EL REBAÑO… ¿»INMUNE»?

Es difícil no tener la sensación de que se está jugando, sin admitirlo, la carta de la “inmunidad de rebaño”. Se cierran establecimientos, ciudades, regiones y países; se especula con el confinamiento de estratos de población por edad, la franja de edad superior, los mayores, cuya actividad social es, naturalmente, la menos activa de todas las franjas de edad. Sabiendo todos —científicos y gobernantes— desde hace meses, que, en las presentes condiciones, el virus tiene garantizada su propagación hasta el infinito gracias a un vector fundamental del contagio situado precisamente en otra franja de edad: la comprendida entre los primeros cuatro o cinco lustros de vida, que mantiene, en general, una activísima vida social sin que eso la enfrente a mayores consecuencias que las variadas y consabidas reconvenciones –palabras de reproche, gestos de desaliento–  cuyo mayor efecto, también en general, es su contribución al refuerzo de la autoimagen de rebeldía a que aspira todo adolescente normalmente constituído/a. El hecho de que esa franja de edad sea, según toda evidencia, la menos vulnerable a los síntomas y efectos del virus, y, por eso mismo, la más propensa a contagiarlo sin que se note, puede ser la clave de una partitura llena de silencios.
          Es difícil no albergar la sospecha de que los centros educativos y de enseñanza pueden estar constituyendo la otra auténtica fragua del desastre mientras nuestras autoridades disparan en todas direcciones, menos en esa. En todas partes, cuando se piensa en “endurecer” las medidas para atajar la expansión avasalladora de la infección, se piensa en mantener el curso en marcha, sustentando la ilusión de que para ese sector sólo se trata de ir sorteando “algunos” contratiempos más o menos complicados.
         
Por doloroso que fuera un cierre drástico de la maquinaria docente —más lo es seguir perdiendo vidas— eso nos haría conscientes de la magnitud real de la situación y de que, por encima de nuestra necesidad de creer, el curso académico presente, lo mismo que el pasado, está, a efectos de aprendizaje, simplemente perdido. De todos los sectores de actividad clausurables, este es el único que no irá directo a la ruina, y el que menos contribuirá a la debacle general.
          Es difícil volver la cara a la certidumbre de que todos saben –gobernantes y científicos– todo eso, y que el proceso que supuestamente inmunizará a una parte de la población pasa por que un cierto número, imprevisible, tiene que morir y otra porción, incalculable, quedar con secuelas graves de por vida; y que, en un porcentaje aún por determinar, la reacción de los anticuerpos —la inmunidad— tras salir vivos del coronavirus, se limita a días o semanas. Entonces, si eso es la “inmunidad de rebaño”, ¿cuántas cabezas del mismo elegirían mantener la apuesta? (DM)

(Extraído de «El cosmos es un lugar muy cercano». Pinchar abajo:)
https://www.adelantosdigital.com/web/2301/

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies