“Si no hubiera presión selectiva, como la de los antibióticos, las bacterias no se harían resistentes”


A principios de los 60 (siglo pasado, claro) la penicilina llevaba dos décadas de exitosa y universalmente celebrada eficacia contra todas las cepas de estafilococos; por entonces, el responsable de Salud Pública de EEUU, William Stewart, dijo públicamente que había llegado el fin de las enfermedades infecciosas. Como apunta Bill Bryson en su también celebrado libro “Una breve historia de casi todo”, en aquel mismo momento, alrededor del 90% de las cepas estaban en un proceso que les permitiría hacerse inmunes a la penicilina. Desde entonces, los microorganismos no han dejado de ir por delante de los antibióticos. Según Bryson, sólo en los hospitales estadounidenses, mueren de infecciones contraídas en ellos 14.000 personas al año. “Tal vez -remata- no esté muy lejano el día en que necesitemos desesperadamente un antibiótico y no tengamos ninguno al que recurrir”. 

JOSÉ LUIS MARTÍNEZ. Profesor de  investigación del Centro Nacional de Biotecnología (CSIC). Especialista en resistencia a los antibióticos

JOSÉ LUIS MARTÍNEZ. Profesor de investigación del Centro Nacional de Biotecnología (CSIC). Especialista en resistencia a los antibióticos.


 

¿Qué son “patógenos oportunistas”

–Son un tipo de microorganismos que no infectan habitualmente a individuos sanos, pero sí lo hacen en personas con una patología previa o inmunodeprimidos. Es debido a que un individuo sano tiene una serie de sistemas de defensa frente a la infección que son menos eficaces, o directamente están ausentes, en el tipo de pacientes que son infectados por los patógenos oportunistas. Dentro de la población en riesgo tenemos los individuos inmunodeprimidos, incluyendo los que han recibido un transplante, los que están bajo tratamiento anticancerígeno, o los enfermos de SIDA que, al no tener una defensa eficaz, pueden ser infectados por microorganismos poco virulentos que no infectarían a un individuo sano. Otro grupo de riesgo son los pacientes con fibrosis quística o con enfermedad pulmonar obstructiva crónica, que tienen infecciones pulmonares constantes por patógenos oportunistas. También son poblaciones de riesgo los individuos que han sufrido cirugía o quemaduras importantes, al romperse la barrera protectora de la piel, así como intubados, cateterizados y, en general, individuos debilitados. Por este motivo, los patógenos oportunistas son un grave problema en los hospitales, que son los lugares en los que se encuentra con más frecuencia estos grupos de población en riesgo de infección por dichos patógenos.

“Los patógenos oportunistas son un grave problema en los hospitales”

–¿Por qué los microorganismos se hacen resistentes a los antibióticos?

–Hay que distinguir dos tipos de resistencia. Existe la resistencia intrínseca (todos los microorganismos de una cierta especie son resistentes) que se ha adquirido a lo largo de millones de años de evolución, antes del uso de antibióticos por el ser humano, en base a las presiones selectivas existentes en los ecosistemas naturales. Tras el uso de los antibióticos para el tratamiento de las infecciones, pero también en producción animal, los microorganismos se enfrentan a una presión selectiva letal y comienzan a aparecer bacterias resistentes como consecuencia de dicha selección. Desde un punto de vista genético, la resistencia se adquiere, bien mediante mutaciones, bien en base a la adquisición de un gen que produce resistencia a partir de otro microorganismo. Este proceso, que se denomina transferencia horizontal de genes, permite que un organismo pueda adquirir de otro genes que le beneficien, como son los genes de resistencia en este caso o los factores de virulencia de los que hablaremos posteriormente.

“Tras el uso de antibióticos, en infecciones o en producción animal, aparecen bacterias resistentes”

–Los microorganismos ¿se vuelven resistentes sólo por los antibióticos, o lo harían de todas formas por otras causas?

–Hay organismos que son intrínsecamente resistentes a los antibióticos, y esa resistencia se ha obtenido en los ecosistemas naturales antes del uso humano de los antibióticos. Las bacterias que eran sensibles antes de que los antibióticos se comenzaran a utilizar para el tratamiento de infección y en producción animal se han vuelto resistentes esencialmente debido al uso de antibióticos. Existen otros compuestos, llamados biocidas, que se encuentran con frecuencia en productos de limpieza, cosmética, ropa y otra serie de productos de amplio consumo que, al menos en el laboratorio, pueden seleccionar bacterias resistentes a los antibióticos, pero las evidencias acerca de si su uso incrementa de modo sustancial la resistencia que se selecciona directamente por el uso de antibióticos no son concluyentes. Si no hubiera presión selectiva de ningún tipo, las bacterias no se harían resistentes porque, aunque este tipo de mutantes estén presentes en la población, no serían seleccionados.

“Los biocidas en productos de limpieza, cosmética, ropa, etc, podrían estar incrementando la resistencia de las bacterias, pero no hay pruebas concluyentes”

–Cuando una bacteria como el estreptococo A pasa de ser inofensiva a causar de repente al individuo que la llevaba una enfermedad rápida y mortal, ¿qué ha pasado?

–En general, la capacidad para producir una infección de una bacteria depende tanto del estado del individuo como de la evolución de la bacteria. Los que podríamos llamar “patógenos profesionales” han adquirido de otras bacterias una batería de genes (factores de virulencia) que les permiten infectar individuos sanos. Es un proceso evolutivo semejante a la adquisición de resistencia, pero, en este caso, dirigido hacia la infección. Hay también especies, como Escherichia coli, que tienen diferentes tipos de linajes evolutivos; algunos miembros de esta especie bacteriana son comensales de los humanos, mientras que otros han adquirido distintos factores de virulencia y se han hecho patógenos. Por último, están los patógenos oportunistas, para los cuales lo fundamental es el estado del individuo. Dentro de los procesos de infección, existe también la situación de persistencia. El patógeno está dentro del individuo, pero no produce infección. Se está trabajando muy activamente en este campo y se sabe que ciertos microorganismos son capaces de persistir en determinados órganos o en ciertas estructuras subcelulares, pero la señal que hace que cambien de este estado “latente” a una situación infectiva se desconoce, por regla general.