¿HABÉIS VISTO LA SANTA COMPAÑA?

Avanza como la neblina resbalando suavemente a través de la vegetación; impregna el aire de olor a humedad y frío. No es de este mundo, es una procesión de ánimas de difuntos que deambula por solitarios parajes en busca de una paz que no encuentra…; es la Hueste…, es la Santa Compaña.

Por:
ÁLVARO DE VILLAMAYOR

Siendo aun niño, ya escuché horripilantes historias ocurridas en diversos lugares de la Galicia rural, historias sobre la extraña aparición de una corte de difuntos errantes que vagan por las noches, con grave perjuicio para quien se los tropiece. Oí versiones distintas y ello, como es natural, fomentó mi interés por el tema, al que dediqué tiempo y gestiones con la finalidad de reunir información sobre lo que a primera vista no parecía más que una superstición, una leyenda ancestral sin base real alguna, fruto de una cultura muy sensible hacia los seres y acontecimientos relacionados con el más allá.

Minuciosos estudios históricos sobre el tema, coinciden en señalar que la leyenda galaica, extendida a otras regiones, es de origen indoeuropeo, cristianizada y evolucionada posteriormente hasta adquirir la forma actual que a su vez muestra muchas variaciones. No se van aquí a reproducir los diversos hitos o argumentos que jalonan esta mítica narración, que como muchas similares parte de las valkirias escandinavas y de las comitivas nocturnas de hadas, héroes y guerreros de Botam y de Odín, a través de la leyenda germánica de la Wilde Jagd o caza salvaje. Nos limitaremos a recoger lo que de todo ello ha llegado hasta nuestros días, a veces coherente, otras disparatado, y en muchos casos contradictorio, circunscribiéndonos siempre a nuestro ámbito nacional. 
     La tradición de la Hueste llega a España no por vía popular sino por vía culta literaria y religiosa, y adquiere así su primera denominación: Exercitus antiquus. La vemos citada en Berceo (1200), en el Poema de Fernán González (1255), por Iñigo de Mendoza (1470) y más modernamente por Diego Guillén de Ávila (1511) Hernando Alonso de Herrera (1517), Uzeda de Sepúlveda (1540) Villalobos (1544) Diego Hurtado de Mendoza (1575) y Luis de León (1583). Les siguen Covarrubias, Avellaneda, Quevedo, Góngora, Salas Barbadillo y Cela. Es la misma leyenda germánica revestida de un vocabulario hispano-latino que a su vez se va cristianizando paulatinamente.
    
Quienes han estudiado el tema en profundidad consideran esta tradición como autóctona gallega y así es, aun cuando abarque unos límites geográficos distintos a los políticos y presente puntos comunes con relatos de otras regiones, curiosamente de geografía y costumbres coincidentes o muy parecidas.
      A diferencia de otras creencias populares que puedan calificarse de extraordinarias o sobrenaturales, la Santa Compaña presenta una característica que no puede echarse en olvido: son muchas las personas, centenares y de variada condición, las que narran detalladamente su visión. Y aunque actualmente parecen disminuir, siguen produciéndose. Se diría que el mundo aldeano gallego convive con esta creencia. Su número es razón suficiente para justificar un estudio y los relatos suministran datos bastantes para intentar obtener un resumen analizable.
     Reunida la información, la exponemos por apartados:


1.- DENOMINACIONES
A ave de iglesia (Galicia)
A cita (Grove)
A división (Galicia)
A Estadea (Capela). Galicia
A facha (Galicia)
A Pelengrinas (Capela)
Ánimas (Soria) (Galicia)
A pastoriña (Galicia)
A Procesión(Galicia)
A Recu (Galicia)
A Récula (Galicia)
A Rolda (Galicia)
A Ronda (Galicia)
A Visión (Illero, Xuances)
A visita (Galicia)
As antoninas (Galicia)
As da Noite ( Villar de Barrio, Capela)
As Divisas (Galicia)
As jans (o xans) (Orense)
As Luces (Galicia)
Acompañamento (Muros, Noya)
Antaruxada (Galicia)

Antorchas de Times (Isla de La Palma)
Auto dos Ánimas (Galicia)
Bona Xente (Asturias)
A Compaña (boa, mala, de Satanás, das ánimas etc.) (Vivero, La Guardia y otros lugares)
Acompañamiento (Galicia)
A Compañía (boa, mala, de Satanás, das ánimas etc.)
Corteju de genti de muerti (Extremadura)
Espantallo (Galicia)
Estadaiña (Galicia)
Estadea (Galicia y Zamora)
Estadia (Galicia)
Estadinga (Galicia)
Estandaiña (Galicia)
Estantiga nocturna (Orense)
Estantigua (Castilla)
Estatinga (Galicia)
Güeste de Ánimas (León)
Güestia (Asturias)
Guéspeda (Asturias)
Hueste (Galicia)
Hueste antigua (Galicia)
Hoste (Galicia)

Santa Compaña

Hostilla (Galicia)
Huéspeda de Ánimas (León)
Lumbretas (Pirineo aragonés)
Santa Compaña (Galicia)
O enterro (Galicia)
O home da cruz (Galicia)
O home do caldeiro (Galicia)
O home do oso (Galicia)
Os Sacramentos (Cazás)
Pantalla (Teixeira, Orense, Solvado, Garbas, Lama, Grove)
Procesión de las Ánimas (Montejuramo, Orense, León)
Roldiña (Galicia)
Semuldanza(Galicia)
Señales (Sillero, Suances)
Señas (Freanes)
Visita (Galicia)
Xaira (Galicia)

2.- MAPA GEOGRÁFICO
Aunque en cada provincia e incluso en cada parroquia o aldea tiene personalidad propia, su presencia está constatada en:
Galicia
Norte de Portugal
Asturias
León
Zamora
Extremadura
Soria
Isla de La Palma
Pirineo aragonés

Santa Compaña y cruceiro

3.-MOTIVOS DE APARICIÓN
En general, la aparición de la Santa Compaña está asociada a la premonición de la muerte. Visita las casas de las personas próximas a fallecer.
-Puede en ocasiones tratar simplemente de reprochar a los mortales faltas o errores cometidos.
– Anunciar la muerte de quien presencia su paso.
– Cumplir una pena impuesta por alguien del Más Allá.
– Pedir sufragios para sus penas temporales.
– Apoderarse de personas dormidas a quienes sacan de casa por el agujero de la cerradura. Les entregan un hacha ardiendo y quedan obligados a seguirla.
– También se dice que las ánimas quieren volver a las casas donde habitaron y sentarse al calor de la lume, ya que desde que salen del Purgatorio pasan mucho frio. Debe permitirse su entrada, ya que no molesta su presencia, y no es decente ser cruel con la ánimas. Para ello, se dice que las casas no deben barrerse por la noche para no espantarlas.

4.- FORMAS DE EVITAR SU MALEFICIO
– Hacer en el suelo un círculo y permanecer dentro de él mientras dure su paso.
– Arrodillarse y rezar dentro del círculo
– Dibujar dentro del círculo una cruz o una estrella salomónica.
– Tumbarse boca abajo y permanecer quieto como si se estuviera muerto
– Esconderse tras una piedra (llamada peto de ánimas)
– Ir provisto de escapularios u otros símbolos religiosos e incluso ajos o castañas de indias.
– Nunca escuchar su voz y rezar en voz alta
– Nunca mirarles, simular que no se les ha visto
– Apartarse y dejarle paso.

5.- COMPOSICIÓN Y ACTUACIÓN
La Hueste está constituida por una columna compuesta de dos hileras de ánimas en pena (ánimas que están en el Purgatorio), que fueron vecinos de esa parroquia y que expían sus culpas vagando durante la noche por las inmediaciones de los lugares que en vida habitaron.
Van tocados con amplias túnicas blancas, con una gran capucha que generalmente impide la visión del rostro. Se registran algunas variaciones puntuales:
     -En algún lugar, se habla de alguna túnica negra
   -En determinadas narraciones, se ven calaveras bajo la capucha
    -En otros casos, se ha podido reconocer la cara de algunos difuntos
     Llevan los pies descalzos y arrastran pesadas cadenas. Cada cofrade porta un gran estadal (vela de difunto) encendido. En otros relatos lo que llevan encendidas son tibias humanas.
     La comitiva sale del cementerio del lugar, o de algún convento antiguo y realiza la ronda por la demarcación parroquial. Según otros, primeramente se dirige a la iglesia del lugar de donde recoge la cruz y el caldero de agua bendita. También puede ser el crucífero quien se encarga de ello y espera en la puerta la llegada de la corte. Regresa siempre al lugar de origen.
     Despide un fuerte olor a cera y a bosta. A su paso, se nota un viento suave y frio. Comienza su ronda a medianoche (una cita muy antigua marca las 9 de la tarde); van rezando un rosario fúnebre o salmodiando cantos, mezclados con gritos de agonía.

perros fantasma

Uno de los miembros, que en alguna descripción va en cabeza y lleva una mano abierta con los dedos pintados de blanco, va tañendo una campanilla cuyo tintineo marca el ritmo de la marcha. Cuando se aproxima, los animales enmudecen o se espantan y huyen. Especialmente los perros, gatos y caballos.
     Según la mayoría de las interpretaciones sale todas las noches aunque con mayor incidencia en la noche de Difuntos (1 a 2 de noviembre) y en la noche de San Juan (23 a 24 de Junio). A pesar de que el dicho gallego asegura que “el cruceiro es a la Santa Compaña lo que el crucifijo al vampiro” abundan curiosamente las reseñas de haberla visto en tales lugares; no obstante puede aparecer en los más diversos parajes de la parroquia, aunque siempre apartados, solitarios y oscuros. En ocasiones no se la divisa sino que únicamente se percibe el sonido o un resplandor que avanza. En algún lugar se afirma que no todos los mortales pueden contemplarla sino únicamente aquellos que por error fueron bautizados con óleo de difuntos. Los demás solo la oyen o intuyen su presencia.
     Va encabezada por un mortal que porta la cruz (crucífero) y el caldero de agua bendita, al que está prohibido mirar hacia atrás. Este guía fue “capturado” por la Santa Compaña y pasa las noches caminando por lo que está enormemente pálido y delgado y como consecuencia del esfuerzo y la falta de descanso acaba muriendo. Durante el día no se acuerda de sus salidas nocturnas. Si durante su recorrido encuentra de frente a algún otro mortal le hace entrega de la cruz y el caldero quedando entonces libre de su obligación. Puede ser hombre o mujer dependiendo esto de que el patrono de la parroquia sea santo o santa. Si la persona encontrada es una mujer, se le retira la regla durante nueve lunas y después pare un arañón del porte de una centolla, de color negro, que lleva las siete estrellas de la Osa Menor pintadas encima.

En un relato antiguo, la comitiva está encabezada por un ángel triste (seguramente castigado) y también entre los componentes puede haber mujeres y niños. A continuación del guía, marcha la Estadea o espectro mayor, al que le sigue la doble hilera de ánimas. Otras versiones incluyen el transporte a hombros de un ataúd que contiene el cuerpo (virtual) de la persona que presencia el paso del cortejo o cuya muerte se va a anunciar. Junto a él aparecen en ocasiones estandartes con signos religiosos. Se incorpora aquí la leyenda del pecador que ve pasar su propio entierro. Si se las pisa, las ánimas se convierten en piedras de cuarzo que gritan.
     La Compaña, visita la casa de la persona cuya próxima muerte se anuncia y a veces tiran piedras al tejado en señal de aviso. En todo caso el visitado morirá antes de un año.
     En la zona de Pravia, la Hueste viene acompañada de la Pirriria o cortejo de muertos y perros.
     En Asturias, al llegar a la casa visitada, dan tres vueltas alrededor de la misma y constantemente van recitando “Andai de día que la noche ye mía”
     En el País Vasco, adquiere la forma de la comitiva del Cazador Negro seguida de jaurías de perros (clara influencia anglosajona).
    
En la provincia de Zamora, adquiere la forma de una mujer sin rostro que vaga de noche y que desprende un fuerte olor a humedad. Se aparece a quien va a morir.
     En Las Hurdes, son dos jinetes que a su paso causan terror. Quien los ve muere inmediatamente. Desfilan los jueves a las doce de la noche cubiertas hasta los pies con sudarios blancos raidos llevando velas en la mano. Quien la molesta o intercepta muere inmediatamente. Van acompañadas de espíritus maléficos que tratan de llevarse a alguien vivo con ellos. Esto se evita si al difunto se le enterró mirando a Poniente.

6.- DATOS ESTADÍSTICOS
Carmelo Lisón Tolosana, en su notable estudio sobre la leyenda de la Santa Compaña incluye las siguientes cifras, extraídas de personas que han presenciado la aparición y de sus declaraciones:
-Los testimonios recogidos pertenecen a un 70% de hombres y un 30% de mujeres.
-De ellos, el 70% eran menores de 50 años y el 30% mayores.
-El 80% eran agricultores y pastores y el 20% de otros oficios rurales.
-En el 93% de los casos el hecho ocurrió de noche y en el 7% de día.
-El 82 % de los espectadores sintió miedo y el 18% indiferencia.
-El 87% cree que se trata de un fenómeno sobrenatural frente al -13% que lo achaca a motivos naturales.
-En el 45% de los casos aparece en un cementerio.
-En el 20% tiene lugar frente a una iglesia.
-El 23% ocurre en un cruceiro.
-El 12% en el rio, puente etc.
-En el 84% de los casos, los componentes de la Compaña son hombres y en el 16% mujeres.
-Y, en cuanto a la distribución geográfica, el 32% de las apariciones fueron vistas en las provincias de Coruña y Orense, el 29% en Pontevedra y solamente el 8% en Lugo.

7.- CONEXIONES

Santa Compaña

LA MISA DE ÁNIMAS
Aunque se trata de un acontecimiento realmente independiente de la aparición de la Santa Compaña, y con este nombre se registran leyendas cambiantes en muchos lugares de España, tiene en común con nuestra historia a los protagonistas y al escenario.
     Esta misa se celebra por la noche en la iglesia del lugar y asisten a ella las ánimas de los difuntos que están el Purgatorio. Oficia un sacerdote, antiguo párroco, que está enterrado allí.
     Asiste a la misa un mortal que al pasar casualmente por las inmediaciones de la iglesia ve luz y oye rezos; movido por la curiosidad entra y permanece durante el oficio. Al terminar, las ánimas y el cura abandonan el recinto, las luces se apagan y se cierran las puertas quedando dentro el mortal que es hallado a la mañana siguiente.

EL PERRO DEL INFIERNO
Urco es un ser fantástico de los pueblos costeros de Galicia del que nadie quiere hablar. Una especie de cancerbero marino, negro, grande y temible que vive durante el día en el mar como un pez y al llegar la noche, sacudiéndose el agua y el salitre recorre los parajes vecinos arrastrando cadenas. A su paso todos los perros del lugar le obedecen y le siguen. Su detención ante una casa indica muerte o desgracia. Si allí se ha parado Urco, al amanecer habrá llanto en ella.
     Una leyenda le atribuye la cualidad de inmortal y el don de la ubicuidad. Es el perro del infierno.

Urco

Las anteriores líneas contienen el resumen de la información extraída de las muchas páginas publicadas, basadas siempre en relatos de testigos y cifras de ellos derivadas, que pueden ayudar a su interpretación.
     Este conjunto de incongruencias es lo que configura esa ancestral, famosa y temida leyenda que engloba siempre los elementos noche-religión-muerte-sobrenatural, buena mezcla para producir espanto. Se tome en su conjunto o se analice separadamente cada dato o cada noticia, no es posible hallar una base sólida que pueda sustentar la existencia real de tal historieta popular, creída por ignorantes y miedosos y probablemente manipulada y aprovechada en más de una ocasión por bromistas, listos, caciques y párrocos aldeanos. Dicho sea esto sin ánimo de influir en la opinión particular del lector ni de atribuir deliberada falsedad a los numerosos testomoniates. Es un tema que cada cual debe analizar a partir de los datos suministrados y con arreglo a su criterio, opinión y creencias.

Santa Compaña

¿LA HE VISTO YO?
Pero además de informarme, lo cual constituye la teoría, traté de verificar las pesadas e insistentes aseveraciones de los lugareños. Deseaba conocer y experimentar realmente por mi mismo tan burda farsa en evitación de que se me pudiera acusar de “presenciar los toros desde la barrera”. Sin dudarlo pues, me eché al ruedo.
     Antes de la experiencia, no faltaron abundantes advertencias de gentes sensatas tratando de disuadirme de la idea, me lo dijeron en muchas ocasiones, pero los jóvenes no solíamos prestar buen oído a las palabras de los mayores y mucho menos en temas como este; cualquier cosa no demostrable por medio de guarismos es tomada por absurda superstición, por artimaña popular espantaniños e incluso por malvada falacia. Sucedió así:
    
Poco antes de la medianoche de Difuntos (2 de noviembre), salí de la casa de Frade, donde me alojaba, y comencé a recorrer el perímetro de la parroquia procurando no dejar de lado nada que pudiera tenerse por lóbrego, oscuro, o temido. Aquellos parajes estaban únicamente iluminados por la luz de los astros y no había más ruido del que yo mismo hacía al andar con mis pies y mi palo de monte. Había decidido retar las absurdas historias y tradiciones de campesinos y pastores analfabetos narradas al calor de a lareira en noches de tormenta, y recorrer desafiante todo el contorno de aquella solitaria y antigua parroquia.
    
Mis pasos decididos me llevaron a través de corredoiras y sendas estudiadas a desembocar en el Cruceiro de Rouredo, en el límite de Pordán, donde se retoma el camino de Santiago, plagado como se sabe de leyendas y tradiciones. Un lugar donde los maizales toman contacto con el inicio del bosque del que están únicamente separados por la explanada circular que reúne a cuatro caminos, zona espaciosa presidida por una magnifica cruz plateresca de piedra al estilo de tantas que adornan y protegen los paisajes gallegos; una verdadera obra de arte que tiene representada en una cara la escena de la crucifixión y en la otra el santo descendimiento y cuyas cuatro esquinas de la base están rematadas por otras tantas calaveras que parecen sonreír, y en verdad lo hacen, al caminante y al peregrino.

Crucerio gallego

Una vez allí, terminado el recorrido previsto, no quise dejar de acercarme, por añadidura, al ver su silueta, al lugar más tenebroso y solitario de la localidad: el viejo convento de los padres franciscanos, allá en la hondonada, envuelto en un halo creciente de quietud, penumbra y silencio. Tierras y piedras venerables que temblaron al paso de Gelmírez y oyeron después el cálido verso de Rosalía.
     No conocía que en el lugar hubiera antecedentes relacionados con el tema que allí me llevaba ni hubo detalle que pudiera presagiar hecho alguno extraordinario. Había ya descendido la suave rampa que conduce a la fachada principal y a continuación la corta escalinata; iba a aproximarme a la Fuente del Fraile para probar su agua helada que dicen lava los pecados…cosa que nunca viene mal.
    
Me detuve involuntariamente y, pese al sepulcral silencio, comencé a sentir la sensación de que no estaba solo en el lugar; fue un sobrecogimiento indicador de la presencia de alguien a quien no había advertido, de alguien que estaba o habitaba allí, noté un escalofrío de muerte, un aura suave y penetrante que helaba el aliento.
    
Lo siguiente fue la sensación de ir percibiendo cada vez mejor un leve murmullo, a la vez que, frente a mí, desde el lejano camposanto de los frailes, iba incrementándose un resplandor, en principio tenue, que fue clarificándose hasta poder distinguir que estaba producido por una multitud de llamas que emitían un sonoro chisporroteo y que correspondían a otros tantos hachones que portaban los componentes de una extraña comitiva. Los sonidos, a su vez, se convertían en cantos litúrgicos mezclados con gemidos de agonía y se iban dibujando con detalle sobre el negro fondo de la noche las siluetas de macabras figuras vestidas con inmaculadas túnicas blancas, casi luminosas, rematadas por enormes capuchas que impedían distinguir con claridad las caras.

Santa Compaña

Una doble hilera de espectros que avanzaban sigilosos, con los pies descalzos, ánimas en pena que venían buscando a alguien… Me sorprendió ver a su guía, un ser mortal que delante de todos portaba una enorme cruz y un caldero con agua bendita del que asomaba el mango de un brillante hisopo. Pude reconocerlo, aquella mañana había hablado con él, era Ramiro Figueiro, el panadero del lugar…Tras él avanzaba la Estadea, casi majestuosa, seguida por el resto del tétrico cortejo, lento, pausado, salmodiando en latín. Escuchaba con claridad el fúnebre «miserere nobis».
     Al acercarse, pude percibir mejor el tintineo de la campanilla que marca el ritmo e invita a los vivos a integrarse en el séquito. Los perros del entorno, hasta entonces ladrando sin parar, enmudecieron inmediatamente y pude oír el relincho casi histérico de los potros del pazo de Monsouto. Al aproximarse, se hacía insoportable aquel campanilleo que ejercía una extraña atracción hacia la tétrica cofradía; como pude, eché unos pasos hacia atrás… El fuerte olor a cera quemada y a bosta, impregnaba el ambiente haciéndolo irrespirable.
    
En medio de la terrible escena, sin ser capaz de huir, pude recordar uno de los remedios que había oído a las gentes del lugar y con rapidez lo puse en práctica como única posibilidad de salvación: tracé con mi bastón un círculo en la tierra, dibujé en su interior una cruz y en él me coloqué boca abajo, aferrado a mi crucifijo, sin realizar un solo movimiento, casi sin respirar. Pasaron junto a mí, oí entonces el arrastrar de las cadenas mezclado con los lamentos, con el fúnebre rosario y hasta con el chisporroteo de las hachas, que no eran otra cosa sino tibias humanas ardiendo sin consumirse. Nunca el pavor se había apoderado de mí de tal manera, jamás podré olvidar aquellas sensaciones: estaba presenciando el paso de la Hueste.

Santa Compaña y cruceiro

Al día siguiente, no me atreví a responder a las preguntas de los lugareños. Aseguré mil veces que nada había visto. Dos días después, Figueiro, el panadero, fallecía de una desconocida enfermedad.
     No volveré a pisar aquellas tierras. Había sobrevivido milagrosamente al encuentro con la Santa Compaña, había escapado de la Hueste…únicamente para poderlo contar.


EPÍLOGO
Si hoy, transcurridos muchos años, volviera a recopilar información sobre el tema, tengo la seguridad de que llegaría a las mismas conclusiones que entonces obtuve: lo inverosímil de la leyenda. Sin embargo tengo también el convencimiento pleno de que no volvería a visitar aquellos parajes. El motivo es muy claro: la leyenda de la Santa Compaña es totalmente absurda pero

                                  ¡Haberla, haila!

Santa Compaña dibujo

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