La comida altera las emociones


Lo que ponemos en el plato puede determinar quién ganará una partida de ajedrez, si nos deprimimos, o si seremos capaces de superar un examen


CAYETANO GUTIÉRREZ PÉREZ.
Catedrático de Física y Química, divulgador científico, escritor, y conferenciante. (disfrutalaciencia@ono.com, @disfrutalacienc)


¿Qué debo cenar si tengo problemas de insomnio? ¿Qué almorzar si tengo una cita importante o un examen a las cuatro de la tarde? Si la pasta produce sueño, ¿por qué los deportistas la toman el día de la competición? Si dos jugadores de ajedrez, del mismo nivel, se echan una partida después de comer y uno de ellos ha comido carne y el otro, pasta, ¿quién ganará la partida? ¿Es bueno para la salud, beber moderadamente? Y es que, por duro que parezca, las emociones de los seres vivos son fruto de un conjunto de reacciones bioquímicas e impulsos eléctricos.

¿Quiénes son los responsables bioquímicos de nuestras emociones?

Está comprobado científicamente que la comida modifica nuestras emociones y, por tanto, puede influir en nuestro comportamiento, ya que los seres humanos somos, física y químicamente, emocionales. En el hipotálamo (glándula que se encuentra en el centro de la cabeza) se producen un gran número de neurotransmisores que dan lugar a sensaciones tales como odio, amor, dolor, placer… Estos neurotransmisores son los encargados de transmitir el impulso nervioso de una neurona a otra y su producción oscila durante el día. La obtención de los neurotransmisores se produce uniendo unas sustancias llamadas péptidos (que son pequeñas cadenas de aminoácidos), que pasan a la sangre a través de la glándula pituitaria, produciendo las diferentes emociones que sentimos, al llegar a las diferentes células de nuestro cuerpo; por tanto, el hipotálamo es la fábrica de nuestras sensaciones.

Existen más de 90 neurotransmisores conocidos, pero, entre los neurotransmisores más influyentes en nuestras emociones, está la Noradrenalina, que aumenta la alerta y la atención, la Dopamina, que influye en la memoria y la creatividad, y la Serotonina que nos confiere un estado de sedación, placer, somnolencia, buen humor y tranquilidad, regula el apetito…

La comida modifica nuestras emociones y puede influir en nuestro comportamiento

Otro neurotransmisor es la Oxitocina, que se produce en la glándula pituitaria, que se libera al abrazarnos y acariciarnos. Esta sustancia tiene efectos muy beneficiosos para la salud, ya que baja la tensión arterial, las pulsaciones del corazón y elimina el estrés. También se segrega cuando tocamos a los animales, de ahí el papel terapéutico que tienen éstos con las personas con problemas de soledad. Por tanto, la oxitocina aumenta la confianza y reduce el miedo social.

La producción de estos neurotransmisores, específicamente la serotonina, está bajo el control de la luz solar. Dicha sustancia, al amanecer, se encuentra elevada y paulatinamente va descendiendo a lo largo del día hasta que alrededor de las cuatro de la tarde, disminuyen sus niveles significativamente, lo que produce una sensación de tristeza, ansiedad e irritabilidad, e impulsa el deseo de comer galletas, dulces o chocolate en horas de la tarde. Luego permanece muy baja hasta que anochece; y cuando llega la oscuridad comienza de nuevo su ascenso, alcanzando sus máximos niveles en la madrugada.

Si dos jugadores de ajedrez, del mismo nivel, se echan una partida después de comer y uno de ellos come carne y el otro pasta, ¿quién ganará la partida?

El que ha comido carne, debido a que las comidas ricas en proteínas (carnes, huevos, pescados…) no producen somnolencia después de ser ingeridas y permiten que el cerebro funcione a pleno rendimiento, mientras que las comidas ricas en carbohidratos (pastas, arroces, legumbres…) provocan todo lo contrario, ya que los carbohidratos permiten producir serotonina, dando lugar a una sensación de felicidad y la consecuente somnolencia. Con la serotonina alta, nos sentimos muy bien, pero con la serotonina baja estamos tristes y depresivos. Por eso, para conciliar el sueño con facilidad los especialistas recomiendan cenar pastas, productos lácteos, verduras…

Las comidas ricas en proteínas (carnes, pescado, huevos…) no producen somnolencia, pero las ricas en hidratos de carbono, sí.

Así lo demuestra Judith Wurtman, investigadora del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), afirmando que las proteínas de huevos, carne o pescado aportan al cerebro tirosina, un aminoácido que aumenta la producción de los neurotransmisores que mantienen la mente alerta, concentrada y productiva, tales como la dopamina y la noradrenalina. Cuando caen los niveles de tirosina sufrimos apatía y falta de motivación. Vemos, por tanto, que la ingestión de proteínas nos activa física e intelectualmente.

Para conciliar el sueño con facilidad, los especialistas recomiendan cenar pastas, productos lácteos, verduras…

Por el contrario, los hidratos de carbono producen relajación (patatas, pasta, arroz, miel, plátanos, frutos secos, palomitas…). Al comer carbohidratos, la insulina se dispara (también con las proteínas, aunque en menor proporción), desviando de la sangre casi todos los aminoácidos hacia los músculos, menos el triptófano, que ejerce un efecto calmante, que pasa al interior del cerebro, aumentando los niveles de serotonina. Según ha demostrado el neuroendocrinólogo Richard Wurtman (por cierto, esposo de Judith Wurtman), que también trabaja en el MIT, el triptófano es la materia prima que usa el cerebro para producir serotonina, el neurotransmisor del bienestar, que además reduce el dolor y el apetito y ayuda a conciliar el sueño. Sin embargo, como advierte Wurtman, hay que tener en cuenta que, si en el plato se mezclan carbohidratos con proteínas (por ejemplo, patatas fritas con carne, pescado o huevos), el efecto calmante de los primeros se anula.

De ahí, el conocido consejo popular de tomar un vaso de leche con galletas, para dormir bien. Como asegura, Carmen Barriga, catedrática de Fisiología de la Universidad de Extremadura, especialista en Crononutrición (disciplina que se encarga de analizar cómo influyen los alimentos a nuestros ritmos biológicos, en especial al ritmo sueño/vigilia), el triptófano de los cereales de las galletas, también se encarga de sintetizar la hormona melatonina, sustancia implicada en la inducción al sueño. La serotonina disminuye al atardecer, ya que a partir de ella se sintetiza la melatonina en la glándula pineal, por la noche. La melatonina disminuye al amanecer, que es cuando se inhibe su síntesis, aumentando así la serotonina (que ya no es transformada a melatonina).

La melatonina disminuye al amanecer, que es cuando se inhibe su síntesis, aumentando así la serotonina

Además de las galletas, plátanos, cerezas, cereales, tomates, lechugas, pescado, frutos secos, frutos rojos… pueden ayudar a dormir bien y obtener un sueño más reparador. Por el contrario, debe evitarse en las últimas horas del día frutas ricas en vitamina C, como la naranja o el kiwi, bebidas como el té o el café, o carnes rojas y embutidos ricos en tiroxina, “un aminoácido precursor de las catelocaminas y dopaminas, que son las que nos hacen estar despiertos” afirma la investigadora. Estos productos es recomendable consumirlos durante la mañana. Todos estos productos, son muy aconsejables, para la cena de las personas mayores en las que los niveles de melatonina son prácticamente inexistentes.

En otras palabras, los carbohidratos aumentan los niveles de triptófano y, por tanto, la capacidad del organismo de producir serotonina, y puede ayudarle al cuerpo a sentirse mejor, ya que regula el estado de ánimo, la agresividad y el sueño. Bajos niveles de triptófano (y serotonina) producen trastornos de tipo nervioso, tales como depresión, insomnio, ansiedad, irritabilidad, migrañas…

Esto tiene una aplicación inmediata, en nuestra vida cotidiana, ya que si, por ejemplo, tenemos un examen, o entrevista importante, a las cuatro de la tarde, lo conveniente sería comer carne o pescado y no pasta o arroz, ya que no provocaría somnolencia y no rendiríamos adecuadamente en el examen o en la entrevista.

¿Qué almorzar si tengo una cita importante o un examen a las cuatro de la tarde?

Si la pasta produce sueño, ¿por qué los deportistas la toman el día de la competición?

Los deportistas los días de competición suelen comer a base de pasta, ya que aunque los hidratos de carbono producen somnolencia, son de digestión lenta y le van aportando azúcares lentamente durante toda la tarde, con lo cual mantiene un nivel de azúcar en sangre suficientemente alto, para realizar acciones que requieren un gran consumo energético.

¿Qué emociones producen algunos de los alimentos más cotidianos cuando los consumimos?

Cuando ingerimos azúcar la serotonina aumenta. Para controlar la adicción al dulce, por bajos niveles de serotonina, lo mejor es comer alimentos cargados de triptófano, como la carne de res y el pavo, además de carbohidratos de bajo índice glucémico, como vegetales, semillas, y frutas.

La depresión se puede paliar consumiendo pescado, verdura y fruta fresca. Los pescados grasos llevan ácidos grasos omega que ayudan a combatirla, como el salmón y la caballa. Con esta dieta, el cerebro produce los neurotransmisores necesarios que ayudan a eliminar la depresión. Por el contrario, los derivados del trigo (pan, pastas…) favorecen la depresión.

Las ostras aportan cinc, que resulta esencial para la producción de esperma y la libido. Por otra parte, el atún, las almejas, el brócoli, la miel, los higos, las fresas y el chocolate son afrodisíacos.

El vino tinto contiene más de mil componentes y su ingestión moderada en las comidas tiene efectos cardiacos positivos en las personas

En cuanto al vino, aunque el abuso del consumo de bebidas alcohólicas causa gravísimos problemas sanitarios, hay estudios que destacan los beneficios que puede aportarnos un consumo moderado de bebidas como la cerveza o el vino. Uno de los primeros grandes estudios sobre el vino se publicó en 1992, en la revista The Lancet. Los doctores Serge Renaud y Michel De Lorgeril identificaron la llamada “la paradoja francesa”, según la cual los europeos que consumían mayor cantidad de grasas saturadas morían antes, pero los franceses se salvaban porque su mayor ingesta de vino contrarrestaba los efectos nocivos de las grasas saturadas. Esta paradoja tuvo un enorme impacto en la industria del vino, pero numerosos estudios han relativizado después las bondades de la milenaria bebida.

Y es que el vino tinto, con sus más de mil componentes, y en ingestión moderada en las comidas es beneficioso para la salud, por sus efectos cardiacos positivos, debido a que contiene polifenoles, que favorecen la circulación de la sangre, pero también se ha demostrado que puede aumentar el riesgo de padecer cáncer de mama o esófago. Muchos estudios apuntan a que los efectos beneficiosos del vino residían en el resveratrol (también presente en la uva negra, que sirve para defender a la vid de las plagas), una molécula presente en el vino, con poderosos efectos antioxidantes. El resveratrol también se encuentra en distintos frutos como las moras, las nueces, los cacahuetes…. El caso es que, en 2014, un importante estudio publicado en el Journal of the American Medical Association, puso en duda los beneficios de éste.

Un nuevo estudio muestra que la ingesta moderada de vino tiene importantes beneficios, pero sólo en las personas que practican ejercicio de forma regular. Según se lo tratado en el congreso anual de la Sociedad Europea de Cardiología, celebrado en 2014. Lo novedoso, según su autor principal, el investigador checo Miloš Táborský, es que la ingesta moderada de vino sólo era beneficiosa entre las personas que practicaban ejercicio. El estudio muestra que la combinación de ejercicio regular y consumo moderado de vino mejora los marcadores de la aterosclerosis, y podría proteger también del riesgo cardiovascular, dado que aquellas personas que hacían deporte al menos dos veces por semana, el vino (tanto el tinto como el blanco) provocó un incremento significativo de los niveles de colesterol “bueno” (HDL) y redujo los niveles del “malo” (LDL).

Sin embargo, un reciente estudio, dado a conocer en junio de 2017 (El consumo moderado de alcohol también daña el cerebro), y publicado en la revista The British Medical Journal, indica que la ingesta moderada de alcohol afecta negativamente al cerebro. Los científicos, de la Universidad de Oxford (Reino Unido), llegaron a esta conclusión tras realizar un seguimiento durante 30 años a un grupo de 550 individuos que participaban en un ensayo clínico. Un consumo moderado equivale a cuatro pintas de cerveza o cinco vasos de vino de 175 ml a la semana. En su trabajo, los científicos no hallaron pruebas de ningún papel protector ligado a un consumo leve de alcohol, aunque en sus conclusiones remarcan que se trata de un estudio observacional que no permite sacar conclusiones definitivas, por lo que, en cualquier caso, como medida preventiva, debemos disminuir al máximo el consumo de alcohol.

No olvidemos que el alcohol mata cada año a 3,3 millones de personas, en el mundo, una cifra superior a las muertes por SIDA, tuberculosis y violencia juntas, según Naciones Unidas. Una de cada veinte personas fallecidas en el mundo muere por alguna de las más de 200 enfermedades vinculadas al alcohol, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En cuanto a otros alimentos, tales como el chocolate, recomiendo la lectura de mis dos artículos, publicados en “Adelantos Digital”: “El chocolate, un gran aliado de la salud” (5-1-2017), y “El chocolate es bueno, pero…” (19-1-2017).

En resumen, aunque resulte demasiado duro, debemos ser conscientes de que nuestras emociones (amor, odio, alegría, tristeza…) no son más que el resultado de una mezcla de reacciones bioquímicas e impulsos eléctricos.


Algunas referencias bibliográficas:

• Apezteguia, F., 2015, “Un vaso con leche y galletas es la mejor receta contra el insomnio”, Diario “El Correo”, 11-1-2015.

• Ayuso, M., 2014, “Para estar bien hay que hacer dos cosas: más ejercicio y beber vino”, Diario “El Confidencial”, 5-9-14.

• G. Lucio, C., 2017, “El consumo moderado de alcohol también daña el cerebro”, Diario “El Mundo”, 7-6-2017.

• Gutiérrez Pérez, C., 2007, “Fisiquotidianía, la física de la vida cotidiana”, 2ª Edición, Edita Academia de Ciencias de la Región de Murcia. Murcia.