CASI TODO LO QUE SIEMPRE QUISO SABER SOBRE EL “MONSTRUO” DEL LAGO NESS (Efemérides 12 de Noviembre)

El lago Ness mide 37 kms de largo por 1,68 de ancho (2,8 en su parte más ancha). Su profundidad llega en algunos puntos a los 300 metros. Hay, bajo sus aguas, un saliente natural que obstruía el sondaje tradicional, pero el proyecto “Urquhart”, con modernos medios electrónicos, estableció que esa parte tenía unos 240 metros de profundidad. El lago se asienta sobre la falla Gran Glen, formada hace unos 300 millones de años. Los hielos se retiraron de allí hace entre 10.000 y 12.000 años.

Durante un tiempo, el lago fue un brazo de mar, debido al asenso del nivel del mismo por el deshielo de los glaciares. Eso mantuvo comunicado al lago con el océano. Posteriormente, hubo una elevación del terreno, y el lago está ahora unos 16 metros sobre la superficie del mar. Sus riberas caen tan abruptamente que, a sólo dos metros de la orilla, el fondo ya es invisible. Los ríos que en él desembocan le aportan partículas de turba, haciendo que la visibilidad circundante no alcance más allá de un metro para cualquiera o cualquier dispositivo que bucee en sus aguas. Su temperatura superficial llega a los 12 grados centígrados en verano. La masa profunda no pasa de 5,5 grados. Algunos geólogos creen que el lago Ness está comunicado subterráneamente con el Mar del Norte, según lo cual, las fronteras entre mar y lago no existirían realmente.

¿HAY “ALGO” ALLÍ?
Hay unas 10.000 “apariciones” del monstruo testimoniadas. Pero pruebas, lo que se dice pruebas….
     Las primeras leyendas o tradiciones orales datan del año 565. En esas fechas, el misionero irlandés Columba de Iona (Saint Colm Cille, en irlandés antiguo) ahuyentó, según la tradición, a un monstruo acuático que intentaba devorar a un hombre que cruzaba a nado. Los antiguos escoceses llamaban a estas bestias “kelpies”, (“caballos de agua”, “espíritus”).
     En 1880, un buzo llamado Duncan McDonald buscaba los restos de un bote hundido cuando hizo señales desesperadas para que le izasen. Blanco de terror, dijo haber visto un monstruo “pequeño, siniestro y gris”. Nunca más volvió a sumergirse en el lago.
     En 1933, se construyó una carretera por su lado norte, entre Fort Williams e Inverness. Entonces empezaron a registrarse “encuentros” con asiduidad. Uno de esos testimonios, el del matrimonio Spicer, aportó la primera descripción de “aquello” como “dragón o animal prehistórico”.

FOTOS, PERO… ¿DE QUÉ?
La primera foto famosa del “monstruo” fue hecha por Hugh Gray el 12 de Noviembre de 1933. Enfocó una turbulencia de las aguas, a unos 170 metros, y disparó cinco veces la cámara, pero cuatro de ellas tenían exceso de luz; sólo uno de los negativos salió “claro”. Ha sido una constante histórica que, en el momento de utilizar la cámara, ésta no esté a la altura del precio pagado por su dueño. Muestra una forma vaga y sinuosa dentro del lago.

Primera fotografía (1933) del supuesto monstruo del lago Ness

Ese mismo año, el “Daily Mail” contrató un cazador y un fotógrafo que siguiera el rastro del monstruo. El periódico publicó que tenía moldes de yeso de sus pisadas y las envió al Museo Británico de Historia Natural, que el día 4 de Enero de 1934 publicó un informe afirmando que los moldes habían sido hechos con una pata de hipopótamo disecada. Se terminó descubriendo que ambos jóvenes habían sido los artífices del engaño. El mismo museo publicó en 1956 un artículo afirmando que es un fenómeno de “ondas y corrientes de agua”.
     El 13 de Febrero de 1934, “The illustrated London News” le dedicó su portada y gran parte del interior. La portada reproducía el dibujo de B.A.Russell, que afirmaba haber sido testigo de una clara observación del monstruo.
     La siguiente foto famosa es de Abril de 1934, y la historia que la acompaña habla de que un médico de Londres, Robert Kenneth Wilson, de visita turística por allí, hizo cuatro fotografías, dos de las cuales salieron veladas; las otras dos muestran algo así como una pequeña cabeza y un largo cuello sobresaliendo del agua, casi exactamente igual que el dibujo de Russell. Es la llamada “fotografía del cirujano”. Hubo cuatro disparos de cámara, equipada con teleobjetivo, y estas vez resultaron inutilizadas dos fotografías. Un farmacéutico de Inverness reveló el carrete. La foto ha sido estudiada durante años y lo más que puede decirse –al menos, eso dijeron en la Universidad de Columbia– es que muestra algo así como un cuello que sobresale un metro del agua. Un libro publicado al año siguiente por dos investigadores reveló el engaño: había sido urdido por Marmaduke Wheteral, uno de los dos contratados por el «Daily Mail» y luego despedidos por intentar engañar al periódico con pisadas falsas. Con la ayuda de familiares y amigos, puso una efigie de arcilla sobre un submarino de juguete y convenció al doctor Wilson para que presentase las fotos al Daily Mail como hechas por él. El periódico las publicó. Pero en toda la polémica posterior, Wilson se mantuvo a prudente y sospechosa distancia.  

Famosa y falsa foto "del cirujano" (1934)
La famosa y falsa foto «del cirujano» (1934)

Richard L. M. Synge, bioquímico británico, dijo haber visto a la criatura en 1938. Recibió, compartidamente, el Nobel de Química de 1952 por su aportación al desarrollo de la cromatografía.
     El 29 de Mayo de 1938, el turista surafricano T.E.Taylor hizo una filmación en color, 16 mm, de tres minutos de duración. Está en poder del zoólogo británico Maurice Burton, que lleva años negándose a mostrarla.
     En 1952, el piloto de lanchas rápidas John Cobb murió tratando de batir una marca de velocidad sobre las aguas del Ness. La lancha se despedazó al llegar a una zona de aguas revueltas, lo que dio pie a muchos a extender la idea de que había chocado con el monstruo cuando nadaba cerca de la superficie.

ARTE, CIENCIA, POLÍTICA, PERIODISMO
Tim Dinsdale, ingeniero aeronáutico, filmó el 23 de Abril de 1960 una película de 16 mm, 13 metros en blanco y negro, que recoge el paso del supuesto animal a través de la superficie del lago, mostrando una especie de joroba, que se aleja y se sumerge. La cinta fue analizada en 1966 por el departamento de la RAF especializado en análisis de imágenes; de hecho, el departamento que analizó, durante la segunda Guerra Mundial, las imágenes de territorio enemigo de las que pudiera deducirse cualquier información, por pequeña o imprecisa que apareciese en la foto o película; así, localizaron las bases de lanzamiento de las bombas volantes V1 y V2 alemanas, lo que permitió a la RAF destruir algunas de ellas. El departamento habló de un objeto animado de unos 4 o 5 metros de longitud moviéndose a unos 15 km/hora, y algunas otras precisiones no concluyentes. En los últimos años del siglo XX, ese organismo hizo un nuevo examen con técnicas más avanzadas y concluyó que el objeto filmado era un bote.

Fotograma de la película de Dinsdale (1960)
Fotograma de la filmación de Dinsdale (1960)

Dinsdale fue juntando descripciones oculares de testigos de la aparición del supuesto animal. Como un puzzle, a base de fragmentos vistos por unos y otros, formó la figura entera del “animal”. El dibujo resultante representaba un plesiosaurio, o, más concretamente, un elasmosaurio, familia del anterior. Vivió durante el Cretácico y el Jurásico de la Era Secundaria o Mesozoica: habitaron las aguas hace más de 100 millones de años, cuando aparecieron las primeras aves y las primeras plantas con flores. Llegaban a medir hasta 16 metros de largo; el cuello, largo y elástico, tenía 76 vértebras; se impulsaba con cuatro aletas natatorias, de igual tamaño. La cola, gruesa y puntiaguda, era el timón. Los dientes eran cónicos y llegaban a los 24 centímetros. Se supone que se alimentaba de peces, calamares, etc.
     En 1962, se creó la Oficina de Investigación de Fenómenos del Lago Ness, teniendo entre sus miembros fundadores sir Peter Scott, hijo del explorador antártico Robert Scott. Ese año, se escudriñó el 70% de la superficie del lago desde Mayo a Octubre, con cuadrillas de voluntarios que hicieron todo esto: explorar el lago con sónar, sobrevolarlo en helicóptero, lanzar piedras untadas con grasa de salmón “y otras sustancias malolientes, capaces supuestamente de actuar como estímulo sexual para el monstruo”; reproducir con altavoces la Sexta Sinfonía de Beethoven bajo el agua. Sin que nada de eso aportase prueba alguna de su presencia allí.
     En 1965, entra en escena Roy Mackal, bioquímico de la Universidad de Chicago, especialista en investigaciones sobre ADN. Recaudó en EEUU importantes sumas para investigar el caso. Propuso utilizar un arpón para analizar muestras de su tejido, en el supuesto caso de que alguien llegara a clavárselo al “monstruo”.. Eso despertó un vivo malestar entre los lugareños (pincharle a nuestro “Nessie”?); incluso hubo un debate en la Cámara de los Lores.
     En 1968, el profesor Gordon Tucker, del dpto. de Ingeniería Electrónica de la Universidad de Birminghan, usó dos tipos de sonar que obtuvieron ecos que le hicieron concluir que había varios objetos animados de unos 6 metros de largo moviéndose por el fondo del lago a unos 28 kilómetros por hora. “Nature” se negó a publicar el estudio, aduciendo que los equipos de sonar empleados no eran fiables.
     En 1969, se empleó un sónar de exploración móvil, que registró un contacto de tres minutos con algo, entre los 70 y los 160 metros de profundidad. El sónar emite sonidos que producen ecos cuando colisionan con algo de densidad distinta al agua. O sea, no sólo percibe objetos sólidos, sino también volúmenes de aire. Los animales acuáticos tienen vejigas natatorias o pulmones, lo que permite descubrir animales en el interior de masas de agua.
     Robert Rines, licenciado en Física y Derecho por el MIT, estaba especializado en patentes, parcela en la que él tenía un interés personal: patentar versiones suyas mejoradas de sónar y radar. En 1972, Robert H. Rines instaló un sonar subacuático conectado con una cámara estroboscópica de flash (desarrollada en el MIT por “Doc” Edgerton, el creador de la fotografía con temporizador, y técnico habitual de Jacques Cousteau) que se dispararía cuando un objeto grande y animado entrase en su campo de visión. El resultado: una foto famosa: la que muestra una aleta de 2,5 metros de largo, como mínimo, en forma de rombo. Esta “aleta” dio nombre científico a la “criatura”: Nessiteras rhombopteryx.

La célebre y controvertida foto de Rines (1972)
La célebre y controvertida foto de Rines (1972)

Esa foto ha sido posteriormente muy cuestionada, porque, al parecer, había sido retocada para que apareciera nítido el supuesto perfil de la aleta en forma de diamante. El 20 de Junio del 75, la cámara obtuvo una foto que muestra una figura difusa de 6 ó 7 metros de longitud, con un cuello largo. El Museo de Historia Natural de Londres no modificó su postura al respecto e insistió en que podía tratarse de efectos procedentes del propio equipo de grabación, y en la posibilidad de burbujas de gas moviéndose frente a él. Uno de los colaboradores de Rines, Dick Raynor, se volvió escéptico a finales del siglo XX y dijo que la cámara había fotografiado en muchos casos su propio surco sobre el fondo del lago, al desplazarse por efecto de corrientes, embarcaciones, etc.
     La National Geographic Society, por aquel mismo tiempo, organizó una misión en busca de lo mismo, que regresó…. sin nada de lo mismo. Lo mismo que las organizadas por el New York Times, la NBC y un equipo japonés.
     Frank Searle dice haber visto al monstruo por vez primera en 1965. Ha llegado a permanecer hasta 19 horas diarias a la orilla del lago con cámaras, etc. En Noviembre de 1972, a bordo de un bote, hizo tres fotografías al supuesto monstruo desde una distancia de unos 250 metros. Fueron publicadas por el “Daily Mirror”.

El autor y su foto (1972)

Searle, el autor y su foto (1972)

El 21 de Mayo de 1977, Anthony Shields, hizo dos de las fotos más conocidas del supuesto monstruo, mostrando un cuello largo que sobresale del agua con una cabeza que recuerda la de una nutria. Ahora se la conoce como “la gárgola”. Muchos han resaltado el notable parecido entre esa efigie y la que se construyó para la película “La vida privada de Sherlock Holmes” (dirigida por (Billy Wilder en 1970, basada en el libro homónimo de Vincent Starret, 1933) la cual, curiosamente, se había hundido en el lago durante la filmación de la película. La fama de Shields como mago e ilusionista no contribuyó precisamente a la credibilidad de la imagen. En 1987, en una de tantas búsquedas, encontraron un tocón de árbol con un extraordinario parecido con la “gárgola”. En 2016, un sumergible sueco localiz´ó la efigie de «Nessie» hundida el primer día de rodaje de la película, lo que había obligado al equipo de producción a construir otra figura ligeramente distinta.

Nessie «gárgola» (i977)
Fotograma de «La vida privada de Sherlock Holmes» (1970)

Obviamente, ninguna de las fotos que se han divulgado sobre el tema es lo bastante clara como para establecer un punto de certeza, lo cual no hace más que acumular niebla sobre el intrigante asunto. Que, quizá, y sólo quizá, es de lo que se trata.

UN MONSTRUO MUY REVISITADO
El australiano Theo Brown aplicó sonidos artificiales bajo el agua y consiguió atraer grandes cardúmenes de peces. El 25 de Agosto de 1978 registró un gran objeto en movimiento a 60 metros de profundidad, con unos 15 metros de longitud.
     En 1979, Rines volvió con un equipo de una tonelada, incluyendo tecnología desarrollada en el MIT, con luces estroboscópicas y flash electrónicos como los de los aviones de reconocimiento, que podían tomar imágenes cada 3 segundos. Todo un verano trabajando. Se tomaron 108.000 fotografías, ninguna de las cuales muestra un solo pez. Volvió poco después con delfines entrenados (¿para reconocer monstruos?).
     En los años 80, Adrian Shine dirigió una expedición de 60 personas en 24 lanchas provistas de sonar, vídeos, etc, que exploraron durante 10 días el lago. Al término de la misma, Shine declaró que se había detectado “algo grande” que se mueve a 200 metros de profundidad.
     A finales de los 80, Roger Parker dijo haber visto en pantalla a “Nessie” con una cría de 7 metros.
      En 1992, un videoaficionado registró desde el castillo de Urquhart un objeto semisumergido que avanzaba con movimientos ondulatorios.
     En Agosto del 92, el “Daily Mail” publicó una foto hecha por un turista, en la que se ve emergiendo un lago cuello parduzco. 
     Puede decirse, sin riesgo de caer en la difamación, que raro es el año –¿o el mes?– en que no aparece una nueva foto de «Nessie» en algún punto del largo y estrecho Loch `Ness.

Mapa del lago Ness

En Otoño de 1992, se publicaron las conclusiones del “Proyecto Urquhart”, organizado por el Museo de Historia Natural, el Instituto Fresh-Water Biological, el Museo Nacional de Escocia y la Real Sociedad Geográfica Escocesa, con el apoyo de la Royal Geographic Society y desarrollado durante aquel verano. Conclusión: inexistencia de cualquier rastro indicativo de cualquier animal desconocido. Poco después, admitieron que se había detectado en Julio un objeto móvil y muy grande que no pudo ser identificado.
     Loch Ness no es el único lago con “monstruo” de Escocia: también el Loch Morar mantiene esa fama.

¿HAY ALGUNA HIPÓTESIS…? PUES CLARO
     ¿Fueron los animales que vivían en el medio marino los que tuvieron más oportunidades de sobrevivir al desastre planetario que acabó, entre otras muchas especies, con los dinosaurios? El celacanto es el mejor ejemplo de animal jurásico que ha llegado vivo a nuestra era. Así pues, ¿por qué no pensar en una colonia de plesiosaurios reproduciéndose durante millones de años?
     Lo único cierto por el momento es que nadie puede demostrar a ciencia ciencia que ha visto al “monstruo” del lago Ness; pero el lago mismo, sus alrededores y establecimientos hoteleros, hosteleros y turísticos han sido vistos ya por personas del mundo entero y, por ahora, la hipótesis más plausible es que eso seguirá así por mucho, mucho tiempo.

Maqueta de elasmosaurio en el Museo de Historia Natural de Santiago, Chile (foto del propio Museo)
Maqueta de elasmosaurio en el Museo de Historia Natural de Santiago, Chile (foto del propio Museo)

EL REFLEJO EN EL ARTE.. Y MÁS
Ya en los años 30, un restaurante londinense ofrecía un plato con nombre inspirado en el asunto; un modisto estadounidense diseñó un conjunto de señora llamado “Loch Ness”. El primer ministro británico Ramsey MacDonald, extraoficialmente, demostró interés en todo aquello.
     Como ha quedado dicho —escrito– la película “La vida privada de Sherlock Holmes” (Billy Wilder, 1970) resuelve que el monstruo es un tipo de submarino para sembrar el pánico entre los lugareños y mantenerlos apartados de una zona donde se realizaban actividades secretas.

OTROS “MONSTRUOS” DE LAGO
Europa
En 1765, la revista londinense ”The gentleman`s magazine” afirmaba que un enorme dragón llamado Necker vivía en un lago cerca de Estocolmo y que había devorado personas que se bañaban allí.
América
En 1609, el explorador francés Samuel de Champlain describió, en el lago que lleva su nombre, en la frontera entre los actuales EEUU y Canadá, una criatura serpentiforme, de unos 6 metros de largo, con una cabeza como de caballo. Desde entonces, se ha sucedido los testimonios de avistamiento.
     Lago Okanagan, Columbia británica, Canadá, 1854: un indio que conducía varios caballos, al cruzar el lago, fue atacado al parecer por una gran bestia de enormes tentáculos, que le arrebató varios de sus animales, de los que no quedó rastro. El monstruo fue llamado Naitaka por los indios y Ogopogo por los colonos. Al parecer, fue tantas veces visto en la época que inspiró canciones y aparece en una comedia musical de la época.
     Lago Bear, Salt Lake City, Utah: en 1860, fue visto un monstruo que los indios shoshones dijeron conocer ya de tiempo atrás.
     Lago Payette, Idaho, 1941: una especie de serpiente, vista, según testimonios, varias veces, terminó bautizada como “Slimy Slim”.
    Lago Utopía, Canadá: hay testimonios de avistamientos de un “monstruo” a lo largo de más de cien años, incluyendo el de una pareja de piragüistas que, al parecer, corrieron serio peligro.
ETC, ETC.  (DM)

El lago Ness en un apacible día... sin "monstruo" a la vista
Foto carátula: El lago Ness en un día apacible, sin «monstruo» a la vista

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