“Para regenerar el Mar Menor, hay que dejar fuera muchas cosas”


JUAN PABLO FERNÁNDEZ TRUJILLO, Doctor en Ingeniería Agronómica. Postdoctorado en Cornell University en Ithaca (N.Y.) Master en Gestión Mediambiental por el Instituto de Investigaciones Ecológicas (Málaga) y The Open University (U.K) Profesor Titular en la Universidad Politécnica de Cartagena, dpto. de Ingeniería de los Alimentos y del Equipamiento Agrícola. Conferenciante: “El Mar Menor: realidades y oportunidades para el decrecimiento”.


Adelantos –El Mar Menor de Murcia ha llegado a su situación actual “protegido” por hasta 7 figuras de Protección Ambiental (LIC, ZEPA, RAMSAR, ZEPIM, Red Natura 2000, etc). ¿Cómo ha sido posible?

Juan Pablo Fernández Trujillo –Porque no sólo es cuestión de figuras legales de protección, sino también de conservar todo el espacio, no solamente el protegido por la normativa. Además, las figuras no han sido efectivas al no existir un plan específico de protección del Mar Menor (todavía no se ha aprobado, tras 25 años) con sus medidas concretas y protocolos y planificación del trabajo coordinado entre Administraciones. La protección tal vez puede ser excusa para no prestar la necesaria atención (cuando no desproteger) el espacio, o simplemente dejar actuar a su criterio a los diferentes actores e intereses con una serie de recomendaciones según el mercado. Para toda esta gestión, por cierto, es necesario contar con un equipo humano suficiente de personas cualificadas, formadas de forma continua, motivadas y con un empleo estable. Y también se requiere la financiación y la intervención y análisis de inversiones públicas de forma estricta (con funcionarios públicos), que asesoren y evalúen las inversiones realizadas, participación ciudadana y transparencia en el proceso.

Cultivos hortícolas en el mar Menor Sur con fertirrigación y el fondo de la Manga Golf Resort (Atamaría). Una agricultura sostenible deberá evitar escorrentías y drenajes que vayan a parar al Mar Menor.

“La contaminación difusa y los daños indirectos raramente reciben condena por la vía penal”

¿Se han cometido en el Mar Menor delitos ambientales por los que alguien debería pagar?

La contaminación difusa y los daños indirectos raramente reciben condena por la vía de lo penal. Otro tema son las infracciones administrativas cuyas sanciones, especialmente por la vía de la publicidad negativa y la divulgación en los medios de comunicación de masas (especialmente televisión), pueden tener un efecto demoledor y rápido sobre los que no cumplan las normas. Sin embargo, el asesoramiento y la implantación de las normas necesitan de un trabajo diario y de una firmeza en la aplicación de las sanciones y sobre todo de su publicidad para alcanzar la adecuada proyección mediática. Se han hecho algunos programas desde la Consejería de Agricultura, Agua y Medio Ambiente, pero a la vista está que no han sido suficientes para conseguir el objetivo de evitar el deterioro de la laguna y con ello las denuncias. Considero que la mediación en los problemas ambientales debiese ser la norma, pero en el caso particular del Mar Menor ni se ha planteado porque quizás nadie confía en ella, ya que la situación es demasiado grave y muy escasa la voluntad de corregir cierta problemática por los agentes (e intereses) implicados, estando básicamente orientada a “medidas correctoras de fin de tubería”. Al no tomar decisiones de fondo ni voluntad de mediación, las denuncias continuarán su camino.

La sobreexplotación agraria del entorno, la expansión urbanística… Pero, ¿qué otros factores, de los que se habla menos, han contribuido a la presente situación?

–La permisividad social y la dejadez en la gestión que tienen su origen en un modelo antropocéntrico del desarrollo. Es decir, son cuestiones socioculturales, fundamentalmente de falta de conciencia sobre la necesidad de establecer límites en cualquier actividad humana, y falta de cultura  orientada a la sociedad y a la salud ambiental. La  oferta de formas de ocio y descanso alternativas a las que predominan actualmente, con uso intensivo de recursos escasos y en un entorno que no es el más recomendable, también sería deseable. Individualismo en vez de asociacionismo y participación, también contribuyen negativamente a esta situación.

Cercanía de cultivos a las playas donde debían existir zonas de amortiguación.

“Desde 1996, había señales inequívocas, como lo de las medusas; se ha invertido en esto casi medio millón de euros anuales”.

Hay un hervidero de ideas, propuestas, medidas, actuaciones, “regeneraciones”…. Hay conflictos entre Confederación Hidrográfica del Segura, Comunidad Autónoma, Ministerio…”Todo, cómico y contradictorio”, dijo usted en una conferencia

–Sí, porque todos los conflictos que se deberían haber resuelto en estos últimos 20 ó 30 años con todo el tiempo y paciencia necesarios van y emergen en unos meses. Es necesario tomar decisiones inmediatas. Y, además, se mezclan problemas como los causados por inundaciones o los asociados al suministro hídrico para los cultivos alrededor del mar Menor (con o sin concesión administrativa), con el consiguiente deterioro de la laguna. Este tipo de situaciones originan siempre muchas propuestas, la mayoría de ellas poco estudiadas sobre el terreno, y que se hacen también en muy poco tiempo y sin calibrar su viabilidad. Ha existido suficiente plazo para resolver problemas, ya que desde 1996 existen señales inequívocas, como por ejemplo el caso de las medusas, de que algo anormal ocurría. Se ha invertido en esto casi medio millón de euros anuales. Se lanzaron también numerosas advertencias, pero con escaso éxito, por organizaciones ambientalistas y científicos, incluso antes del boom desarrollista de la pasada década, a la par que se cambiaba el modelo de producción de secano a regadío en el arco Sur, se desarrollaban completamente las concesiones de los regadíos del acueducto Tajo-Segura, se abordaban nuevas urbanizaciones o se ampliaban las antiguas, etc.

“Para tener filtros verdes, es necesario un espacio a modo de banda perimetral en el Mar Menor”

Humedales artificiales, tanques de tormentas, barreras de agua dulce, filtros verdes…. Algunas de estas medidas ¿pueden crear otros problemas?

–Sin duda. Ninguna intervención por las que se apueste es inocua y desde luego, por temas presupuestarios, descartan en parte otras alternativas que podrían ser ejecutadas simultáneamente. Los humedales artificiales requieren una gestión estricta, entre otras razones, para que no sirvan de sumideros que acumulen productos contaminantes. Las barreras de agua dulce pueden ser un freno para la entrada de especies invasoras del Mediterráneo, problema que se ha acrecentado con la bajada de salinidad del mar Menor por los vertidos y por los intercambios con el mar Mediterráneo.

                                            “Parece que la regeneración consiste en que el agua no esté turbia”

Los tanques de tormenta son mucho más necesarios en entornos urbanos donde otra solución es casi imposible, salvo la reurbanización (tampoco descartable). Las barreras de agua dulce son una medida que podría al menos estudiarse, que es lo que se está haciendo para implantar filtros verdes (a pesar de los estudios ya realizados). En todo caso, para tener filtros verdes (o como se les quiera llamar) es necesario un espacio a modo de banda perimetral en el mar Menor. Se está demorando demasiado esta propuesta que hice en una de mis conferencias y que ha sido apoyada, por ejemplo, por algunos de los interesados e incluso del propio alcalde de Cartagena. Los humedales alrededor de la laguna con vegetación (e incluso sin ella) ya hacen de filtros de lixiviados y de escorrentías (especialmente fosfatos, pero también nitratos) hacia la laguna según recientes estudios en la UPCT. La labor de los técnicos e investigadores es proponer alternativas, estrategias e incluso ideas (con valoración económica) para su posible estudio y desarrollo, y ejecución. También lo es el informar de ventajas e inconvenientes, pero no imponer ninguna medida en particular, las cuales se deben de tomar con un adecuado consenso social y político.

Urbanización que quedó a medio construir junto a Los Alcázares, terminado el boom inmobiliario. Viviendas y campos de golf ocupan en las proximidades del Mar Menor el lugar de la banda perimetral de protección que debiera tener.

“El proceso será largo; seguirá habiendo fango en el fondo, materia orgánica disuelta y episodios de “sopa verde”
 

 ¿Cuánto diría usted que puede durar el proceso de regeneración del Mar Menor, y a qué estaríamos llamando  “regeneración”?

–Parece que la regeneración mínima de las autoridades es la de la situación anterior al verano de 2016, consistente en que el agua no esté turbia, y controlando las medusas con redes. Sin embargo, el fondo ahora tiene fango que al removerse producirá turbidez en muchas zonas. Todo ello puede generar, junto con las entradas de nutrientes que no cesan, nuevos y graves episodios de “sopa verde” en época estival. Aun sin impactos como los actuales, el proceso de regeneración puede ser largo, ya que la materia orgánica sigue de momento disponible en solución o en el fondo de la laguna, y con el Cambio Climático las lluvias torrenciales y sus escorrentías serán mucho más frecuentes (por ejemplo, lo ocurrido estos 3 últimos años).

“Hay que cambiar el modelo socieconómico que fomentan los políticos y apoya con sus actos la mayoría de los ciudadanos”

¿Qué ideas o propuestas ha aportado o aportaría usted?

–En el plano socioeconómico, es urgente el cambio del paradigma antropocéntrico y del modelo socioeconómico insostenible del “todos a la playa” que fomentan la mayoría de los políticos y que apoya también con sus actos diarios la mayoría de ciudadanos. En mayor o menor medida, somos todos culpables de la situación como “usuarios” del sistema.

Las leyes aprobadas han de aplicarse, cumplirse y desarrollarse en plazo y forma para que seamos conscientes de los límites. Este es el problema de fondo, el pensar en que es posible el uso ilimitado de los recursos de la cuenca del mar Menor y  de la laguna en sí, lo que conlleva decisiones políticas erróneas, erráticas, ausentes, o tecnocráticas, que no resuelven los problemas de fondo, con el consiguiente conflicto social y ambiental.

“Es urgente prohibir la incineración de residuos industriales y agrícolas, el reciclaje de plásticos, las nuevas urbanizaciones y la regeneración de las playas”

En el plano científico, y por lo anterior, soy uno de los que apuesta por una modelización coordinada de la laguna salada, estableciendo aquellos balances que sean necesarios y el cálculo de flujos de entrada superficial y subterránea de acuíferos, golas, escorrentías, etc. Ello es necesario para verificar el impacto de potenciales medidas de gestión y ordenación del territorio que, al final, han de tener base científica y técnica, y que no pueden ser ideas felices de ningún iluminado, porque, además, requieren de la adecuada inversión y administración de fondos públicos y privados (los de los que están causando el problema, vía impuestos directos o indirectos, o financiación directa).

Es urgente la prohibición de la incineración de residuos industriales y agrícolas, el reciclaje de plásticos, la prohibición permanente de nuevas urbanizaciones, la creación de espacios de cultivo o el crecimiento de las actuales, o la regeneración de playas, ya que son parte del problema de entradas de nutrientes, material coloidal o/y compuestos tóxicos a la laguna.

Ocio, baño, descanso y relajación en zonas del Mar Menor; valores preservables que contrastan con la masificación en otras zonas (La Manga).

“Hay que reordenar el espacio urbanizado, demoliendo lo que sea menester, y aumentar la presión fiscal sobre ciertos lujos” 

La opción más sensata es que toda la zona perimetral del Mar Menor se reordene, haciendo retroceder la playa, reordenando la actividad agrícola (y ganadera asociada, incluyendo su fertirrigación y excesiva intensificación), reordenando el espacio urbanizado (demoliendo lo que sea menester), creando zonas de amortiguación, limitando el acceso motorizado e indiscriminado de vehículos y de embarcaciones, ampliando la red de transporte público (modelo Calblanque de acceso a espacios sensibles o colapsados), etc.

La prioridad debe basarse en criterios de balance socioeconómico y medioambiental, con especial urgencia en el caso de las que afectan a poblaciones que sufren inundaciones por haber invadido cauces públicos, por saturación urbanística o por otras razones. Para todo ello, hacen falta partidas presupuestarias para poder invertir en reordenación y en cambio de uso, además de la necesaria vigilancia medioambiental, más que en infraestructuras. Y, si no hay financiación para todo lo anterior, y dado que determinados aprovechamientos son un lujo, debe aumentar la presión fiscal sobre el uso de determinados recursos escasos.

“Las medidas necesarias han de ser financiadas por quienes causan las entradas de nutrientes, si no es posible limitarlas”.

Otra idea es que las medidas que sean necesarias han de ser financiadas fundamentalmente por los que causan estas entradas de nutrientes por vía superficial y subterránea, si es que no se encuentra ninguna otra manera de limitar estos impactos.

Otra de mis ideas es promover usos alternativos del espacio costero e incluso en algunos casos quizás el diseño de alternativas de baño alejadas del espacio costero. También, y para evitar que el agua vaya al mar Menor antes o después, podría pensarse en bombeo con energía solar de parte de lixiviados, escorrentías y emisarios de vertidos al mar a un humedal (que actuaría a modo de filtro verde pero de gran superficie). Este humedal salino sería interior y podría reutilizarse parte del agua para uso agrícola.

“Una de las nuevas ideas es extraer agua para riego del acuífero subterráneo contaminado y usarla como abono en cultivos tolerantes a la salinidad”

Por último, e igualmente muy importante, es preciso incentivar medidas reales de custodia del territorio, coordinadas (grupos de acción local de áreas costeras ya en marcha), agroambientales (que aun estando operativas desde hace muchos años, y visto lo visto, no han tenido el éxito arrollador que en este caso se necesita), e incentivar las nuevas propuestas de ensayos demostrativos tanto de particulares como de instituciones públicas o privadas.

Entre estas potenciales nuevas ideas, está una que proviene de los grupos de permacultura de la zona y de algún experto en hidrogeología (Francisco Turrión) que aboga por extraer agua para riego del acuífero subterráneo contaminado por nitratos para su uso como abono en cultivos tolerantes a la salinidad, por ejemplo, de forma que se impida el vertido subterráneo del agua al mar Menor. Esta cuestión debía de validarse científicamente porque implicaría lógicamente la intrusión marina y salinización casi permanente del acuífero cuaternario (y más superficial) de la cuenca del mar Menor y vía conexiones por perforación de pozos quizás también del acuífero más profundo que se utiliza actualmente.

Los espacios naturales protegidos al sur de la región no tienen un contínuo hacia el Mar Menor; poblaciones y cultivos se interponen.

“La bioelectrogénesis para eliminar nitratos y materia orgánica es un despilfarro y debería limitarse a casos muy puntuales”

Otras medidas puntuales a estudiar son, por ejemplo, la limitación del intercambio de agua por las golas, la instalación de oxigenación móvil del agua en zonas con anoxia mediante energía solar, lo que además podría permitir el enfriamiento del agua. También se está ensayando ya en planta piloto un sistema de transformación de salmueras en lejía y otros subproductos en aguas procedentes de desaladoras, con el inconveniente a considerar si las mismas contienen nitratos. El uso de bioelectrogénesis para eliminar nitratos y materia orgánica parece un despilfarro de nutrientes escasos que además tiene un coste, por lo que debería de limitarse a casos muy puntuales de agua que no pudiese ser reutilizada o tratada de otra forma.

El interés económico (turismo, etc) del Mar Menor es indudable y afecta a mucha gente ¿Qué se puede preservar de todo eso, y qué no?

–Fundamentalmente se debe primar el interés colectivo y de bajo impacto ambiental, frente al esquema actual de colonización de toda la franja costera y aledaños por multitud de intereses privados con ánimo de lucro. Deben preservarse determinados establecimientos de hostelería debidamente reformados/reubicados, turismo de salud, y actividades de bajo impacto como la vela, buceo, piragüismo u otros deportes no impactantes, o lógicamente la  pesca (ya regulada), o la posibilidad del acceso de las personas para el baño (rediseñando el sistema de playas artificiales actual pegaditas al mar).

“La falta de estudios de impacto socieconómico ha originado proyectos sobredimensionados o con una falsa rentabilidad”

¿Hace falta un informe sobre el impacto socieconómico de todo eso? ¿Quién o quiénes podrían hacerlo, para que sirviera de veras?

–Son pocos los profesionales con visión global y que manejen datos y estadísticas fiables para poder hacer estudios de impacto socioeconómico. De hecho, esta deficiencia en los datos de partida ha originado numerosos planteamientos y proyectos sobredimensionados o con una rentabilidad dudosa o simplemente falsa. En la Administración saben perfectamente quienes son esos profesionales o consultoras porque ya han realizado anteriormente trabajos para ella y para la UE. Pero me temo que algunos/as están sobrecargados de trabajo.

“Las investigaciones universitarias sobre el Mar Menor no se piensan para que el personal trabaje a largo plazo”.

La Universidad depende de fondos públicos para la investigación ¿Se destinan suficientes de ellos para investigar sobre el Mar Menor?

Las convocatorias de proyectos se realizan como máximo para 4 ó 5 años, y, más comúnmente, 3 años. Aunque existan proyectos bien dotados financieramente en su ejecución, las partidas para personal suelen ser muy deficientes. Y, si ya hablamos de que ese personal pueda continuar con un proyecto a largo plazo para gestión de temas ambientales muy complejos que requerirán como  mínimo estudios de 6 ó 7 años, y algunos, más, para elaboración de resultados y conclusiones, pues la situación es aún más delicada.

 

La ordenación de espacios destinados a embarcaciones y puertos es imprescindible para el normal flujo de corrientes y evitar acumulación de materiales, especialmente en el Mar Menor sur. Foto: barcos en la laguna y, al fondo, El Carmolí.

“Debería crecer la navegación a vela y extinguirse la navegación a motor; hay puertos deportivos que deben reformarse o desaparecer”

Usted defiende la idea de un “decrecimiento” para el Mar Menor. ¿En qué consistiría básicamente?

Decrecer lo entiendo como balance negativo en el tiempo en términos energéticos o de consumo de materias primas, entre las actividades nuevas que van apareciendo y las antiguas que desaparecen o son más eficientes y consumen menos recursos por unidad de servicio prestado. Por ejemplo, puede crecer la navegación a vela y extinguirse la navegación con barcos a motor recreativo.

“Las segundas residencias permanentes en primera línea de playa son un despilfarro de suelo”

En vivienda deben de reconvertirse las segundas residencias permanentes en primera línea de playa que suponen un despilfarro del recurso suelo y evitan que haya una playa suficientemente alejada de la orilla, pero puede  primarse el establecimiento de algún hotel o similar en parte del  espacio que  liberan todas esas viviendas (siempre que no suponga riesgos). En agricultura el modelo ha de dirigirse a decrecer en términos de uso de espacio sensible a escorrentías, erosión de las parcelas, consumo de agua, agroquímicos y fitosanitarios que luego contaminan el mar Menor (y no siempre mejoran rendimiento ni ningún otro parámetro de calidad del producto final), etc. En turismo y usos recreativos, hay puertos deportivos que tienen que reformarse o desaparecer. Hay sectores que ya se están adaptado sin decirlo a esta tendencia (turismo, agricultura, promoción de viviendas), y otros que posiblemente, por presiones crecientes de sus clientes, competidores y de las normativas de calidad y el marco legal no les quedará más remedio que hacerlo. El decrecimiento en el Mar Menor Sur (litoral  de Cartagena) es especialmente prioritario de abordar, como el caso de Los Urrutias, Los Nietos, mar de Cristal o determinadas zonas de la Manga.

Construcciones de primera línea impiden la evacuación de aguas en épocas de tormenta en zonas como Mar de Cristal, con el consiguiente riesgo de inundaciones de viviendas. Foto: pista de tenis junto al paseo marítimo de Mar de Cristal.

“El Comité científico Asesor para el Mar Menor debería ir renovándose y adaptándose en el futuro”

Hay un Comité Científico Asesor para el Mar Menor, en el que el Gobierno autonómico dice basar sus actuaciones y expectativas. ¿Por qué no está usted en él?

–Mi tarea ha sido fundamentalmente de divulgación en este campo y orientada a la globalidad de la gestión ambiental. La divulgación es uno de los objetivos estratégicos de la Universidad Politécnica de Cartagena (www.upct.es) así como también de asociaciones con las que colaboro y tenemos convenio como la Asociación de Custodia del Territorio ACUDE (www.custodiadelterritorio.com).

Como cualquier funcionario, estoy a la disposición de lo que indique la administración pública, aunque hay personas de más nivel técnico que yo en este comité y, por lo tanto, el no estar no es algo que considere relevante. También es bueno que haya alguien desde fuera con criterio que pueda dar su opinión sin estar inmerso en el debate del Comité ni en los proyectos concretos que sobre el Mar Menor se desarrollen. El Comité debiera ir renovándose y adaptándose en el futuro, ya que hay algunos investigadores y grupos que me consta que no están en esta primera fase. Finalmente, mi conferencia está accesible en abierto para  el público y en castellano en https://www.youtube.com/watch?v=BvnRI1V72MY.

Mapa de zonas inundables.

Foto portada: Las playas actuales son difícilmente sostenibles en un escenario de cambio climático. En la foto, playa de Mar de Cristal, tras una tormenta en el mes de Agosto.