Las mujeres en el sistema de ciencia e investigación


En este país de brillantes científicas, su escasa visibilidad -sobre todo, en los tramos altos de la carrera académica e investigadora- es el signo, todavía, de la anacrónica e inocultable discriminación. Y no sólo en España, aunque algún nombre aislado, como el de la física italiana Fabiola Gianotti, que ocupará desde Enero del 2016 la dirección general del Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) nos haga pensar otra cosa. A pesar de todo, los últimos datos presentan una alentadora mejoría, que nos explica, desde el CSIC, la persona que mejor los conoce en este país.


Por M. Pilar López Sancho. Profesora de Investigación-CSIC Presidenta Delegada de la Comisión Mujeres y Ciencia del CSIC


Desde 1999, la Unión Europea (UE) viene desarrollando políticas e iniciativas para promover la igualdad de género en la investigación. Estas medidas hacen pensar a la sociedad que el problema de la discriminación por sexo está resuelto. Pero no es cierto, ni siquiera en el marco académico. Aunque parece un contrasentido que en actividades de tipo intelectual siga existiendo una desigualdad entre mujeres y hombres, hay un sesgo, muchas veces inconsciente, que afecta la evaluación de méritos científicos. Esta situación está documentada y contrastada por estadísticas, estudios y análisis de expertos a nivel internacional que han dado lugar a una gran cantidad de publicaciones. En 2011 la Comisión Europea (CE) lanzó una nueva estrategia para conseguir la plena incorporación de las mujeres al sistema de investigación e innovación, para lo que cree son necesarios cambios estructurales en las instituciones científicas que garanticen la transparencia de los criterios utilizados por los equipos directivos. El informe titulado “Cambio estructural de las instituciones científicas” [1] confirma el fuerte compromiso de la UE con la igualdad, no solo por razones de justicia y equidad, sino por el efecto positivo que tiene en la calidad de la investigación. Se identifican en él algunos problemas del sistema, comunes a las instituciones científicas europeas: la falta de transparencia en la toma de decisiones, que afecta el funcionamiento de los organismos, relacionado con la existencia de redes de amiguismo que mantienen su influencia; los prejuicios que voluntaria o involuntariamente influyen en las valoraciones de las capacidades del personal; procesos aparentemente neutros pero que cuando se analizan demuestran un fuerte sesgo, en concreto el sesgo de género tiene fuertes implicaciones en los contenidos de la investigación, y ha dado lugar a errores; y por último las estructuras vigentes de poder y la organización del trabajo que tienen efectos adversos en la carrera de las mujeres [1].

hombres-y-mujeresEn España, las recomendaciones dictadas por la CE tuvieron una fuerte repercusión entre las mujeres que trabajaban en investigación tanto en universidades como en organismos públicos. La elaboración de estadísticas desagregadas por sexo fue fundamental para estudiar la situación profesional de las mujeres. Surgieron entonces algunas asociaciones cómo AMIT, Asociación de mujeres Investigadoras y Tecnólogas, fundada en 2001 para luchar por la igualdad de oportunidades en el ámbito científico [2]. A partir de 2004 se han producido en España grandes cambios en materia de igualdad que culminaron con la Ley Orgánica de Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres, aprobada en 2007. Las universidades cuentan con unidades de igualdad, institutos de estudios de género y existen protocolos de actuación ante situaciones de acoso. Sin embargo estamos muy lejos de alcanzar los objetivos de igualdad. Las mujeres obtienen más del 60% de los títulos otorgados por las universidades públicas y el 45% de los doctorados pero no llegan al 20% cuando se trata de cátedras.

La Agencia Estatal de Investigación-CSIC cuenta, desde el año 2002, con la Comisión “Mujeres y Ciencia” (CMYC) que asesora a la Presidencia para lograr la optimización de la carrera científica de las mujeres en el organismo. La CMYC, siguiendo las recomendaciones de la CE y la reglamentación vigente, hace un seguimiento anual de la situación de las mujeres científicas, trabaja en visibilizar el trabajo de las mujeres y combate las situaciones injustas cuando es posible. En 2002, las mujeres constituían el 38% de los Científicos Titulares, el 27% de los Investigadores Científicos y el 13,6% de los Profesores de investigación. Tras diez años de funcionamiento de la CMYC, la proporción de mujeres en estas escalas ha pasado a 41%, 34% y 23,5 % respectivamente [2]. En la gráfica adjunta, elaborada por la CMYC [2], se puede observar el progreso de la proporción de mujeres en la carrera investigadora del CSIC, experimentado entre 2005 y 2010. Los datos corresponden a: personal en formación (becas y contratos predoctorales), doctores contratados por el Programa Ramón y Cajal y las tres categorías de personal funcionario: Científicos Titulares, Investigadores Científicos y Profesores de Investigación.

personalEsta “desaparición” de mujeres al avanzar en la carrera científica ocurre en todos los países de nuestro entorno, como ilustra la gráfica elaborada por la CE a partir de datos de los 27 países que forman la UE, que representa la proporción de mujeres y hombres a lo largo de la carrera científica [4] desde los estudios universitarios hasta las cátedras (Grade A) y compara los datos de 2002 con los de 2010. Esta gráfica está publicada en el informe “She Figures 2012” [4] y muestra que, a pesar del esfuerzo realizado, el progreso es muy lento: en ocho años la proporción de mujeres en las categorías más altas ha subido únicamente un 5%. Vamos en el buen camino, pero queda mucho por hacer.

 

 


Bibliografía:

[1] http://www.idi.mineco.gob.es/portal/site/MICINN/menuitem.7eeac5cd345b4f34f09dfd1001432ea0/?vgnextoid=e218c5aa16493210VgnVCM1000001d04140aRCRD

[2] http://www.amit-es.org/

[3] http://www.csic.es/web/guest/mujeres-y-ciencia

[4] http://ec.europa.eu/research/science-society/document_library/pdf_06/she-figures-2012_en.pdf