ECUADOR. Recopilan hechos y datos olvidados sobre el descubrimiento de la quina


Estudiantes de la UDLA investigan los orígenes de la quina y enfatizan en que las propiedades de esta planta fueron descubiertas en el sur del Ecuador

 

Tras una recopilación académica e histórica acerca de la quina, realizada por varios autores ecuatorianos, estudiantes de medicina de la Universidad de las Américas (UDLA) concluyeron que el hallazgo de las cualidades curativas de esta planta son resultado del descubrimiento de un indígena del austro ecuatoriano, Pedro Leyva. El estudio pretende demostrar que al Ecuador se le quitó protagonismo y no es reconocido en la historia medicinal de esta planta.

La quina es un árbol originario de América del Sur, reconocido por sus propiedades medicinales. Además, es un agente contra la fiebre, especialmente útil en la prevención y tratamiento de la malaria. Otras propiedades curativas de esta planta son las de: anestésico antioxidante, antibiótico, antiséptico, astringente e incluso digestivo.

En la historia farmacológica y botánica de este árbol se destacan países como Perú, donde el árbol incluso forma parte de su escudo; además, se reconoce el papel de los jesuitas en la expansión de la quina por Europa, sin embargo, su descubrimiento en el Ecuador tiene poca relevancia en el mundo.

Quina, planta medicinal.

Quina, planta medicinal.

¿Quién fue Pedro Leyva?

Mediante la metodología de compilación y revisión de distintos textos históricos, lo estudiantes investigaron al principal descubridor de la quina en el Ecuador: Pedro Leyva.

Leyva nació en Malacates, actual provincia de Loja, Ecuador, a principios del siglo XVII, y realizó un auténtico descubrimiento científico: el alivio de los síntomas de la malaria. Para llegar a este conocimiento, Leyva utilizó de manera intuitiva el método científico.

Al sufrir de fiebre, posiblemente originada por la malaria, Pedro se bañaba en un río de su localidad, rodeado de unos árboles determinados. Cada vez que hacía este proceso notaba que sus fiebres disminuían. Posteriormente, comunicó este hallazgo a otras personas de su tribu que también padecían de estas fiebres, y el resultado fue el mismo: las fiebres misteriosamente desaparecían. Lo que Pedro Leyva en su razonamiento hizo fue el “principio de reproductibilidad” de la ciencia. Siguiendo su intuición y razonamiento lógico, Leyva llegó a la conclusión de que los árboles que había en ese río en concreto, eran la causa de que se aliviasen los síntomas de las fiebres. Al observar y explorar la corteza de la “kinia” (nombre en quichua) Leyva se dio cuenta que las ramas, el tronco disecado y la raíz eran las partes de la planta que tenían cualidades medicinales.

 La quina en el mundo: marginación del descubrimiento

Cuando el padre jesuita Juan López en su misión en Malacates contrajo una fuerte infección que le provocó fiebre, fue curado con la corteza de quina suministrada por Pedro Leyva. De esta manera, la medicina occidental entró en contacto con el conocimiento de los indígenas malacatos.

En 1639, Juan de Vega, médico del Virrey del Perú, enfermó de fiebre de modo que los padres jesuitas le administraron la corteza antes ya utilizada, quien mejoró notablemente. Cuando la esposa del Virrey del Perú, Francisca Enríquez, condesa de Chinchón, contrajo malaria aplicaron el mismo procedimiento, obteniendo muy buenos resultados.

El descubrimiento fue anunciado por el padre jesuita Alonso Messia Venegas desde Ecuador, específicamente desde Loja llegando a Roma. De esta manera la quina formó parte de los escasos medicamentos con los que se contaba en el siglo XVII. El medicamento fue enviado en forma de polvo, la famosa cascarilla de la quina, y pronto se volvió uno de los medicamentos más cotizados y demandados de la época.

Según diario El Mercurio, el negocio de la quina favoreció tan poco a sus orígenes verdaderos que hasta los nombres con la que era conocida le hizo perder cualquier mérito a Pedro Leyva. La cascarilla de la quina era conocida internacionalmente como “Los Polvos de la Condesa” o como “Los Polvos de los Jesuitas”. El reconocimiento de este árbol en el Ecuador ha sido poco visible, así como la honra a la memoria de quien lo descubrió.

Actualidad: los errores continúan

Aún en la actualidad, existen ciertos recursos descubiertos en el Ecuador que por falta de interés o herramientas han sido llevados fuera de su origen para ser registrados o patentados por otros países. Un claro ejemplo de esto es la guayusa, una planta de la amazonia ecuatoriana que la compañía Runa LLC produce, procesa y exporta en EE.UU.

Esta es la primera generación de estudiantes de medicina en el Ecuador que se dedica a rescatar la importancia de los conocimientos ancestrales, además, de crear conciencia en la importancia de sus recursos. “Debemos aprovechar que tenemos un país mega diverso, rico en flora y fauna, un país que es pluricultural, que tiene conocimiento ancestral”. Más allá del reconocimiento internacional, el objetivo es reasignarle su verdadero valor a las riquezas naturales y saberes tradicionales del país. (Paula Altamirano/DICYT)