14 Febrero 1929. San Valentín, día de amor y muerte - Adelantos Digital

14 Febrero 1929. San Valentín, día de amor y muerte


En la cultura española, la celebración del día de San Valentín es una auténtica importación artificial, y reciente, de los grandes comercios. Pero en la tradición anglosajona, el 14 de Febrero tiene hasta un subgénero literario: “Valentine” llaman ellos a una tarjeta, una misiva breve y poética que se envía el 14 de Febrero a la persona amada. Desde Shakespeare a Edgar Allan Poe, casi no hay poeta angloescribiente que no haya legado a la posteridad al menos una “valentina”. En el caso de los anglocantantes, por ejemplo, en “When I´m sixty four”, de los Beatles, se oye: “Will you still be sending me a Valentine?”.

Por eso, la expedición de una rociada de balas sin remite por San Valentín, un día consagrado entre los anglosajones al envío de requiebros amorosos, dejó tan honda huella en la sensibilidad racial de los norteamericanos.

Sólo los grandes modifican el calendario, y el artífice de la significación especial que, desde 1929 tiene el día de San Valentín ya no sólo para los norteamericanos, lo era: algunos le llamaban Su Majestad Caracortada I. Alfonso Capone, Scarface, había introducido un nuevo elemento en la lucha por el dólar en Chicago: hasta entonces, los cabos sueltos de los negocios entre mafiosos se arreglaban a base de escopeta recortada; la innovación de Capone fue incorporar al equipamiento de su tropa la metralleta Thompson, que luego se convirtió en arma oficial del ejército norteamericano: su característico tambor surtía dieciséis balas por segundo, calibre 45, recubiertas de acero.

Foto portada: Los cadáveres del día de San Valentín, tal como fueron encontrados.

El día de San Valentín de 1929, a las diez de la mañana, siete miembros de la banda de George “Bugs” Moran, uno de los dueños de las noches de Chicago, esperaban en un almacén la llegada de su jefe. El periodista Walter Noble Burns dejó escritas hasta las medidas del local: era un garaje de 60 pies de ancho y 120 de largo en el número 2122 de la calle Clark, centro de Chicago. A esa hora, cuatro individuos -dos de ellos con uniformes de la policía- bajaron de un automóvil y penetraron en el garaje. Llevaban dos escopetas recortadas y dos ametralladoras Thompson. Creyendo que entre los siete hombres que encontraron allí estaba George Moran, los alinearon contra una pared y los acribillaron a quemarropa.

Al Capone (Scarface, Caracortada) considerado el artífice de la matanza.

George “Bugs” Moran, el objetivo, fallido por incomparecencia, de la incursión armada.

La matanza del Día de San Valentín fue un ajuste de cuentas entre bandas, pero también el episodio cumbre del soterrado enfrentamiento entre George Moran y Al Capone por el control de la Unione Siciliana, un Estado dentro del Estado, el órgano por el que la Mafia, en plena “Ley Seca”, administraba sus intereses en más de 20 ciudades de los Estados Unidos. En 1927, dos años antes, Al Capone había ganado 105 millones de dólares, 60 de los cuales procedían del alcohol, y los otros 45 de las apuestas, la prostitución y la “protección” a determinados establecimientos.

Exterior del local de la masacre, en Febrero de 1929.

El lugar de los hechos es hoy un vacío entre dos edificios.

NADIE ES PERFECTO 

Cuando Al Capone (que sólo estuvo en la cárcel una vez, por fraude a Hacienda, y murió en su casa, de sífilis) terminó de leer la biografía de su casi paisano Napoleón, dijo: “Tengo que reconocerlo como el más grande de los chantajistas que ha producido el mundo. Pero no supo retirarse a tiempo, y eso le dio a la otra banda una buena oportunidad”.

Tony Curtis, Marilyn Monroe y Jack Lemmon en “Con faldas y a lo loco”.

Napoleón habia sido ya materia cinematográfica en innumerables ocasiones, pero la primera vez que Capone se convirtió en personaje cinematográfico, con su propio apodo, fue en “Scarface, terror del hampa”, dirigida en 1932 por Howard Hawks, con Paul Muni, Ann Dvorak y George Raft. La incursión más frívola -y divertida- que el cine ha hecho en la matanza del Día de San Valentín fue “Con faldas y a lo loco”, dirigida por Billy Wilder en 1959; en ella, Tony Curtis y Jack Lemmon son dos músicos que, habiendo sido testigos (no los hubo en realidad) de la matanza, se ven formando parte, disfrazados, de una orquesta de señoritas (donde también está Marilyn Monroe) para escabullirse de los gangsters, que desean verles muertos a la mayor brevedad, no limitándose a desearlo, claro está. (DM)


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