Zorrilla y un saldo llamado “Don Juan Tenorio”

Zorrilla y un saldo llamado “Don Juan Tenorio”


El estreno de la pieza teatral española más popular de todos los tiempos, “Don Juan Tenorio”, de Zorrilla, no fue, en contra de la creencia popular, una noche de Difuntos, sino la del 28 de Marzo de 1844, en el teatro de la Cruz de Madrid. Era una obra de encargo con la que terminar la temporada, que, por entonces, se cerraba en Abril. Y se la encargaron a José Zorrilla apenas un mes antes del estreno, de modo que tuvo que escribirla en 21 días, a 182 versos diarios, más los tachados.

Bárbara Lamadrid, la primera Doña Inés sobre el escenario, retratada por Esquivel siete años antes del estreno de “Don Juan Tenorio”. (Antonio María Esquivel)

El estreno tuvo más de fracaso que de éxito: doña Inés, Bárbara Lamadrid, estaba gorda; don Juan, Carlos Latorre, tenía 45 años; muchos versos parecieron sencillamente malos y algunas escenas, risibles. El propio Zorrilla compartió hasta cierto punto esas opiniones durante toda su vida. Tal vez por éso vendió inmediatamente los derechos de edición y escenificación por una cantidad lamentable: 4.200 reales de vellón. La obra terminó arrollando, pero, 60 años después, Zorrilla murió casi en la indigencia sin haber cobrado ni una peseta más de las muchísimas que aquélla había producido ya en vida del autor.

Los periódicos de la época dicen que los espectadores recibieron con frialdad el drama, “por lo conocido del asunto”. El “asunto” era verdaderamente muy conocido: parece que Zorrilla, al escribir su pieza, se proponía competir directamente con otra conocidísima por entonces: No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague o el convidado de piedra” (una revisitación del tema ya abordado por Tirso de Molina en «El burlador de Sevilla y convidado de piedra» en 1630) firmada por Antonio Zamora, la cual, desde su estreno, 130 años antes, se representaba en España cada noche de Difuntos.

La noche del estreno de “Don Juan Tenorio”, el atrezzo tampoco estuvo a la altura de lo requerido; un periódico de entonces, “El Laberinto”, decía, por ejemplo: “La gloria que aparece al morir Don Juan Tenorio, y en la que se ve su alma y la de Dª Inés en forma de dos llamitas de candil, haría soltar la carcajada al público del teatro francés de Argel”.

Así que hubo risas. Pero los mitos viven precisamente en sus defectos, y el “Don Juan….” de Zorrilla terminó desbancando al añejo refrito de Antonio Zamora que se escenificaba en la noche de Difuntos, y ocupando su lugar hasta nuestros días. (DM)

Imagen portada: Carlos Latorre, el primer intérprete de don Juan Tenorio, retratado en 1844.


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