PORTUGAL. Nuevo paso para detectar vida en exoplanetas


(Mayo 2015). En 1584, Giordano Bruno escribía una lección de astronomía adelantada siglos a su tiempo. En su libro ‘De l’infinito universo e mondi’ afirmaba: “Existen innumerables soles; hay innumerables tierras que dan vueltas alrededor de estos soles, de manera similar a la que nuestros siete planetas dan vueltas alrededor de nuestro sol”. Giordano fue llevado a la hoguera en 1600 por hereje. Tuvieron que transcurrir más de 400 años para que se demostrase que tenía razón.

Hace 20 años, dos investigadores de la Universidad de Ginebra descubrieron el primer cuerpo orbitando otro sol, el primer exoplaneta. Su nombre temporal es Pegasi 51-b, un planeta de tamaño parecido a Júpiter, pero mucho más cercano a su estrella. Está a 50 años luz en la constelación de Pegaso, nuestro vecindario cósmico, y a la vez a una distancia incomprensiblemente grande para nuestro cerebro. Con la nave más rápida que hemos creado, la Voyager 1 –que ya ha salido del Sistema Solar y está viajando a 60.000 kilómetros por hora– tardaríamos en llegar a ese exoplaneta unos 900.000 años. Por poner esa cifra en contexto, hace 900.000 años la especie Homo sapiens no existía y la tecnología de los homínidos de esa época eran el fuego y el tallado de piedras. Las estrellas están muy lejos.

Pero se siguen encontrando exoplanetas

Y entre todos estos mundos, Pegasi 51-b, ese primer exoplaneta, ha vuelto a tener relevancia. Un equipo de astrónomos liderados por Jorge Martins, investigador del Instituto de Astrofísica e Ciências do Espaço (IA) y la Universidade do Porto, han ideado un nuevo e importantísimo método con el que poder analizar la atmósfera de este planeta. Hasta ahora, un planeta tenía que pasar por delante de su estrella para que los investigadores pudieran analizar su atmósfera desde la Tierra: es el método de tránsito. El equipo del profesor Martins ha ideado un nuevo método con el que se puede analizar en la parte del espectro electromagnético visible la atmósfera de un planeta solo con el reflejo de su luz, sin que tenga que ocurrir ese tránsito.

Jorge Martins lo explica: “Este tipo de técnica de detección tiene una gran importancia científica, ya que nos permite medir la masa real del planeta y su inclinación orbital, lo cual es esencial para una mayor comprensión del sistema. También nos permite estimar la reflectividad del planeta, o albedo, lo que puede ser usado para inferir la composición de su superficie y su atmósfera”, afirma.

Las implicaciones de este descubrimiento son sobrecogedoras. En un futuro no muy distante podremos analizar las atmósferas de planetas más pequeños y a la distancia apropiada de su estrella. Planetas que quizás tengan vida, quizás incluso vida inteligente. Sea el tipo de vida que sea, existirán biomarcadores en su atmósfera (por ejemplo, una alta presencia de oxígeno) que no podrían explicarse sin fenómenos biológicos.

Giordano Bruno continuaba en aquel libro: “Existen seres vivientes que habitan esos mundos”. Quizás en un futuro no muy lejano la humanidad pueda demostrar también esa afirmación. (Enrique Gato Aliste / DICYT)