Jocelyn Bell, primera estrella “pulsante” en un sistema estancado


El 6 de Agosto de 1967, la astrónoma JOCELYN BELL analizaba el registro gráfico producido el día anterior por el radiotelescopio de Cambridge en el que trabajaba, cuando reparó en una señal distinta y extraña. Bell era todavía una estudiante que trabajaba en su tesis doctoral bajo la supervisión de Anthony Hewish, y utilizaba un radiotelescopio (un conjunto de 2.048 antenas bipolares que cubrían un área equivalente a casi 60 pistas de tenis)) especialmente construido para buscar variaciones rápidas en la emisión de radio de los quásares. Lo extraño de “esta” señal, consistente en ráfagas de microondas procedentes de un punto a medio camino entre Vega y Altair, era su sorprendente brevedad. Repetidas observaciones confirmaron que eran impulsos de corta duración y amplitud variable que se repetían periódicamente con una regularidad de 1,33731109 segundos, y la señal era extraordinariamente constante.

bell-pulsarSe consideró la posibilidad de que fuera una señal extraterrestre, y se mantuvo en secreto hasta 1968

Se pensó en un origen artificial, y se consideró la posibilidad de que fuese una especie de radio-faro interestelar, el testimonio de una civilización extraterrestre. De hecho, el primer nombre que se le puso a…. lo que quiera que fuese aquello fue LGM-1 (“little green man”, “hombrecillos verdes”). Por supuesto, se pensó también en los rusos. El asunto se mantuvo bajo el más estricto secreto hasta Febrero de 1968. Finalmente, la comunidad científica convino en que se trataba de un nuevo y desconocido tipo de radiofuente, al que llamaron “pulsar” (contracción de “pulsating radio sources”).   

El gráfico que examinaba Bell aquel día de 1967

El gráfico que examinaba Bell aquel día de 1967

Una cucharadita de materia extraída de ahí pesaría unos 100 millones de toneladas

Ahora sabemos bastante más. Una estrella de neutrones (un “zombi cósmico”, puede decirse  y se ha dicho) es una estrella que ha muerto pero que aún conserva un tremendo vigor. El tipo más habitual  tiene unos 25 kilómetros de diámetro, concentrando en tan pequeño espacio una cantidad de materia superior a la del Sol, de modo que una cucharadita de materia extraída de ella pesaría unos 100 millones de toneladas. Su campo magnético es como un billón de veces más potente que el de la Tierra.

Un púlsar es una estrella de neutrones en rapidísima rotación, cuyo eje magnético, que no coincide con el otro, produce un barrido a través de sus polos, emitiendo en cada vuelta haces, intermitentes, de radioondas. Bell había descubierto el primero de ellos: se encuentra en la constelación de Vulpecula, y lleva ahora el poco inspirador nombre -científico- de CP 1919+21.

Actualmente, se conocen más de 700 púlsares, con períodos de rotación comprendidos entre 5 segundos y 1 milisegundo, tan precisos como un reloj atómico, y algunos de ellos con planetas girando a su alrededor. La palabra “púlsar”, ya arraigada, es del todo incorrecta: la estrella gira, pero no pulsa, es decir, no cambia de diámetro. 

Hewish recibió, junto a Martin Ryle, el Nobel de Física de 1974 por sus avances en la observación de fuentes de radio y su indudable papel en el descubrimiento de… los púlsares, habiendo olvidado, todos, para entonces que la primera en detectarlos había sido una estudiante de 24 años llamada Jocelyn Bell.

 Jocelyn Bell recibió en el 2015 la Medalla de Oro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. (Foto CSIC Comunicación)

Jocelyn Bell recibió en el 2015 la Medalla de Oro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. (Foto CSIC Comunicación)

A la joven científica le preguntaron, por ejemplo, “cuántos novios había tenido a la vez”

Pero el nombre de la joven científica recibió inevitablemente cierta publicidad, y algunas personas –recordaba ella años después– se acercaban a preguntarle cosas de insólito calado científico, como “si era tan alta como la princesa Margarita” o “cuántos novios había tenido a la vez”.

Jocelyn Bell Burnell (nombre de casada) trabajó, una vez doctorada, sobre rayos gamma, rayos X, astronomía infrarroja, óptica y milimétrica, en centros como la Universidad de Southampton, o el Mullard Space Science Laboratory; desde 1991, ha sido profesora de Física en la Open University. Es doctora honoris causa por Oxford y Durham y preside la Royal Society de Edimburgo.

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España la galardonó, en el 2015, con su Medalla de Oro, máxima distinción que concede este organismo. (DM)

Foto portada: Jocelyn Bell y la instalación de radiotelescopio desde la que hizo su descubrimiento.

Foto portada: Jocelyn Bell y la instalación de radiotelescopio desde la que hizo su descubrimiento.