Jekyll y otros encuentros con el yo oscuro


El 1 de Octubre de 1788 fueron ahorcadas dos personas con una sola cuerda y bajo el mismo nombre: se llamaba William Brodie, era miembro de la Junta de Gobierno de la ciudad de Edimburgo y ostentaba el título de diácono del gremio local de Artesanos. Para sus conciudadanos, era el prototipo de gentilhombre escocés, con una aureola de encanto e inteligencia; un solterón despreocupado, un activo hombre de negocios de costumbres irreprochables.

El diácono William Brodie encarcelado, a la espera de su ejecución.

Éso, durante el día, porque de noche era el jefe de una banda de ladrones, un jugador, un tramposo, un mujeriego que tenía cinco hijos con dos amantes. Más de una vez debió ser sorprendido con las manos en la masa, pero nadie fue capaz de dar crédito a sus propios ojos.

En aquel momento y lugar, el robo se castigaba con la muerte, y la banda del diácono había dado un golpe realmente audaz contra la Oficina General de Impuestos para Escocia. La corona británica ofreció una recompensa y el perdón total para cualquiera que delatase al autor o autores de la plaga de robos que asolaba Edimburgo. Y uno de sus hombres denunció a William Brodie; como nadie podía creerlo, él tuvo tiempo de huir a Holanda, donde fue finalmente capturado.

William Brodie pasó sus últimos tiempos en la celda ante un tablero de damas, haciendo jugar su mano izquierda contra la derecha. Su ejecución fue presenciada por toda la población de Edimburgo.

Durante 20 años, había llevado una doble vida, sin que ninguna de las dos se cruzase con la otra. Él fue el auténtico doctor Jekyll/míster Hyde, el caso real que inspiró, 97 años después, a su paisano Robert Louis Stevenson el personaje de su célebre relato.

Robert Louis Stevenson, autor de “El extraño caso del dr. Jekyll y mr. Hyde”, publicado en 1886.

La primera versión del mismo había ido a parar al fuego por indicación de su esposa, Fanny Osbourne. Consumidor habitual de una variada gama de fármacos, el enfermizo escritor escocés había dado forma literaria a una pesadilla protagonizada, naturalmente…. por él mismo. La juiciosa Fanny le convenció de que entregase a las llamas tan delicado asunto y lo reescribiese en forma de relato en tercera persona.

El desdoblamiento del yo y el encuentro con el “otro” tenía ya una larga tradición en la literatura europea, y una palabra alemana para referirse al fenómeno: doppelgänger. Y un extraordinario precedente en la americana: el relato “William Wilson”, de Edgar Allan Poe.

La historia literaria española contiene dos ejemplos señeros: “El caballero de Olmedo”, de Lope de Vega y “El estudiante de Salamanca”, de Espronceda. La diferencia con todos es que Jekyll y Hyde nunca llegan a “verse” frente a frente. (DM)


Foto portada: El actor Richard Mansfield fue el primero en interpretar la transfiguración Jekyll/Hyde, y, con tal eficacia, que muchos espectadores abandonaban, gritando despavoridos, el patio de butacas. La versión teatral llegó a Londres en 1888, coincidiendo con los crímenes de Jack el Destripador, y el actor fue uno de los sospechosos investigados. En un calendario de 1900 se incluyó esta fotografía, de doble exposición, en la que Mansfield recrea el momento cumbre de su actuación en el escenario.


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