El 31 de Marzo de 1889, a las 2 de la tarde, fue inaugurada oficialmente la torre Eiffel de París. Y fue inaugurada por su diseñador, Gustave Eiffel, que había exigido una ceremonia en la que sólo estuvieran los trabajadores que la habían construido, y él. En lugar de eso, hubo banderas, fanfarrias, salva de 21 cañonazos, funcionarios, miembros del Parlamento y unos cuatrocientos periodistas. Todos, subiendo trabajosamente los 1.671 peldaños de la torre. La torre, que era la principal atracción, el símbolo, de la Exposición Universal de 1889, había sido levantada en 26 meses por un equipo permanente de 60 obreros, con una altura inicial de 312 metros, 321 con la antena que se le añadió después. El dinero lo había puesto el propio Eiffel, a cambio de la explotación comercial durante 20 años. Con lo que pagaron los primeros 20.000 visitantes, al cabo de unas semanas, ya estaba amortizada.
Días antes de iniciarse la construcción de la torre Eiffel, el diario Le Temps de París publicó una carta abierta de artistas e intelectuales franceses expresando su “indignada protesta en nombre del buen gusto” y calificándola de “inútil y monstruosa”. La carta hablaba también de “irreparable fealdad y deshonra” y afirmaba que la torre sería la “ignonimia de París”. La firmaban, entre otros, Alejandro Dumas (hijo), J.K. Huysmans, Leon Bloy, Leconte de L`Isle y Guy de Maupassant, que, más tarde, se jactaba de haber abandonado París, y hasta Francia, a causa de la Tour Eiffel.
La cúspide de la Torre Eiffel oscila con el viento hasta 7 centímetros de lado a lado, y su altura total varía con la temperatura a lo largo del año hasta 18 centímetros.
La Torre Eiffel pesa 7.600 toneladas; aún así, es asombrosamente ligera: si se construyera un modelo reducido a escala 1/1.000 utilizando el mismo tipo de hierro, su altura sería de 30 centímetros, y su peso, 7,6 gramos. (DM)