“El primer caníbal de nuestra Prehistoria fue el homo antecessor”

 


MARINA MOSQUERA, investigadora de la Universidad Rovira i Virgili y del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES)


Adelantos -El primer caso de canibalismo en el mundo, hace unos 850.000 años, ha sido descubierto y documentado por ustedes ¿sobre qué evidencias?

Marina Mosquera -En la unidad TD6 del yacimiento de Gran Dolina, en la Sierra de Atapuerca (Burgos), excavamos entre las campañas 1994-1997 y 2003-2011 un conjunto de restos arqueológicos que incluían más de 9.000 restos de huesos de animales, más de 1.000 herramientas de piedra elaboradas por los homininos (*) y aproximadamente 170 restos de huesos humanos, correspondientes a la especie Homo antecessor. Los animales habían sido cazados, y fueron transportados a la cueva parte de sus elementos anatómicos con más contenido cárnico, donde se procesaron y consumieron. Esto lo sabemos por las marcas de corte que quedan en las superficies de los huesos cuando se utilizan los filos cortantes de las lascas de piedra para descarnar un animal y se roza accidentalmente los huesos. Pues bien, estas mismas marcas las presentaban también los restos esqueléticos de los homininos.

“Los homininos eran comidos por sus semejantes exactamente igual que otro animal”

-Han estudiado especialmente la “tecnología” empleada en las prácticas carnívoras de aquel tiempo y lugar ¿Cómo era tratada… cualquier tipo de carne por el Homo antecessor?

-Exactamente igual que la de cualquier (otro) animal. Es decir, las marcas de corte y su posición nos indican que los homininos fueron procesados de la misma manera que se aprovechó la carne de bisontes, caballos y ciervos.

-¿Sabemos algo sobre qué individuos se consideraban “comestibles” y cuáles no?

-No existe ningún tipo de evidencia que apunte en esa dirección.

-Comerse a sus semejantes ¿era un ritual o simplemente un hábito alimentario más?

-Es algo que nos preguntamos desde el primer momento. Dado que el nivel arqueológico contiene muchos restos de bisontes, caballos, ciervos y otros herbívoros de tamaño medio y grande, nos inclinamos a pensar que no se trata de una circunstancia ambiental, como pueda ser una época generalizada de sequía o hambruna. Por su parte, el hecho de que los cadáveres de los homininos hayan sido procesados de la misma manera que los de cualquier otro animal, no apunta a que se trate de un canibalismo ritual. Por último, la hipótesis que más peso mantiene por ahora, es la de enfrentamiento entre diferentes grupos de homininos, basada además en el hecho de que los individuos encontrados tenían en el momento de su muerte edades comprendidas entre los 3 y los 16 años. De hecho, ha sido llamado coloquialmente a este grupo “la familia” de TD6. Y obviamente, cuanto más jóvenes sean los miembros de un grupo al que se dé muerte, más perjudicado quedará subsistencial y demográficamente ese grupo.

-¿Qué se sabe sobre la incidencia que esa dieta antropófaga podía tener en sus organismos?

-No parece ser una “dieta”, sino unos eventos específicos. Por tanto, no tendría ninguna repercusión metabólica.

Industria lítica asociada a ‘Homo antecessor’ encontrada en la unidad TD6, en Gran Dolina, Atapuerca (Andreu Ollé/IPHES)

“El canibalismo no era un ritual, sino un acto de guerra”

-¿Qué nuevas piezas de industria lítica han aparecido en esta investigación?

-Hemos analizado un conjunto industrial total, correspondiente a más de 1000 piezas de industria lítica, elaboradas con sílex, cuarcita, arenisca, cuarzo y caliza. Hemos llegado a la conclusión de que existen dos fases de ocupación en la unidad TD6: una primera en la que los homininos visitaron la cueva de modo marginal, y otra fase posterior, en la que asentaron en Gran Dolina e hicieron de la cavidad un campamento referencial; es decir, un campamento donde se llevan a cabo todas las labores subsistenciales y domésticas cotidianas.

“Su coordinación social, y posiblemente comunicativa, ya era compleja”

Finalmente, el descubrimiento de 12 grupos de remontajes (es decir, piezas líticas que, pegadas unas a otras, reconstruyen el bloque original que se talló para obtener instrumentos) en no más de los 20m2 excavados, correspondientes al lateral de la cueva, nos indica que la talla se realizó dentro de la cavidad y que la preservación de los niveles arqueológicos es magnífica.

-Al margen del tema del canibalismo, ¿qué han deducido ustedes sobre los seres que vivieron en la Gran Dolina en aquella fase de la Prehistoria?

-El Homo antecessor es un hominino muy competente, adaptable a cualquier ambiente y paisaje europeos, con ayuda de una tecnología simple pero altamente eficaz. De hecho, sabemos que una de sus estrategias subsistenciales más importantes es la caza de animales de talla mediana y grande, lo que supone una coordinación social, y posiblemente comunicativa, compleja.

Simultáneamente, aunque la tecnología que desarrolla es relativamente simple, ya está bastante evolucionada respecto a la que llegó por vez primera a Europa, hace 1,8 millones de años, tal y como la tenemos representada en el yacimiento de Dmanisi (Georgia). Esta evolución se observa en que el Modo 1 evolucionado de TD6 presenta numerosas lascas retocadas y más variedad de métodos de talla, así como una selección especial de determinadas variedades de rocas de alta calidad para hacer instrumentos específicos.

Foto portada: Recreación escultórica de Homo antecessor que se exhibe en el Museo de la Evolución Humana (Burgos) realizada por la paleoartista francesa Elizabeth Daynés, con el asesoramiento científico de José María Bermúdez de Castro.


(*) HOMININO. En la denominación, todavía reciente, de homininos están incluídos el chimpancé común, el chimpancé bonobo, y todos sus ancestros. Y los humanos, y todos los nuestros, desde que nos separamos de la línea de los chimpancés, hace seis millones de años. (Nota del editor)


Referencia:

Mosquera, M., Ollé, A., Rodríguez-Álvarez, X. P., & Carbonell, E. (2018). Shedding light on the Early Pleistocene of TD6 (Gran Dolina, Atapuerca, Spain): The technological sequence and occupational inferences. PloS One, 13(1), e0190889. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0190889

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