CHINA TIENE UN PLAN (pero… ¿nos incluye a todos?)

–El gran sueño de China–El rap del buen estudiante–Inteligencia artificial para todos–¿Fronteras? ¿Qué fronteras?–Viento del Este, viento del Oeste–El curioso asunto de Covid-19–¿Cuándo empezó la Tercera Guerra Mundial?–¿Podemos vivir sin…»eso»?

El lector medio de cualquier parte del mundo lleva tiempo preguntándose cuál es el poder real de China sobre el resto del mundo, empezando por los 1.400 millones de chinos que no pueden dejar de sentirlo. Creemos saber que hay un proceso en marcha y nos avenimos a nombrarlo con palabras compatibles con la siembra de algún poema épico: “la Ruta de la Seda”. Si nos hemos interesado lo bastante, quizá lo identificamos por sus siglas en inglés: BRI. Tal vez estamos también al tanto de ese despliegue de instrumentos, medios, organismos que han ido apareciendo, uno tras otro, en los últimos años, como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (AIIB) o esas disposiciones colaterales —todas en lenguaje impreciso y bonancible— recogidas, por ejemplo, en el documento del presidente chino Xi Jinping “La gobernación de China”. Probablemente sabemos también que las partes de ese despliegue avanzan en precisa confluencia para que “todo” alcance un culmen conjunto en el 2035, centenario del liderazgo de Mao. Si el tema nos ha interesado de veras durante un tiempo, al final, de lo que ya seremos conscientes sin remedio es de que, con lo que ignoramos sobre todo eso, podría escribirse un buen libro.
    
Es lo que ha hecho Claudio F. González, economista e ingeniero, con “El gran sueño de China” (Editorial Tecnos 2021) un macrorreportaje en forma precisamente de libro, donde el interesado lector va encontrando respuestas a preguntas que quizá ni se había hecho, y viendo brillar, página a página, los hilos de la inmensa telaraña. González no habla de oídas, ni de leídas: entre 2014 y 2020, fue director en China de la Universidad Politécnica de Madrid para Asia, y ha sido también co-director del Campus sino-hispánico de la Universidad de Tongji en Shanghai. Al lector puede resultarle hasta excesivo, pero el autor acredita exhaustivamente sus fuentes, en caracteres chinos si hace falta –y vaya si hace falta— alejando de sus observaciones todo lo posible el fácil achaque de lo incontrastado y lo especulativo.

EL GRAN SUEÑO DE CHINA
     Entre lo que sabíamos y lo que sabemos ahora por el libro de González, hay aspectos del paisaje entrevisto, puntas sobresalientes, que —aunque los límites naturales del interés y la atención impongan su mecánica selectiva en cada cual— cuesta mucho pasar por alto.

Xinjiang, una extensa y marcada ruptura de la "armonía" china
Xinjiang, una extensa y marcada ruptura de la «armonía» china

     Para empezar por el país mismo, ¿cómo se ven a sí mismos sus habitantes? En China hay 600 millones de cámaras (¿sabíamos eso?) grabando a la gente todo el tiempo por todas partes. El metro de Shanghai, en particular, tiene 30.000 cámaras para reconocimiento facial. Por supuesto, periódicamente, se informa a la población de cuántos delincuentes y criminales han sido detenidos gracias a eso. Las tecnologías más avanzadas de aquel país están ligadas al reconocimiento de rostro y voz. Sus firmas, ya líderes a nivel mundial, son utilizadas en diagnóstico médico, educación, vigilancia gubernamental, pagos automáticos, acceso a datos y cooperación con organismos del gobierno, con algunos de los cuales, como el Ministerio de Seguridad Pública chino, intercambian datos. Existen parámetros antropométricos de todos los habitantes de China, uno por uno —y también, sí, de los extranjeros que entran en el país— en poder del gobierno y puestos por este a disposición de determinadas empresas. Blockchain, que en otros países es un sistema de asegurar, descentralizar y proteger operaciones digitales resguardándolas de intervención o manipulación ajena, en China es, por voluntad de Xi Jinping, un sistema con identificación obligatoria, centrado en el control social. La Ley de Ciberseguridad china obliga a localizar datos personales y cualesquiera otros que sean requeridos por el gobierno.
     En la región de Xinjiang, con una particular concentración de uigures, kazajos, kirguises, mongoles y huis, es obligatorio instalarse una aplicación en el móvil que permite a la policía rastrear la posición del poseedor y acceder a los mensajes enviados. Hay campos de confinamiento cómodamente controlados con la inapelable ayuda de las nuevas tecnologías.

     Esas tecnologías chinas no son sólo para China: Malasia, Zimbabue, Camboya, Uganda y otros países las emplean (mediante acuerdos con Yitu y CloudWalk, por ejemplo) para reconocimiento facial al servicio de la policía, para anticiparse a cualquier clase de activismo social, o para aplicar soluciones parecidas a las de Xinjiang. Pero la disponibilidad de datos no lo es todo: China ha trasladado la carrera de los supercomputadores etc, en otra dirección: la computación neuromórfica: ordenadores que calcularán de forma similar al cerebro humano.

EL RAP DEL BUEN ESTUDIANTE
    
El ciudadano chino necesita contar con la confianza de la autoridad, cosa que sólo concede… la autoridad, después de evaluar con todas las tecnologías disponibles su vida, incluyendo su comportamiento en el ciberespacio, un punto nada baladí si se tiene en cuenta, como lo tiene González, que el sistema de Pagos Alipay, integrado en Alibaba, informa puntualmente de todo tipo de transacciones, actividades bancarias y relaciones sociales del usuario. El dictamen final es inapelable (¿ante quién se iba a apelar?) y de esa puntuación total dependen cosas como el permiso de acceso a servicios públicos o no públicos, facilidades, dificultades o imposibilidades de subir a un avión o un tren de alta velocidad; alquilar, comprar, reservar en un hotel, u obtener la licencia para… matrimoniar.
     Por otra parte, el guasap chino informa de si el receptor ha leído el mensaje, registra dónde se encuentra éste y hace un informe diario para su empresa sobre tareas pendientes. Y, claro, sirve para justificar despidos. Otra aplicación tecnológica permite cambiar las caras de, por ejemplo, actores de televisión y cine que se han “portado mal” o no han seguido las indicaciones del Partido: son sustituidas por otras caras, para no tener que cancelar el programa. El resultado es indistinguible de la realidad.
     El profesorado universitario está obligado en China a asumir un código de conducta editado por el Ministerio de Educación, según el cual, “los profesores deben guiarse por el pensamiento de Xi Jinping sobre el Socialismo con características chinas para una Nueva Era (…) defender el liderazgo del Partido Comunista chino y seguir sus políticas sobre Educación (…) no deben expresar puntos de vista que socaven la autoridad del Partido o que contradigan sus políticas y directrices”. Las Universidades concentran sus recursos en el desarrollo de determinadas tecnologías, como captura de información, modelado de datos, sensores, sistemas hápticos, presentación de la información, procesado audivisual, sistemas de realidad virtual y aumentada..

Universidad de Ciencia y Tecnología Electrónica de China
Universidad de Ciencia y Tecnología Electrónica de China

     Los estudiantes de Secundaria tienen cursos sobre minería de datos, modelado del cerebro o interacción cerebro-máquina. La educación funciona por proyectos, algunos con títulos tan curiosos como “chat robotizado”, “predicción del medallero olímpico”, o “monitorización de la opinión pública”.
     En la escuela, niños y niñas pueden llevar cascos y diademas que miden su grado de atención clasificándolos según patrones de comportamiento que especifican si el alumno está leyendo, escribiendo, escuchando; hasta leen los apuntes que ha tomado. Tales tecnologías incluyen la identificación de expresiones faciales y el estado de ánimo que estas indican, y se prueban en los colegios sin que éstos suelan pedir el consentimiento ni de alumnos ni de padres.
     El sistema educativo y el zarzal de nuevas tecnologías tienen un punto de encuentro en el Plan para el Desarrollo de la Siguiente Generación de Inteligencia Artificial. La natural no goza ahora mismo de gran predicamento en ningún sitio, pero en China… En China, los raperos famosos no son los que critican y cuestionan el poder, sino quienes lo ensalzan.

INTELIGENCIA ARTIFICIAL PARA TODOS
    
En China, el gasto sanitario es menor que en Thailandia (¿sabíamos eso?) de modo que equivale a la cuarta parte que en Corea o a la décima que en Alemania. Los tratamientos en los hospitales no son gratuitos, y la mayor parte de los servicios de Sanidad son de pago. Los ciudadanos que no residen en el sitio asignado por la Administración no tienen derecho a sanidad básica de ninguna clase; más de 200 millones viven así.
     El elevado sentido ético que, desde aquí, se atribuye a la sociedad china queda en entredicho ateniéndose “sólo” a los casos que llegan a ser conocidos… desde aquí. Conocidos allí, González enumera como ejemplos: la leche para niños a la que se había añadido melamina, las vacunas caducadas circulando por el país gracias a un entramado de laboratorios, médicos y hospitales; la carne podrida, desenterrada y vendida; las toneladas de oro falso procedentes de una compañía de Wuhan que asegura préstamos extraoficiales a quienes no pueden obtenerlos por la vía convencional.
     La corrupción funcionarial —todos los funcionarios son miembros del Partido— se basa, como la nuestra, en empresas y empresarios, pero se diferencia en que allí su objetivo principal es la prosperidad personal del funcionario dentro del sistema.
     En China, donde no hay nada parecido a sindicatos de trabajadores, el 1% de la población tiene el 40% de la riqueza (¿lo sabíamos?) de modo que el país tiene uno de los índices de disparidad económica (el índice Gini) más grandes del mundo.

Xi Jinping y su mayor aliado en el mundo, Vladimir Putin
Xi Jinping y su más poderoso aliado en el mundo, Vladimir Putin

     Una de las ideas o conceptos acuñados y promocionados por el líder Jinping es El sueño de China, convertido ya allí en frase obligada y ubicua. Para hacer de China una empresa tan eficiente, en grande, como Singapur —que es su modelo declarado en pequeño— se precisa un uso intensivo de la tecnología, confiando, por ejemplo, a la inteligencia artificial (IA) la supervisión de los subordinados, la anticipación a desviaciones del comportamiento, guiando a los empleados, microgestionando su actividad. No es locura preguntarse, pues, cuántos de nosotros en tal empresa no estaríamos ya despedidos (no nos detengamos en qué pueda significar “despedidos”) aun habiendo completado con éxito el proceso de pasar de ciudadanos a consumidores cómodos y seguros bajo el principio universal de “come y calla”.

¿FRONTERAS? ¿QUÉ FRONTERAS? 
     Podemos pensar en China como un huerto donde Occidente va poniendo sus plantíos, servidos por mano de obra barata, pero China invierte más en Europa que a la inversa desde 2016; una inversión creciente dedicada prioritariamente a la tecnología, mientras que casi no existen compañías europeas de nuevas tecnologías y gran tamaño en el mercado chino, con las excepciones de Siemens y Airbus. Ciertas plataformas chinas van ganando terreno fuera de allí en conducción automática (Baidu) ciudades “inteligentes” (Aliyun) computación en la nube (Alibaba) reconocimiento de imágenes médicas (Tencent) o aplicaciones inteligentes de voz (iFlytek). Algunos de los proyectos en desarrollo en China —recordemos: nada se hace allí sin los auspicios del gobierno— son, por ejemplo: “replicar cualquier tipo de voz” (Baidu-Deep voice) “seguimiento de sospechosos y anticipación de conductas criminales” (Policy Cloud) o “monitorización ciudadana” (Xio Liange). Muchas de las compañías emergentes chinas tienen centros de investigación, desarrollo e innovación en otros países, especialmente en EEUU. Apple no está prohibida en China, sino que mantiene allí dos millones de desarrolladores de aplicaciones que llevan cobrados de esa firma por encima de 17.000 millones de dólares, más que en ningún otro país. Por supuesto, Apple tiene buen cuidado de cumplir la regulación china sobre el ciberespacio. Google, que sí está prohibida en China, conserva allí sin embargo un centro de investigación y otras actividades en segundo plano.

VIENTO DEL ESTE, VIENTO DEL OESTE
    
En 2019,  “un informe del Banco Mundial —escribe Claudio F. González— sobre la BRI identificaba 70 corredores económicos de la BRI que conectaban diferentes países con China y que conjuntamente significaban el 40% de su comercio de mercancías global”.
     En Marzo del 2019, Italia entró a formar parte del Fondo de la Ruta de la Seda, cuya finalidad es financiar infraestructuras que conecten Europa, África y Asia a través de Oriente Medio, convirtiéndose en el primer país del G-7 que se integra en él (la reciente e imparable penetración comercial de China en Latinoamérica necesitaría un extenso capítulo aparte).
     La Audiencia Nacional Española había admitido a trámite en 2006, y estudió en los años siguientes, una causa abierta contra cinco líderes chinos por el genocidio cometido en el Tíbet en los años 80 y 90 del siglo XX. Tal actuación era un efecto de la jurisdicción universal de la Justicia y, por supuesto, había más causas en marcha —once— que involucraban a países como Guatemala, Ruanda, EEUU o Israel. La causa abierta por los sucesos del Tíbet irritaba de un modo especial al gobierno chino, que presionaba bajo mano al español para que se desentendiera del tema.”¡Que sigan adelante si se atreven!” había dicho uno de los jerarcas de aquel régimen.

Entrada de la Audiencia Nacioanl de España
Entrada de la Audiencia Nacional de España

     La escasa capacidad de resistencia del Gobierno español era un hecho conocido por todos, y la reforma legal no se hizo esperar. Anteriormente, en 2009, la presión de EEUU e Israel sobre el gobierno Zapatero ya había conseguido de éste una primera reforma legislativa que limitaba el alcance de la jurisdicción universal de nuestra Justicia. La siguiente reforma recortando la juridiscción universal, esta vez para contentar a China, fue votada en el Congreso en Febrero de 2014, bajo el gobierno Rajoy. Desde Mayo del 2020, España forma parte del AIIB (el ya mencionado Banco Asiático de Inversión en Infraestructura) creado por China en Octubre del 2014. Un reciente informe de la ONG Safeguard Defenders ha llamado la atención sobre el siguiente asunto: España es el único país occidental que extradita taiwaneses a China: entre 2016 y 2019, deportó a China 219 ciudadanos de Taiwan, país que vive ahora mismo bajo la amenaza de ser invadido por China en cualquier momento.

EL CURIOSO ASUNTO DE COVID-19
    
De un modo u otro, la sensación general respecto a Covid-19 es que es un asunto  de raíz “sólo” china. ¿Por qué? Quizá porque el Director General del Centro para la Prevención y control de Enfermedades de China, Gao Fu, quien ya había gestionado epidemias H5N1, SARS, H1N1 y H7N9 entre 1996 y 2012, dijo en 2019: ”Tengo mucha confianza en que el caso del SARS no vuelva a ocurrir (…) Podemos bloquear el virus en cuanto aparezca”. O porque el 30 de Diciembre de 2019 —la pandemia se había iniciado, como mínimo, un mes antes— la doctora Ai Fen, del Hospital Central de Wuhan, comunicó a sus colegas que era un nuevo tipo de coronavirus y que había transmisión entre personas; el gobierno de la ciudad lo negó al día siguiente. O porque el laboratorio que primero publicó la secuencia del genoma del virus, el Shanghai Public Clinical Centre, cerró… al día siguiente. También cuenta que China se saltó el Reglamento Sanitario Internacional de la OMS —del que es firmante— que obliga a informar en un máximo de 24 horas de cualquier cosa que pueda constituir una emergencia de salud pública internacional. Lo que entra en colisión con el hecho, resaltado por González, de que, cuando la epidemia estaba en su apogeo en China y aún no se había desatado en Europa, la comunidad china que vivía fuera de China ya aconsejaba a sus miembros qué hacer, sin importar las directrices fuera dando el gobierno del país donde se viviera.
     En los primeros momentos, la habilidad de los internautas chinos para esquivar la censura de su gobierno desbordó con sus críticas a una Administración que, poco después, ya había borrado las menciones a los errores de gestión y encarcelado o hecho desaparecer a sus autores, como el periodista Chen Qiushi, en paradero desconocido.
     El Ministerio de Educación chino dio una instrucción (retirada en cuanto se produjo la consiguiente reacción internacional) según la cual “cualquier artículo científico que trate la cuestión del origen del coronavirus debe ser estrictamente gestionado” (el subrayado es mío).

Instituto de Virología de Wuhan, China
Instituto de Virología de Wuhan, China

El “disciplinado carácter chino” durante la pandemia —según el libro— se basa en comités vecinales monitorizando quién entra, quién sale, quién aparca; informando sobre actividades sospechosas (¿de qué?) movimientos de extranjeros, etc. Para el ciudadano chino medio, durante la pandemia, la tecnología ha pasado a ser percibida como lo que ofrece más seguridad.
     Sobre cómo ha afectado realmente la pandemia a China no sabemos más que lo que su régimen quiere que sepamos en cada momento, así que ninguna certidumbre acompaña a los datos que periódicamente se nos suministran.
     “En interés de la paz —ha dicho Xi Jinping— debemos impulsar un profundo sentido de comunidad de destino compartido”, una frase que encuentra hondas resonancias en los españoles que vivieron –con Franco– “cuarenta años de paz” bajo la definición oficial de su país como “una unidad de destino en lo universal”.
     Dejo a la consideración del lector la primigenia e insistente duda sobre el origen natural o artificial de tan inquietante virus, emergido a unos pocos kilómetros del Instituto de Virología de Wuhan, donde —conviene no olvidarlo— también trabajan manos e inteligencias africanas, europeas y americanas.
     Llegados a este punto, ¿cómo no citar literalmente este párrafo de Claudio F. González?: “…la teoría standard de cambios de poder mundial predice que, cuando el poder emergente percibe que el país dominante está en declive, no ceja en probarlo en todas las circunstancias propicias, y especialmente si se encuentra en situación vulnerable como puede ser el caso el covid-19, una estrategia que parece estarse cumpliendo a rajatabla”.

¿CUÁNDO EMPEZÓ LA TERCERA GUERRA MUNDIAL?
    
Pero la primera inquietud, incluso para el lector no predispuesto a ello, que el libro transmite, porque lo trata desde el inicio, es saber que ni el régimen de Mao ni el de Xi Jinping han hecho tabla rasa con el pasado. Muy al contrario, se tuvo y se tiene muy presente allí que en el siglo XVIII el imperio chino abarcaba un tercio de la Humanidad. Que Portugal, Gran Bretaña, Estados Unidos, Rusia (sí, también Rusia) y Japón fueron liquidando todo eso hasta el llamado —y sentido— por los chinos “siglo de la humillación”, a partir del cual todo fueron derrotas y concesiones, hasta el triunfo de Mao en 1949.
     China tiene un plan bajo la convicción tácita —dice González— de que “no quiere ser una nación poderosa, sino que lo merece”. Su paciencia y perseverancia, ése es el plan, dice el autor. Citados por él mismo, Taylor, Frantz y Wright han escrito: “…las democracias deben desarrollar nuevas soluciones y el liderazgo para asegurar que los beneficios de la tecnología en el siglo XXI no se convierten en una maldición”.

Máxima extensión del imperio chino en el siglo XVIII
Máxima extensión del imperio chino en el siglo XVIII

     Algunos analistas infieren una estrategia china para quedarse con infraestructuras críticas en países que no son capaces de pagar su deuda, cuyo mejor ejemplo sería el puerto de Hambantota, en Sri Lanka, cedido a China en 2017 por 99 años a cambio de la condonación de la deuda.
     En 2020, China ya tenía más representaciones diplomáticas por el mundo que EE.UU. China ha ido aumentando el presupuesto militar y ha modernizado su ejército. Tiene una base militar en el cuerno de África, asesores militares en varios países africanos y planes para reclamar soberanía sobre una parte del archipiélago de las Paracelso, en riguroso paralelo con su aliado del momento, Rusia, que también tiene planes de ese tipo para su propio entorno geográfico. Xi Jinping es comandante en jefe de las fuerzas armadas chinas; sólo Mao antes que él había detentado ese cargo. En 2018 modificó la Constitución para dar al Partido Comunista absoluto control sobre cualquier aspecto social o económico e introdujo en ella su propio punto de vista (“El pensamiento de Xi Jinping”). Se ha asegurado, evidentemente, su permanencia más allá de 2022, límite previsto para sus dos mandatos. González recoge en su libro una cita imposible de pasar por alto en este contexto: es el moderno concepto de la guerra sustentado por el Ejército de Liberación del Pueblo, según el cual, la guerra moderna “es una confrontación de sistemas (…) que tiene lugar no sólo en los ámbitos físicos tradicionales de la tierra, el mar y el aire, sino también en el espacio exterior, en el ámbito no-físico del ciberespacio, el dominio electromagnético, e incluso en el ámbito psicológico”. Según eso, estamos ya inmersos en la Tercera Guerra Mundial.

¿PODEMOS VIVIR SIN… «ESO»?
     Es preciso huir de toda mentalidad conspirativa y simplemente preguntarse si estamos viendo ya por aquí algo de eso —signifique lo que signifique y se deba a quien se deba— sobre todo desde que la pandemia Covid ha suministrado el pretexto y éste la oportunidad para retirar de nuestra vista a nuestros interlocutores habituales en la Administración Pública, y no digamos ya en entidades privadas que colaboran con ella (Bancos y Mutuas, por ejemplo). Simplemente contemplar de qué callada manera vamos perdiendo el derecho a una respuesta inmediata y válida, y el respeto de nuestros antiguos solucionadores, que antes trabajaban en sedes conocidas por todos donde les premiábamos con nuestro reconocimiento —normalmente— mientras que, ahora, los que aún no han sido despedidos se saben premiados —si es que lo son— sólo si nos van empujando hacia un maquinismo digital presuntamente autogestionario, una hojarasca informática impermeable que nos aleja —tengamos la edad que tengamos— del control inmediato de nuestros propios derechos y legítimos intereses, y que graba y pone a disposición de otros las partes de nuestro perfil biográfico que en algún momento nos dejarán a su merced. Es necesario mirar en nuestra propia dirección y ver de qué sumisa manera vamos aceptando todo eso como producto natural del… “progreso”; apartar por un momento la mirada inocente con que asumimos el alud de “nuevas tecnologías” apostando por todas, sacrificándoles nuestra identidad irrepetible —pero repetida millones de veces— poniéndonos a disposición de lejanos desconocidos por medio de cosas y “servicios” cuya utilidad para nosotros no es nada comparada con las puertas que les abrimos a ellos. Es momento de levantar la vista de la pantalla o del teclado y sopesar cuánto de lo descrito en las páginas del libro de Claudio F. González está siendo probado —o funcionando ya— por firmas cuyas denominaciones “amigables” manejamos a diario creyendo que simplemente nos regalan cosas —entretenimiento, información, comunicación— sin las que “nosotros” no concebimos ya vivir y que a “ellos” les ha costado –¿lo  olvidábamos?–  mucho dinero poner en marcha.
     ¿No nos roza la insistente y molesta sensación de que la diferencia entre lo público y lo privado va desapareciendo, de que la auténtica gobernanza la ejercen gentes cuyos rostros no vemos, de que la antigua protección que tu país podía brindarte es ya un espejismo? ¿Nos susurra el creciente barrunto de que todo tiende a un movimiento indetectable a simple vista pero sencillo en su fondo: ir renunciando, parcela a parcela, a la libertad individual a cambio de seguridad y “bienestar”? Si los filósofos chinos –y los nuestros— no estuvieran ya fuera de los programas educativos, tal vez tendríamos más presente que la primera de esas dos cosas es, sencillamente, una ilusión, y la segunda –incluso sin comillas– el efecto inmovilizante y perecedero de vivir en la ilusión.
     Pero ¿quién, no siendo filósofo, renuncia –ni siquiera parcialmente– a ellas? Sin embargo, todos conocemos a alguien y, sin conocerlos, algunos de sus nombres forman parte de la historia de la Literatura, la historia del Arte, la historia del Pensamiento, la historia de la Historia… De eso, de ese renuente y apenas representativo porcentaje del género humano, de esa mínima y desenfilada porción de hombres y mujeres, de la que hasta el gobierno chino debe saber algo, quizá dependa el futuro. Como siempre. (DM)

 

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