Houdini, de entre los muertos


El 31 de Octubre de 1926, encontró la muerte el mago -y ésta es una palabra que apenas define una parte de él- más asombroso de todos los tiempos. “Escapista” o “mentalista” son otras palabras con las que se refirieron a él sus contemporáneos, muchos de los cuales estaban convencidos de que tenía poderes sobrenaturales, cosa que él siempre honestamente negó.

Houdini dedicó tiempo y energía a desenmascarar en público a quienes vivían de “hablar” con los muertos.

Harry Houdini, nacido en Budapest en 1874 como Erik Weiss, había tomado su nombre artístico del mago francés Robert Houdin, al que consideraba su maestro. Los números de Houdini que le hicieron mundialmente célebre, y que recoge hasta la Enciclopedia Británica, incluían situaciones de las que ninguna persona normal saldría con vida. Nunca nadie pudo averiguar cómo podía liberarse de las cadenas con las que otros le habían inmovilizado cuidadosamente, y salir de un recipiente sumergido en el agua -a la vista de todo el mundo- antes de que le faltase aire para respirar. Literalmente, se escapó de cualquier sitio que le propusieran, sin que ninguna lógica pareciera intervenir en ello. Nadie ha podido equiparársele desde entonces. Después de muerto, se llegó a decir que ocultaba una misteriosa herramienta bajo su espesa cabellera negra, pero nadie tiene constancia de ello.

El gran showman disponiéndose a ejecutar uno de sus impactantes números ante el asombrado público.

Houdini, que dedicó parte de su vida a desenmascarar mediums y espiritistas de toda laya, siempre dijo que realizaba sus proezas gracias a una excelente forma física, que él cuidaba sin artificios ni fuerzas procedentes del más allá.

A finales de Octubre de 1926, Houdini estaba en su camerino, después de una actuación, en Montreal. Entró un joven al que acababa de conocer y que tenía mucha curiosidad por saber si los músculos abdominales del artista eran tan duros como se decía, y, sin previo aviso, golpeó el vientre de Houdini, con fuerza, dos o tres veces seguidas. Aunque no tuvo tiempo de tensar los músculos previamente, éste no pareció resentirse en el momento, pero, unos días después, murió a consecuencia de una peritonitis aguda producida, probablemente, por los golpes del boxeador amateur. Desde entonces, el 31 de Octubre es, en EE.UU, el Día nacional de la Magia.

En su lucha contra la teosofía y demás artes de hacer “regresar” a los muertos, Houdini había prometido que, si eso era factible, él volvería del Más Allá. Pero, para evitar imposturas, dejó a su mujer, Wihelmina Rahner (“Bess”) un código secreto que sólo ellos dos conocían. Tras su muerte, muchos espiritistas dijeron haber contactado con el espíritu de Houdini, pero ninguno demostró conocer el código que sólo “ése” espíritu podía haberle revelado. (DM)

Foto portada: La tumba de Houdini en Nueva York, el único encierro del que nadie le vio salir vivo. Ni muerto.


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