“Los hongos también mutan y evolucionan; la lucha contra ellos no tiene fin”


MARÍA JESÚS SEVILLA

Catedrática de Microbiología de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea. Especialista en Dimorfismo fúngico y Biología de los hongos microscópicos


Adelantos –¿Cómo de contagiosas son las infecciones por hongos?

Mª José Sevilla –No es fácil contestar de modo general a esta cuestión, pues unas son más contagiosas que otras, pero creo que podemos decir que son menos contagiosas que las producidas por bacterias o virus, dado que las infecciones por hongos, también llamadas micosis, son mucho menos frecuentes entre nosotros que las bacterianas o víricas, y raramente se producen epidemias por hongos.

–Usted ha trabajado, entre otras cosas, en la respuesta inmune a “Candida Albicans”, hongo temido especialmente por las mujeres. ¿Por qué es tan persistente?

–En primer lugar hay que decir que Candida albicans es un hongo microscópico que se encuentra en el medio ambiente asociado a plantas y animales, entre los que nos incluimos los humanos. Una gran cantidad de nosotros convivimos con este microorganismo que se encuentra sobre todo en las mucosas de la boca, el tracto gastro-intestinal, y la vagina femenina o en la piel, sin que nos ocasione ningún problema, conviviendo pacíficamente con otros microbios que también viven con nosotros. Sí que puede ser una amenaza cuando sufrimos alguna deficiencia en nuestro sistema inmunitario, bien por una enfermedad que afecta directamente al mismo, o a causa de un tratamiento dirigido a combatir otra enfermedad y que tiene como consecuencia inevitable el debilitamiento de dicho mecanismo de defensa. En esos casos, este hongo puede llegar a invadir otros tejidos, produciendo un amplio rango de infecciones, desde superficiales, en la piel, en la cavidad oral o en la vagina, hasta las más profundas y habitualmente graves que pueden afectar a órganos como el riñón, el hígado e incluso el cerebro. Excepto las infecciones vaginales que, evidentemente, sólo pueden afectar a mujeres, el resto son igual de amenazantes para varones y mujeres. Se estima que aproximadamente el 75% de las mujeres padecerán al menos una infección vaginal por Candida a lo largo de su vida fértil.

“Se estima que aproximadamente el 75% de las mujeres padecerán al menos una infección vaginal por Candida a lo largo de su vida fértil”
Candida albicans. Imagen de microscopía de fluorescencia.

Candida albicans. Imagen de microscopía de fluorescencia.

Ahora bien, en la mayoría de los casos, esa infección será tratada eficazmente con un antifúngico de uso tópico o administrado oralmente y desaparecerá en unos días. Sólo en algunos casos (aproximadamente un 5 % del total) la infección vuelve a aparecer una y otra vez, ocasionando una importante disminución de la calidad de vida de las mujeres que sufren estas recurrencias, aunque no amenaza la supervivencia. La verdad es que no se conoce a ciencia cierta la razón de la recurrencia de la infección en estos casos, aunque se piensa que depende más de factores predisponentes en las propias mujeres que de características propias del hongo. Esos factores subyacentes serían por ejemplo el embarazo, el uso de anticonceptivos hormonales, una diabetes mal controlada, o una dieta demasiado rica en azúcares, el uso de antibióticos de amplio espectro, o la terapia hormonal sustitutoria. Incluso puede haber características genéticas personales que predispongan a la recurrencia. Entre las características propias del hongo, la principal sería la resistencia de la cepa concreta que produce la infección a los antifúngicos utilizados en su tratamiento.

Crecimiento de Candida albicans en la superficie de un medio de cultivo.

Crecimiento de Candida albicans en la superficie de un medio de cultivo.

–Ciertos hongos proliferan en el organismo durante un tratamiento con antibióticos. ¿Por qué?

–Nuestro organismo es el hábitat de un número elevado de microorganismos; es nuestro microbioma, como se dice ahora, o nuestra microbiota como también se dice o, más antiguamente nuestra microflora natural, pese a que nuestros microscópicos compañeros no son plantas. Nosotros les proporcionamos a ellos alimento y condiciones confortables para su crecimiento y ellos, a su vez, nos prestan algunos servicios importantes. Cuando sufrimos una infección bacteriana, como una cistitis por ejemplo, el médico nos receta un antibiótico. Con frecuencia el antibiótico es de amplio espectro, es decir que es activo contra una amplia variedad de bacterias entre las que es muy probable que se encuentre la que nos está produciendo la infección. Pero muy posiblemente el antibiótico afectará, no sólo a la indeseable que nos mortifica, sino también a alguna de nuestras bacterias amigas. El hueco dejado por esa bacteria, o el nutriente que ella no consume, puede ser aprovechado por un hongo que hasta ese momento no era enemigo, estaba en equilibrio con el resto de nuestro microbioma o, sencillamente estaba excluido de nuestro organismo por dicha comunidad microbiana; pero al romper el equilibrio anterior, ese hongo prolifera e invade territorios que antes le estaban vedados, produciendo una nueva infección.

“El hueco que deja una bacteria amiga afectada por el antibiótico puede ser aprovechado por un hongo que, hasta ese momento, no era enemigo”
Lomentospora prolificans, hongo patógeno oportunista.

Lomentospora prolificans, hongo patógeno oportunista.

–Los hongos microscópicos ¿evolucionan, mutan, crean resistencias ante los medicamentos?

–En efecto, los hongos, como todos los seres vivos, pueden mutar y evolucionar desarrollando resistencias a los medicamentos que usamos para combatirlos. Podríamos decir que es como una versión del dicho “hecha la ley, hecha la trampa”. Descubrimos un hongo que causa una enfermedad y buscamos inmediatamente una sustancia que nos permita combatirlo, pero en cuanto empezamos a utilizarla sistemáticamente, estamos seleccionando mutantes que escapan a su acción y que por lo tanto sobreviven y proliferan, mientras que los sensibles son eliminados. Eso nos obliga a continuar la búsqueda de nuevos antifúngicos, a sabiendas de que es una lucha que no tiene fin. En algún tiempo creímos que acabaríamos con las enfermedades infecciosas, pero hoy no parece posible tal utopía. Tenemos que conformarnos y esforzarnos en prevenirlas, diagnosticarlas correctamente cuando se producen a pesar de todo y buscar nuevos tratamientos eficaces.

“En algún tiempo, creímos que acabaríamos con las enfermedades infecciosas; hoy, es una utopía”
Crecimiento de Lomentospora prolificans en la superficie de un medio de cultivo.

Crecimiento de Lomentospora prolificans en la superficie de un medio de cultivo.

–Al parecer, sólo conocemos el 7% de todas las especies de hongos existentes. ¿Pueden estar causando más dolencias de las que pensamos?

–Habitualmente lo que mejor conocemos es aquello que nos es más próximo, especialmente si nos causa algún problema. Sencillamente, ponemos más interés en conocerlo. Uno de los motores que, en el siglo pasado, empujaron el desarrollo de la microbiología, de la que la micología es una parte, fue el descubrimiento de los microbios que causaban las enfermedades infecciosas. Y la verdad es que la mayoría de ellos fueron descubiertos en un tiempo relativamente corto. Pensemos en la tuberculosis, el cólera o la sífilis, por poner algunos de los ejemplos más paradigmáticos, todos ellos de origen bacteriano. En cuanto a los hongos, hay que decir que en general, son poco virulentos para el hombre. De las aproximadamente 100.000 especies conocidas, sólo unas 200 están relacionadas con infecciones humanas o micosis. No hay razón para pensar que entre los que aún no conocemos la proporción de patógenos sea mayor. Al contrario, como ya he comentado, siempre nos ha interesado saber quiénes eran nuestros enemigos para combatirlos más eficazmente.

Lo que sí es cierto es que, a veces, somos nosotros los que facilitamos la vía de entrada a las micosis. Nuestra medicina es tan exitosa que actualmente sobrevive un gran número de personas que tienen un sistema inmunitario deficiente. Son los trasplantados, los enfermos de cáncer tratados con quimioterapia, los enfermos de SIDA, los ancianos, entre otros. Esa deficiencia permite que microorganismos que normalmente no serían capaces de invadir el organismo humano, porque el sistema inmunitario se lo impediría, lo hagan y puedan incluso poner en riesgo su supervivencia. Es lo que llamamos patógenos oportunistas y de esos sí hay algunos entre los hongos, pero la mayoría de ellos ya los conocíamos con anterioridad.