“Las proteínas alergénicas viajan también adheridas a partículas diésel”


JORDINA BELMONTE

Directora del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona. Profesora de Biología Animal, Vegetal y Ecología, en la Autónoma de Barcelona. Coordinadora del Punto de Información en Aerobiología (http://lap.uab.cat/aerobiologia), que incluye la Red Aerobiológica de Cataluña y el Proyecto EOLO-PAT de Predicción Aerobiológica para Tenerife.


–¿Qué tiene el aire en primavera que no tiene el resto del año?

–El aire de la primavera, en nuestras latitudes, tiene muchos más granos de polen que en el resto del año, no sólo en cantidad, sino también en diversidad. Los granos de polen contienen proteínas susceptibles de desencadenar alergias respiratorias. El hecho de que en primavera una gran diversidad de tipos polínicos con capacidad alergogénica estén presentes en el aire en concentraciones elevadas hace de esta preciosa época del año la de mayor afectación a la población con alergias respiratorias. En las zonas frías y templadas del  planeta, muchas plantas presentan flores muy pequeñas, poco vistosas una a una, aunque sí lo son por su agrupación en ramas péndulas o en glomérulos, y que producen ingentes cantidades de polen (plantas anemófilas) que las corrientes de aire desprenderán y arrastrarán.

–¿Por qué, entonces, hay alérgicos todo el año?

–Porque hay plantas con polen también alergógeno que polinizan en invierno (como el ciprés, el avellano, el fresno), otras que lo hacen durante el verano (castaño, algunas gramíneas, artemisa en zonas de montaña, entre otras) y otras, en otoño (céñigos, artemisa, por ejemplo). Y de hecho, a los pólenes, se añaden también, como alérgenos atmosféricos, los hongos, que, desde entrada la primavera hasta la llegada del frío, emiten esporas que usan también el aire como medio de dispersión.

“Los pólenes de plantas urbanas son más agresivos que los de la misma especie en entornos menos contaminados”

–Hay más alérgicos en las ciudades que en el campo, lugar natural de los pólenes. ¿Es por las partículas diésel?

–Hay estudios que demuestran que los granos de polen (de una misma especie) procedentes de entornos rurales contienen menos proteínas alergénicas que los procedentes de entornos urbanos, y asocian este hecho a la contaminación atmosférica habitual de las ciudades. Además, las proteínas alergénicas no sólo están dentro del grano de polen, sino que también se encuentran en su superfície. Se ha visto que pueden liberarse de ella y ser transportadas, adheridas a otras superfícies, como por ejemplo las partículas diésel. Además, en la ciudad se vive en condiciones más asépticas que en entornos rurales y, como dice la teoría higienista, cuantos menos organismos tiene nuestro sistema inmunitario para combatir, mayor disponibilidad muestra para “reconocer como enemigos a combatir” otras partículas.

Otra explicación es que hay una adaptación de los sistemas inmunitarios de las personas a las condiciones ambientales de las diferentes áreas, de manera que aunque la gente del campo pueda estar expuesta a concentraciones más altas, su organismo tolera estas concentraciones y necesita niveles más elevados para mostrarse enfermo. Un ejemplo: en Catalunya, donde las concentraciones de polen de olivo difícilmente superan los 100 pólenes/m3 por día, hay personas muy afectadas por este polen; en el sur de España, esta concentración de polen de olivo no desencadena alergias.

–La contaminación, en general, ¿de qué forma afecta al alérgico?

–La contaminación puede afectar doblemente a los alérgicos: por una parte altera las mucosas y facilita que se irriten y reaccionen a la llegada de las proteínas alergógenas y, por otra, la misma contaminación actúa sobre la planta haciendo que su polen produzca mayor cantidad de proteínas alergógenas. Es decir, los pólenes de las plantas urbanas son más agresivos que los de la misma especie procedentes de entornos menos contaminados o más naturales.

“Este año, el polen del ciprés, con concentraciones excepcionales, puede haber convertido en alérgicos a algunos que no lo eran”

–¿Por qué una persona es, o se vuelve, alérgica?

–Porque su sistema inmunitario reconoce como extrañas proteínas del entorno (alergias respiratorias), o de alimentos (alimentaria) o de cosas, plantas o animales que toca (alergia de contacto). Normalmente, las personas que desarrollan una alergia, antes de llegar a mostrar la enfermedad, ya están sensibilizadas a la proteína (hay tests diagnósticos para detectarlo) y la patología se manifiesta cuando se supera un determinado umbral de la presencia de la proteína. De ahí que, en años como el actual, en que, por ejemplo, el polen de ciprés ha estado retenido en la flor buena parte del invierno y no ha salido a la atmósfera hasta finales de febrero y con concentraciones excepcionales, algunas personas nunca alérgicas anteriormente al polen de ciprés pueden haberse convertido en alérgicos.

“En parques y jardines no deberían plantarse cipreses, plátanos de sombra, abedules, olivos, fresnos ni aligustres”

–¿Qué especies vegetales no deberían plantarse en parques y jardines?

–Es duro decirlo, porque son especies muy bellas y emblemáticas, pero debería evitarse plantar cerca de donde las personas hacen su vida normal el ciprés (y las plantas de su família), el plátano de sombra y el olivo. Tampoco es recomendable plantar fresnos y aligustres, de la familia del olivo, porque el polen de los tres tiene reactividad cruzada y prolonga el período problemático para el alérgico. No deberían plantarse abedules en entorno urbano, porque es el árbol que más alergias produce en el centro y el norte de Europa; su polen es muy agresivo y, además de poder desencadenar alergias a ciudadanos, puede complicar la vida a turistas alérgicos.  Hay otras especies ornamentales (palmeras, arce, olmo, almez, acacias y falsas acacias, casuarina,…)  que producen menos polen y que parecen tener un comportamiento menos agresivo, pero también sería interesante limitar su uso. Tampoco debería abusarse, como se abusa, de los chopos en entorno urbano, porque aunque su polen parece no producir alergias, sus semillas se distribuyen envueltas en fibras sedosas que producen irritaciones muy molestas. Los expertos en jardinería urbana y las personas que pueden crear su jardín harán bien en escoger para plantas que forman flores vistosas, plantas del grupo de los cerezos y los frutales, Magnolia, Eriocaulon, Braquiquiton, Liriodendron, Bauhinia, Melia… Y mantener una importante biodiversidad, no concentrar importantes cantidades de un mismo árbol.

“Nuestra aplicación móvil para ayudar a los alérgicos (AI K Polen) ha impulsado otras, como Alergo Alarm y Alertapolen”

–Usted participó en la elaboración de una aplicación de móvil para ayudar a los alérgicos. ¿Qué hace?

–Nosotros hemos colaborado con el grupo LaFosca, que desarrolló la aplicación Al K Polen. Cuando uno se descarga esta aplicación en su móvil y la conecta, se le informa de cuál es la predicción que mi grupo ha emitido para la estación aerobiológica más próxima (tenemos 9 en Catalunya, proyecto Xarxa Aerobiològica de Catalunya, y 2 en la isla de Tenerife, Proyecto EOLO-PAT). Esta misma información, y mucha más, están disponibles también vía web, pero, evidentemente, en un momento dado, es más ágil acceder a la aplicación móvil. Además, los datos que nosotros generamos, los compartimos con redes de ámbito estatal e internacional, con el fin de que puedan quedar a disposición de más profesionales médicos, de más personas afectadas y de más proyectos científicos. Algunas de las organizaciones que disponen de nuestros datos también han impulsado aplicaciones móviles, como es el caso de Alergo Alarm y Alertapolen. La finalidad primordial es la misma: facilitar la consulta de los niveles de polen, mostrar las plantas en flor del momento para que las personas puedan intentar evitar su proximidad; aconsejar.