(Por: Mundo Dantés)
El profesor S…. , directivo de BiotechgartenSur y amigo mío, me había llamado a ser el primer profano en saber de aquello. Entre risas, lo llamó “esencia de caballero”, y era…. exactamente eso, tratado, liofilizado, longevizado y convertido en un finísimo granulado blanco-translúcido de aspecto nada especial. La materia viva propiamente dicha apenas representaba un tercio del total, pero era “suficiente”; más aún: podía hacer perfectamente su… “función” original absorbido por las mucosas de la boca, nariz, etc, o simplemente ingerido por la dama, incluso con café. Fui todo el camino acariciando el tubito de cristal en mi bolsillo. Era lo primero que salía documentado del laboratorio, y era mío. Al día siguiente, lo llevaría al Registro Oficial de Patrimonio Biológico, donde ya sería referencia legal única ante reclamaciones de paternidad, etc, dejándome a mí pulcramente al margen de comparecencias, tomas de muestras, etc. Ya me había visto más de una vez, y de dos, teniendo que abandonar sin ton ni son mi residencia de verano o un hotel en los Alpes para afrontar demandas firmadas por algún juez deseoso de hacerse un nombre. A partir de ahora, “eso” estaría allí a disposición de todas…. las que tuvieran una orden judicial, sin que yo tuviera que prestarle más atención que a mis palos de golf.
     Había llegado a una buena edad sin engendrarle un hijo a ninguna, y no iba a pasarme a estas alturas. Al día siguiente… Pero ahora me dirigía al apartamento de Eva María, con la que había quedado sin especificar propósito, que era dejarla sin más, como es mi costumbre, sin avisos, tras un tiempo prudencial, aunque esta vez un poco antes, habiendo detectado en ella puntas y señales de las astutas referencias a “derechos” materno-filiales dejadas caer en su última visita por su coach sentimental y antivicio: su madre, joven todavía para ser la bruja que ya era, fino elixir de culebrones goteando desde su temprana y bien rentabilizada experiencia en embarazos por sorpresa.
     Encontré a mi girl limándose las uñas sobre un Telva, con una de sus faldas más cortas y una cafetera humeante sobre la mesita. Desmotivado de veras, por hacerlo más ostensible y porque me había tomado varios whiskys con el científico, apenas saludada, dejé la chaqueta y las gafas de sol, y me fui pasillo adelante, encontrándome cerrado uno de los dos baños en una casa donde vivía una sola persona, consideración que apenas rocé con el pensamiento mientras me encaminaba hacia el otro.
     Cuando volví, el tubito estaba sobre la mesa. Vacío.
     —Como siempre llevas sacarina en los bolsillos… —balbuceó— He encontrado eso, y no sé…
     —¡¿Se lo has puesto al café?!— pregunté disimulando la ansiedad.
     —No. Es que….
   Disimulé también el alivio, atajé y, a lomos de una resuelta y quizá excesiva oleada de autoconfianza, elocuencia y énfasis, le alumbré, improvisadamente -que no suelo- y en cuatro palabras, sin apenas introducción, y puede que algo desmañadamente, un ramillete de nociones, como recién cortadas flores del tronco común de “eso”, definido como algo inalienable, para empezar, un primum movile, el reproduktionanfang, la primera lovemark par excellence, algo que podía representar….”me” hasta donde “ella” no podía imaginar; algo que yo sólo.., que yo solo..; algo que quizá acababa de tirar a un cenicero. Se quedó muy seria.
No supe si mascaba chicle o intentaba pronunciar alguna de esas palabras por lo bajini. Fue cuando percibí que no estábamos solos. Me volví. Era su madre. Acababa de encender un cigarrillo y me miraba con los ojillos entornados, pasándose la lengua disimuladamente por dientes y encías. Se notaba que había seguido mi alocución, palabra por palabra. Entonces me fijé en los granitos de polvo que blanqueaban sus todavía carnosos y experimentados labios de mal reprimida cocainómana.
     Me volví hacia su hija:
     —¡¿Se lo ha metido en la boca?!
     —¡¡Dios, sí!! ¡¡¡Pero de dónde sacas esas cosas!!!


                                                                   FINIS

POLVO DE AMOR 2

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