteparia’ llegó a Iberia en una migración preferentemente masculina que no identificamos en los linajes maternos”

–Las primeras poblaciones campesinas de Iberia, Alemania y Hungría -deducen ustedes de su estudio- son casi idénticas genéticamente, tenían un origen común. ¿Qué queda en nosotros ahora mismo de ese origen común?

–En las poblaciones europeas actuales, todavía pueden reconocerse muy bien dos grandes procesos migratorios. El primero es el que aportaron esos linajes del Próximo Oriente. El segundo se originó en las estepas rusas y centro-asiáticas y barrió Europa hacia mediados del tercer milenio antes de nuestra era (periodo calcolítico-campaniforme, en terminología convencional). Por eso resulta tan sorprendente otra conclusión de nuestro trabajo que todavía hemos de tratar con precaución porque el número de muestras analizadas de esta cronología sigue siendo escaso. Esa impronta genética “esteparia”, que permanece hasta hoy en las poblaciones europeas, debió llegar más tarde a la Iberia, quizás en plena de Edad del Bronce, y/o fue protagonizada por una migración preferentemente masculina que no podemos identificar en los linajes maternos que hemos analizado.

Vista general de La Bastida con las diferentes zonas excavadas. © ASOME-UAB.

“Los argáricos eran clasistas, vivían en densos asentamientos y desarrollaron la metalurgia como nunca antes”.

–Usted lleva años excavando e investigando en Islas Baleares y Sureste peninsular, particularmente el período comprendido entre el tercer y el segundo milenio a. d. C. ¿Qué tiene de especial ese período?

–A finales del tercer milenio se inaugura la Edad del Bronce. En el sudeste, los cambios fueron muy drásticos e importantes, pues darán lugar a una sociedad clasista de tipo estatal con enormes diferencias sociales, que denominamos argárica. Estas gentes ya no viven sólo en aldeas, sino también en densos asentamientos ubicados estratégicamente en cerros al pie de las sierras. Desarrollaron la metalurgia como nunca lo había hecho nadie antes, y en su política de expansión llegaron a controlar un territorio de aproximadamente 35 mil km2. En Baleares, es precisamente al inicio de ese periodo cuando se puebla el archipiélago con gentes procedentes del continente, especialmente del nordeste de Cataluña y del Languedoc francés, pues al parecer huían precisamente de los conflictos sociales que caracterizan este período.

Vista aérea de la balsa de La Bastida y el barrio circundante excavado en el piedemonte. © ASOME-UAB.

“Murcia tendría que tener un centro de referencia en investigación de las sociedades argáricas”

–La Universidad Autónoma de Barcelona se ha planteado abandonar una investigación de años en La Bastida y La Almoraya (Murcia) por falta de apoyo de la administración autonómica. ¿Les ha pasado en otros sitios? ¿Cómo está ahora ese tema?

–La investigación es difícil que la abandonemos. Lo que sí está comprometida es la continuidad del equipo que desde hace nueve años desarrolla su labor cotidiana al pie del yacimiento de La Bastida en lo que habían de ser las instalaciones de un centro de investigación y divulgación de referencia de las sociedades argáricas. Quiero creer, sin embargo, que los actuales responsables de la herencia pública murciana sabrán atajar la situación en breve.

Casa de La Bastida consolidada y museizada. © ASOME-UAB.

“La Bastida tenía la mayor balsa de agua documentada en su época, y en La Almoraya encontramos la arquitectura política más antigua de Europa occidental”

–¿Qué había de especial en esos enclaves de la actual Murcia, dos mil años a. d. C?

–La Bastida era una verdadera capital, no sólo por sus cuatro hectáreas de extensión, sino especialmente por el control que ejercía sobre otros núcleos secundarios del valle de Guadalentín y por la magnitud de sus obras de ingeniería y arquitectura, entre las que destacan la mayor balsa de agua documentada en esa época, con una capacidad de 350 mil litros, y un complejo defensivo monumental que carece de parangón en los sistemas de fortificación documentados hasta el momento, e informa sobre conceptos inéditos en el Mediterráneo occidental en cuanto a arquitectura militar y poliorcética. La Almoloya es un asentamiento mucho más pequeño aunque no menos interesante, pues por primera vez muestra la retícula urbana perfectamente planificada de un enclave argárico, con sus accesos, calles, complejos habitacionales, talleres, almacenes y edificios públicos.  Su importancia radica en haber proporcionado pruebas concluyentes sobre la arquitectura política más antigua de Europa continental. El complejo palacial que alberga una especie de parlamento o sala de audiencias también acogió el enterramiento de las élites que gobernaban el lugar.   

Excavación de una tumba femenina de La Bastida. © ASOME-UAB.

–¿Es posible que todos los españoles de la península ibérica procedan genéticamente… de Murcia?

–Me alegro de que me preguntes esto, pues en las últimas semanas ha habido un poco de exceso en la divulgación de los resultados sobre los análisis genéticos que estamos realizando. Tiene que ver con esa impronta genética “esteparia” de la que hablaba antes y que permanece hasta el día de hoy en las poblaciones europeas pero que, según nuestros datos, no alcanzó Iberia en tiempos calcolíticos. Los resultados de ADN nuclear van a ser decisivos al respecto, ya que quizás se trate de una migración masculina posterior que es imposible de verificar en los linajes maternos que estamos identificando. Esto no lo esperábamos, y añade un interés aún mayor a la investigación de El Argar, pues hace años que tenemos indicios del papel destacado de las mujeres en la organización política de esa sociedad.

Fotografía aérea de La Almoloya. © ASOME-UAB.

“Las diferencias sociales por sexo/género marcaban diferencias en el tratamiento funerario”

–Ud. es coautora de un libro titulado “Morir en femenino”. ¿En qué ha sido históricamente distinta la muerte para mujeres y hombres?

–El patriarcado no ha existido siempre y la investigación de sus orígenes en las diferentes formaciones sociales es un reto de igual calibre que la del origen de “ricos y pobres”, que tampoco ha existido siempre y es igualmente apasionante. La diferencias sociales por razón de sexo/género son especialmente visibles en los contextos funerarios, pues es allí donde la ideología puede sancionar prácticas muy diferentes en función de variables sociales. Esto es precisamente lo que sucede en El Argar, pues hombres y mujeres de diferentes clases sociales, así como infantiles, merecían diferentes tipos de tratamientos y ofrendas.   

Ajuar funerario de plata, oro y bronce de la tumba principesca de La Almoloya. © ASOME-UAB.


Referencia: “The maternal genetic make-up of the Iberian Peninsula between the Neolithic and the Early Bronze Age”. https://www.nature.com/articles/s41598-017-15480-9


ACTUALIZACIÓN (11 Mayo 2018)

Un equipo de investigación de la UAB excava de nuevo en La Bastida con el apoyo de National Geographic Society

 

♦ El apoyo de esta organización permite retomar los trabajos arqueológicos, seis años después del descubrimiento del imponente sistema de fortificación que rodeaba la ciudad hace unos 4000 años.
           ♦ Las investigaciones tienen como objetivo aclarar la relación entre el desarrollo de la sociedad urbana de El Argar en el sureste de la península ibérica y la implantación de la violencia militarizada en Europa Occidental.

Parte de la fortificación de La Bastida descubierta en 2012, al pie de la cual se centran los trabajos de excavación y documentación de esta nueva campaña de investigación. (Autor: ASOME)

El equipo de ASOME-UAB investiga en el yacimiento desde hace diez años, desvelando lo que pudo ser una auténtica “civilización perdida” en suelo europeo: la sociedad urbana de El Argar, de la que La Bastida sería su capital más importante, al frente de uno de los primeros estados de la Edad del Bronce (2220-1550 antes de nuestra era). (Universidad Autónoma Barcelona)

Además de la financiación de National Geographic Society, los trabajos se desarrollan bajo la dirección del equipo ASOME-UAB y cuentan con el apoyo del Ayuntamiento de Totana y la Asociación de Amigos del Yacimiento Arqueológico de La Bastida (ASBA).


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